Los cuerpos estilizados de Homo erectus, no lo eran tanto

Un nuevo cambio de paso en nuestro conocimiento sobre la evolución humana… Recordemos la visión clásica que atribuye a Homo erectus un cuerpo esbelto y delgado, según vemos de forma didáctica en ilustraciones y esculturas. Los estudios sobre el poscraneal de erectus se suelen basar en gran medida en los huesos de las extremidades y de la pelvis, que nos han venido sugiriendo cuerpos modernos y capaces de caminar largas distancias. Esta concepción cuadraba bien con una potencial adaptación al clima seco de la sabana de África oriental donde evolucionaban: se evitaría el sobrecalentamiento corporal, y podrían recorrer grandes distancias en terreno abierto por primera vez en nuestra línea evolutiva.

Pero comienza a haber evidencias de que Homo erectus no representa una emergencia completa de la morfología corporal moderna, sino que tenemos que pensar en un prototipo corporal distinto. Así lo indica el estudio de la reconstrucción virtual de la caja torácica del Chico de Turkana o de Nariokotome (KNM-WT 15000, el esqueleto casi completo de un Homo erectus juvenil de 1,53 Ma), y de la predicción de su morfología adulta. Su caja torácica resulta más ancha, profunda y corta de lo que suponíamos a esta especie y, de hecho, su forma se parece más a la de los neandertales que al tórax más largo y plano de los humanos modernos.

Hay dos grandes giros en la evolución del cuerpo humano, explica para este blog Daniel García-Martínez, coautor del estudio y experto en la evolución de la caja torácica de los homininos. «El primer giro ocurre desde los australopitecinos hacia Homo, sobre todo Homo erectus. Los australopitecos tienen proporciones corporales más parecidas a las de grandes simios, que corresponden a adaptaciones a la vida arbórea. En Homo erectus los índices braquial y crural, es decir, las proporciones de brazos y piernas, son muy humanos, con un bipedismo completamente eficiente. Pero eso no significa que con erectus emergiera completamente la modernidad, sino que aún retenían otras características arcaicas. Es hacia el final de la larga evolución de Homo erectus tras más de un millón de años, donde debemos encontrar el último giro hacia unas proporciones corporales completamente modernas».

Los neandertales seguían una morfología en la misma línea que erectus. Aquellos humanos de 1,50-1,60 cm de estatura y un peso corporal de 80-90 kg de puro músculo tenían una altísima demanda de oxígeno y gasto energético, que explica su gran capacidad pulmonar. En definitiva, no olvidemos que el cuerpo de los neandertales es un cuerpo evolucionado desde erectus. En los linajes humanos que se desenvolvieron en Europa parece acentuarse más esa forma característica ancha, robusta y de estatura baja relativa al peso, que ya estaba en erectus.

La emergencia de la modernidad ocurre con el linaje sapiens, aunque tampoco podemos determinar si determinadas formas arcaicas podrían tener ya esta morfología, debido a que se conservan muchos más restos craneales que poscraneales. «Por ejemplo, el fósil Bodo, asignado a Homo rhodesiensis o en ocasiones a Homo heidelbergensis, tiene una apertura nasal enorme, de las mayores del registro fósil, potencialmente relacionada con una alta demanda de oxígeno. Su caja torácica tal vez sería grande y robusta, pero carecemos de cajas torácicas completas como la del Chico de Nariokotome para testar esta hipótesis. La morfología craneofacial desde Jebel Irhoud (300 ka) en adelante sí podría estar relacionada con cajas torácicas completamente modernas», indica Daniel García-Martínez.

Animación de movimiento de respiración de las costillas del Chico de Turkana y de un humano moderno. Crédito: Benoit Beyer.

¿Si el cuerpo de Homo erectus no era idóneo para correr largas distancias, por qué necesitaban una capacidad pulmonar grande?

Hasta ahora no se había podido evaluar el movimiento del tórax y la capacidad respiratoria a partir de fósiles de costillas y vértebras, pero las nuevas tecnologías sí lo permiten. Este aspecto de la paleofisiología alcanzó otro importante hito con la reconstrucción virtual del tórax del neandertal Kebara-2 (Gómez-Olivencia, A., Barash, A., García-Martínez, D. et al., 2018). «Una cosa es necesitar mucho oxígeno por tener una gran masa muscular, pero esa gran masa precisamente impide poder correr largas distancias durante mucho tiempo». García-Martínez explica que la capacidad pulmonar grande que comparten erectus y neandertales con sus anchas y profundas cajas torácicas, tiene una correlación con una variable denominada umbral anaeróbico.

El umbral anaeróbico suele medirse como la capacidad de un corredor para aguantar un esfuerzo durante un tiempo prolongado y a una alta intensidad: determina el nivel de ejercicio físico por encima del cual el lactato o ácido láctico empieza a acumularse en sangre, lo cual conlleva acidificación muscular y por tanto fatiga y disminución del rendimiento.

En todo caso, tampoco pensemos que eran cortas las distancias que recorrían aquellos grupos humanos, que vemos reflejadas en determinadas huellas de desgaste, heridas y patologías en sus huesos fosilizados.

Costillas de humanos modernos, Chico de Turkana y Neandertal. Crédito: Markus Bastir.

Más costillas y vértebras

Necesitamos más restos de caja torácica del grupo erectus para poder enriquecer el conocimiento sobre sus cuerpos. El registro fósil es muy limitado aún. La pelvis de Gona (BSN49/P27, datada en 1,4-0,9 Ma) está atribuida a un individuo femenino adulto de Homo erectus, que se ha interpretado como potencialmente pequeño y ancho. En Olvudai también se encontró un fragmento de costilla, pero insuficiente para sacar conclusiones, y en Dmanisi varios restos de costillas y vértebras, pero de un invididuo subadulto y con rasgos en general arcaicos distintos a los de Nariokotome. Aparte, las costillas de Homo naledi apuntan también a un torso ancho, teniendo en cuenta su estatura de 1,50 m.

Por último, a la hora de estudiar las cajas torácicas de humanos fósiles también hay que tener en cuenta el sexo del individuo. En humanos modernos, a partir de los 12 años comienzan a distinguirse las cajas entre hombres y mujeres de acuerdo a su diferente demanda de oxígeno (García-Martínez, D., Bastir, M., Villa, C. et al., 2020). Pero la carencia de más fósiles aún impide proyectar este estudio hacia nuestros ancestros, por lo que este constituye un reto pendiente.

Agradecimiento: a Daniel García-Martínez, por la información aportada para elaborar este artículo. 

ReferenciaBastir, M., García-Martínez, D., Torres-Tamayo, N. et al. (2020). Rib cage anatomy in Homo erectus suggests a recent evolutionary origin of modern human body shape. Nat Ecol Evol.

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Imagen de portada: escultura del Chico de Turkana realizada por Elisabeth Daynès para el Museo de la Evolución Humana (Burgos). Crédito: Roberto Sáez.

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