Entrevista con Antonio Rosas

En esta entrevista que amablemente ha concedido para Nutcracker Man, Antonio Rosas aborda distintas cuestiones y novedades que se están debatiendo en el ámbito de la paleoantropología.

1) Recientemente se ha publicado vuestro nuevo estudio sobre la endogamia en el grupo de neandertales de El Sidrón. Aparte del debilitamiento genético, ¿qué otras causas apuntarías como factores que fueron reduciendo las poblaciones neandertales, y cuándo consideras que pudo comenzar esa disminución?

La extinción de los neandertales es uno de los temas que más curiosidad despierta. Hoy en día se puede concluir que hubo una conjunción de factores, como ocurre en la extinción de otras grandes especies:

  • Uno de ellos es la endogamia, la pérdida de variabilidad genética, que es el sustrato sobre el que trabaja la evolución. Si se pierde la variabilidad, ante posibles cambios ambientales las especies carecen de recursos genéticos, de herramientas, para la supervivencia. Y sabemos que en el curso de la evolución esto es lo que sucedió entre los neandertales.
  • Además, en el tiempo de la extinción de los neandertales sucede un gran cambio climático en el planeta: estamos entrando en la última glaciación, que conlleva un enfriamiento del clima y una destrucción de los ecosistemas existentes en ese momento. Es posible que los ecosistemas a los que los neandertales estaban más adaptados fueran boscosos. Ese enfriamiento e incremento de la aridez terminaría destruyendo en muchas partes tanto a los bosques caducifolios como a los neandertales.
  • Y se une un tercer factor, que es la entrada en Europa de los Homo sapiens, una especie competidora. No hay ninguna evidencia de que fuera una competencia violenta, pero sí de que en algunos sitios hubo coincidencia temporal e intercambio genético entre las dos especies. Aunque hay muchos otros lugares en Alemania o en la Península Ibérica en los que, desde los últimos neandertales hasta los primeros sapiens, se discute la existencia de un gran vacío arqueológico. Esto atestiguaría que no hubo un encuentro y los sapiens llegaron a un terreno desocupado. Pero en otros sitios sí hubo un encuentro. Por lo tanto, no es un fenómeno homogéneo en el espacio y en el tiempo, sino que es heterogéneo en distintos lugares de Europa.

De forma que, si tenemos grupos neandertales aislados y dispersos, con baja variabilidad genética, se están deteriorando los ecosistemas de los que se nutrían y a los que estaban aclimatados y adaptados, y además entra una especie muy competidora, la conjunción de estos factores los lleva a la extinción.

Con Antonio Rosas junto a fósiles originales de El Sidrón.

2) ¿Qué grandes incógnitas piensas que nos queda por conocer de los neandertales?   

Creo que una de las grandes incógnitas de los neandertales es caracterizar su psicobiología. Es decir, tenían una anatomía claramente distinta a la nuestra, dentro de un orden ya que fueron una especie humana y por tanto hay numerosísimas coincidencias. Pero también suficientes diferencias como para considerarlos desde luego un grupo distinto y, para muchos de nosotros, también una especie diferente. Simultáneamente, cada día estamos viendo que sus cualidades culturales van siendo más similares a las nuestras. Se van desvaneciendo las diferentes barreras establecidas que diferenciaban el mundo neandertal del nuestro, como los adornos corporales y la atribución de arte, o más bien, las discusiones que hay detrás de eso. Yo particularmente creo que no hacían arte en el sentido más estético o moderno del tema, sino que podrían tratarse de manifestaciones simbólicas. Otros casos de cualidades culturales similares son incluso más evidentes: por ejemplo, en el Próximo Oriente hay yacimientos sapiens y neandertales donde las culturas materiales son indistinguibles.

Por tanto, hay una contradicción: los neandertales eran anatómicamente diferentes, pero culturalmente similares a los sapiens de la época – aunque todavía lejos del Paleolítico Superior. Sin embargo, todavía hay aspectos donde hay diferencias, y yo creo que están en la psicobiología, la percepción del espacio y del tiempo y determinados circuitos de pensamiento. Este es un mundo sutil. Por ejemplo, muchos de nosotros podemos mantener una conversación entre iguales, sin embargo, en otras capacidades estéticas y cognitivas hay sutiles diferencias que a cada uno de nosotros nos lleva por derroteros totalmente distintos. O también, la neurobiología pone de manifiesto que ciertas alteraciones mecánicas por accidente pueden alterar el cerebro de una persona, sin que se note mientras no se precisen determinadas funciones cognitivas. Sin embargo,  al cabo de un tiempo el daño cerebral sí se manifiesta cuando se precisan esas funciones, y entonces varía el funcionamiento del cerebro y la toma de decisiones.

