La rica historia del niño paleolítico Le Mura 1

Para empezar, ¿un niño del Paleolítico superior con ojos azules? El color azul de los ojos humanos se atribute a una mutación en un elemento regulador del gen HERC2, que inhibe la expresión del gen OCA2, regulador de la producción de melanina que da color a la piel, el cabello y los ojos. Esta mutación bloquea la producción de melanina en el iris, resultando en ojos azules en vez de marrones. Eiberg et al. (2008) identificaron una mutación fundadora al norte del Mar Negro hace entre 6 ka y 10 ka (miles de años), en el marco de migraciones a Europa procedentes de África. Pero, aunque este rasgo no se extendió hasta el Neolítico, pudo haberse dado también en épocas anteriores, como indican los restos de Le Mura 1, un bebé que vamos a conocer.

Le Mura 1 es un esqueleto infantil bastante completo descubierto en 1998 en Grotta delle Mura, al sur de Italia. Se halló cubierto por dos losas de roca, y la estratigrafía permitió fecharlo al final del Epigravetiense, un periodo que se extiende por Europa central y oriental, mientras se desarrollaba el Solutrense en Europa occidental. Un trabajo reciente (Higgins, O.A., Modi, A., Cannariato, C. et al., 2024) ha aplicado técnicas de paleogenómica, paleohistología dental, geoquímica, datación por radiocarbono y otras tradicionales de paleoantropología para estudiar el esqueleto de manera transdisciplinar. Su antigüedad se ha logrado concretar en 17,3-16,9 ka. Era un individuo masculino, y su edad al morir fue de entre 7,5 meses y un año y medio.

En su genoma se han logrado identificar varios rasgos fenotípicos, incluyendo los mencionados ojos azules, además de piel oscura y pelo rizado muy oscuro, cuya combinación se observa también en individuos del Paleolítico superior tardío y del Mesolítico en el suroeste y el centro de Europa. Su genoma parece indicar una descendencia de la línea ancestral Villabruna, un perfil genético asociado a la cultura epigravetiense que se extendió desde la península itálica hasta el sureste europeo y los Balcanes. Este linaje toma el nombre del individuo de Villabruna (14 ka), que tenía piel oscura y ojos azules. A lo largo de la península itálica hubo un reemplazo poblacional alrededor del Último Máximo Glacial (UMG), y una reducción general de la variabilidad genética del norte al sur de Italia. Le Mura 1 está estrechamente relacionado con una población derivada de la región más meridional de Italia que se asentó en Sicilia, posiblemente cruzando un puente terrestre temporal antes del final del UMG, y en otras partes del sur de Europa. Estos grupos compartirían un origen común y estarían relativamente aislados de las poblaciones del norte de Italia.

El análisis genético también revela un alto grado de endogamia. Los padres del individuo eran parientes cercanos. Estudios de isótopos de estroncio sugieren que la madre tenía una baja movilidad, viviendo en la misma área durante el embarazo. Esto apunta a que tanto el bebé como su madre probablemente vivieron en la misma región por un periodo prolongado.

a) Ubicación de Grotta delle Mura (crédito: Jacques Descloitres); b) Estratigrafía y secuencia cultural del sitio; c) Le Mura 1 (crédito: Mauro Calattini).

El análisis de los dientes de Le Mura 1 muestra nueve líneas acentuadas o de estrés fisiológico, que reflejan interrupciones o alteraciones en la formación normal del esmalte, lo que suele significar que el niño pasaría por momentos de dificultad o falta de recursos, como consecuencia de enfermedades, desnutrición o eventos irregulares de crecimiento lento. Tres de estas líneas son prenatales.

Adicionalmente, se han observado dos variantes en los genes TNNT2 y MYBPC3 que indican defectos cardiacos congénitos vinculados con miocardiopatías hipertróficas que provocan un engrosamiento de las paredes del ventrículo izquierdo y endurecimiento con el tiempo. Esta condición suele causar arritmias, síncopes y muerte súbita en niños y adultos jóvenes. No se puede asegurar que Le Mura 1 falleciera por alguno de estos motivos, aunque es una posibilidad razonable. También se halló una fractura en la clavícula izquierda, que parece haber ocurrido durante el nacimiento, complicando aún más la vida del bebé.

Varios de estos problemas identificados parecen estar reflejando una necesidad de cuidados al bebé más allá de los propios de la crianza. Esta posibilidad, junto con el rico contexto descrito por el trabajo, plantea una interesante reflexión para interpretar los comportamientos de cuidado en este grupo del Paleolítico superior al final del Último Máximo Glacial.

 

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