Pues bien, a otra escala, yo creo que esos pequeños mecanismos neuronales básicos, cimiento de la psicobiología, que dejan muy poco registro arqueológico, están en la base de la diferencia entre las dos especies y son las grandes incógnitas a resolver.

 

3) Te he escuchado decir que tienes el sueño de hallar al antepasado común de los linajes humano y chimpancé, y planteas sus posibles características en tu libro «Los primeros homininos. Paleontología humana». Ahora estás coordinando proyectos paleoantropológicos en Guinea Ecuatorial buscando evidencias en África Occidental. ¿Qué piensas que podéis encontrar, de qué época, y qué indicios tenéis?

La reconstrucción del Último Antepasado Común es el aspecto que ahora mismo más me seduce de la evolución: conocer su locomoción, su comportamiento, su anatomía… Sabemos muy poco por el momento. Una de las curiosidades de la paleontología humana es que no encontramos fósiles de ese antepasado común ni de los antepasados de los gorilas y de los chimpancés. Prácticamente no hay registro fósil, es una laguna estrepitosa. Este gran enigma desde el punto de la tafonomía y de la conservación también es llamativo y suscita mucha curiosidad. Por tanto, los proyectos que llevamos en Guinea Ecuatorial van tratando de resolver alguno de estos enigmas. Para ello, la suerte es un aliado imprescindible en este tipo de trabajos, y habrá que ver en el transcurso de los años si nos sonríe. Por ahora hemos encontrado evidencias de ocupación humana modernas que alimentan otro debate curioso, sobre cuándo el bosque lluvioso africano ha sido ocupado por los humanos. Hay una hipótesis según la cual la raíz de los homininos arranca del bosque lluvioso tropical, después colonizan otros ambientes, y tardan millones de años en volver al bosque lluvioso, porque es un ambiente realmente hostil y difícil. Y debatimos cuándo los humanos vuelven a ocupar el bosque tropical, porque cabe sospechar que hay un gran intervalo de tiempo en el que no hay ninguna ocupación humana en esas regiones. Entonces, tendríamos la oportunidad de encontrar fósiles muy antiguos u ocupaciones mucho más recientes. Y en el medio, el modelo teórico nos dice que no tendríamos que encontrarlos, porque no los hay.

Simultáneamente, otro aspecto muy interesante es la propia evolución de los bosques lluviosos: determinar si en el cinturón ecuatorial de África siempre ha habido ese tipo de ecosistemas, o no fue así; en este caso, cómo se manifestaban en el ecuador las fluctuaciones climáticas del Cuaternario mientras en el norte había glaciaciones; cómo se produjeron la concentración de esos bosques, la aparición de sabanas, la expansión posterior de esos bosques… Curiosamente, esa raíz evolutiva está plagada de enigmas y ha sido poco estudiada, porque son ambientes muy hostiles y por la falta de fósiles en estas regiones.

 

4) ¿Cuál piensas que podría ser el próximo «dogma» a romper en el conocimiento clásico de la evolución humana?  

De hecho, es uno que ya se está rompiendo y hace pocas semanas hemos tenido novedades con la publicación de Homo luzonensis: yo creo que ese dogma a romper es la unicidad de Homo sapiens como humano. Tenemos la idea de que los sapiens somos la humanidad per se, y fuera de nosotros el concepto de humano no existe. Aunque sí hablamos de humano cuando nos referimos a Homo, culturalmente – y casi ideológicamente – lo que entendemos como humanos somos nosotros. Incluso la reflexión de «¿por qué se extinguieron los neandertales…» suele estar apoyada en un prejuicio, porque detrás está la coletilla «…y nosotros no?». De alguna forma, está implícito pensar que nosotros somos superiores y los ganamos en la batalla evolutiva. Sin esa coletilla, ya no es tan enigmática la extinción de los neandertales, y se convierte en entender la extinción de ellos como la de otras tantas especies, al igual que la nuestra se extinguirá.

Por tanto, el dogma a romper es qué significa ser humano y las diferentes maneras de serlo. Antes lo hablábamos también enlazando con la psicobiología de los neandertales: el concepto de humanidad lo componen algunas bases culturales comunes y compartidas (que es lo que llamamos humano), y después las diferentes maneras de aproximarse y de explotar eso, y de relacionarse con el mundo y entre los individuos. Entender que se puede ser humano de diferentes maneras es un umbral de conocimiento que pasa por romper una serie de dogmas y por ampliar nuestra cultura.

 

5) Ya que mencionaste a Homo luzonensis, tenemos mucho que conocer aún en Asia…

Así es, particularmente en Asia hay mucho por conocer: hace poco fue Homo floresiensis, después los denisovanos, ahora Homo luzonensis. Lo que estamos encontrando son grupos de cronologías relativamente recientes, restos humanos de hasta 700.000 años que encajan bien con H. floresiensis y explicarían sus raíces antiguas. Ese universo amplio que llamamos erectus, o erectus asiático, se irá fragmentando en potenciales linajes diferentes. Lo que está claro es que el resultado final fue una gran diversificación de especies y habrá que ver desde cuándo se produce ese proceso, como mínimo medio millón de años, con datos más confusos en el entorno del millón de años.

 

6) También trabajas en el planteamiento de una especie politípica que reuniría a las distintas formas del Pleistoceno Medio Europeo. En tu último libro «Los fósiles de nuestra evolución» vuelves a plantear que homininos tan variables como Mauer, Arago, Sima de los Huesos… serían representantes de una misma especie y distintas subespecies. ¿Es así?

Efectivamente serían una misma especie, pero no necesariamente subespecies. Acabamos de sacar un trabajo donde planteamos que los diferentes grupos del Pleistoceno Medio Europeo son miembros de una misma especie, que sería Homo heidelbergensis por prioridad en la aplicación del código de nomenclatura zoológica. Entonces, englobando a la diversidad que existe, la cual no ponemos en duda, hay una unicidad. Según nuestro trabajo buena parte de esa diversidad puede explicarse por factores que vemos en nuestra especie y en otras especies de simios: hay un aspecto en nuestra variabilidad que se traduce entre nosotros en individuos que tenemos las caras más largas (dolicofacial) y otros con las caras más anchas (braquifacial), patrones que están relacionados con la manera de crecer la cara, y que, por ejemplo, son una base fundamental para el trabajo de los ortodoncistas. Cuando llevamos a las formas del Pleistoceno Medio ese espectro de variación tan cotidiano entre nosotros, y vemos anteneandertales de caras más largas y anteneandertales de caras más anchas, nos sirve para explicar buena parte su diversidad.

Esta manera de entender la variabilidad no se había publicado. Es decir, sistematizar el espectro de variación que existe en todas las poblaciones humanas y aplicarlo al Pleistoceno Medio. Resulta que son individuos muy diferentes morfológicamente, pero no más que los humanos de hoy en día. Por tanto, este es un factor muy importante que explica buena parte de ese politipismo. Si a eso le añadimos una Europa segmentada, geográficamente muy diversa, climáticamente con fuertes fluctuaciones que producen aislamientos genéticos muy duraderos, nos compone un mosaico muy diverso. Pero a mi juicio debajo de ese mosaico late una unicidad, Homo heidelbergensis.

 

7) ¿Qué falta para definir formalmente la especie de los denisovanos?

De hecho, ya he leído algunas propuestas de posibles nombres como Homo denisova u Homo altaiensis. El hecho de no tener todavía un nombre obedece simplemente a una sociología de la ciencia. El descubrimiento del linaje lo han hecho los genetistas, las publicaciones hasta ahora han aparecido en revistas de alto impacto realizadas por un grupo que no es de paleontólogos clásicos, y no han entrado en la discusión nominal de la especie, por ello los demás seguimos ese canal sociológico o pauta de comportamiento.

Tenemos ya una mandíbula, pero es fragmentaria y no está bien limpia de sedimento. Hay otros varios candidatos a ser denisovanos, a mi juicio el mejor sería la mandíbula de Taiwan (Penghu 1) que es muy interesante. Pero se necesita una colección suficientemente sólida para que sirva de referencia, y donde haya ADN, ya que la definición está basada en ADN. De alguna forma el holotipo de la especie es ADN, que fue la primera publicación. Por tanto, necesitamos encontrar ADN, o alternativamente proteínas, para poder decir que un fósil es denisovano, porque el referente es ADN. Cuando realmente aparezcan fósiles con más entidad morfológica, mi predicción es que habrá una publicación de la especie en alguna revista posiblemente no de alto impacto, a partir de la cual se propondrá un nombre formal.

Antonio Rosas es profesor de investigación del CSIC y director del Grupo de Paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, es doctor en Biología por la Universidad Complutense de Madrid y ha realizado estudios posdoctorales en el Museo de Historia Natural de Londres. Actualmente dirige el estudio de los fósiles de El Sidrón (Asturias), coordina proyectos paleoantropológicos en Guinea Ecuatorial y participa en los trabajos de campo de los yacimientos de La Boella (Tarragona). 

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