Parántropos: nuestros parientes más asombrosos

Parántropos: nuestros parientes más asombrosos

¿Qué son los parántropos? En esta conferencia organizada por el Club de Ciencia Boadilla el 13/11/2020 abordo las siguientes cuestiones para conocer un poco más el género Paranthropus:

  • ¿Cómo estos seres con una morfología tan extraordinaria pueden ser parientes de los humanos?
  • ¿Cuándo y por qué aparecieron, evolucionaron y desaparecieron?
  • ¿Qué especies de parántropos conocemos?
  • ¿Con qué otros homininos convivieron?
  • ¿Podemos saber algo de su modo de vida?
  • ¿Cuáles son las novedades que hemos conocido en 2020?

Sahelanthropus tchadensis may not have been a habitual biped

Sahelanthropus tchadensis may not have been a habitual biped

This post summarizes the recent paper by R. Macchiarelli and colleagues, on the study of the partial left femur TM 266-01-063 found in July 2001 at Toros-Menalla, Chad. This is the same location where the Sahelanthropus tchadensis holotype was recovered also in 2001: the cranium TM 266-01-060-1.

In many texts, when depicting the human evolutionary tree, the S. tchadensis cranium is often claimed to be consistent with being biped, mainly driven by the foramen magnum position. Habitual bipedalism is a key feature for taxa to be included in the hominin clade, yet some specific characteristics of the bipedal locomotion can differ from those of modern humans. The case of Sahelanthropus is important because the age of its fossils (6-7 million years) approximately matches the time that our branch of the primate family tree diverged from the ancestors of chimpanzees and gorillas. We only know Orrorin tugenensis as another hominin candidate in such chronology. There are three femoral remains of Orrorin, but until now the Sahelanthropus femur had not yet been published, and this is a major skeletal element to understand bipedalism.

What hominin taxa at that time could be a direct ancestor of living humans is a very difficult question to face. The Late Miocene fossil record is really small and makes impossible to sort ancestors from non-ancestral close relatives. In this context, what five key ideas does the new femur bring, according to Macchiarelli et al?

1) Yes, the femur can likely be assigned to S. tchadensis.

We are most confident that the TM 266 femoral shaft belongs to a hominid sensu lato. It could sample a hominid hitherto unrepresented at Toros-Menalla, but a more parsimonious working hypothesis is that it belongs to S. tchadensis.

2) This femur is very different from the Orrorin tugenensis femur, another early hominin normally considered as habitual biped.

The differences between TM 266 and the O. tugenensis partial femur BAR 1002’00 are substantial and are consistent with maintaining at least a species level distinction between S. tchadensis and O. tugenensis.

The partial femur TM 266-01-063 from Toros-Menalla, Chad, in anterior (a), posterior (b), medial (c), and lateral (d) views. Scale bar = 2 cm. Credit: R. Macchiarelli, A. Bergeret-Medina, D. Marchi et al. (2020)

3) But actually, S. tchadensis may not have been a habitual biped!

If the TM 266 femoral shaft belongs to S. tchadensis, we cannot be confident that the latter was a habitual biped. Based on our analyses, the TM 266 partial femur lacks any feature consistent with regular bouts of terrestrial bipedal travel; instead, its gross morphology suggests a derived Pan-like bauplan.

4) If the TM 266 femur can be added to the hypodigm of S. tchadensis, the conclusions could be important to actually stop considering S. tchadensis as an early hominin. 

The lack of clear evidence that the TM 266 femur is from a hominid that was habitually bipedal further weakens the already weak case for S. tchadensis being a stem hominin.

It is possible that S. tchadensis is a stem hominin with some reduction of the canine and loss of the honing complex, but without the femoral adaptations to terrestrial bipedalism that are seen in A. afarensis and O. tugenensis. If there is compelling evidence that S. tchadensis is a stem hominin, then bipedalism can no longer be seen as a requirement for inclusion in the hominin clade.

5) A hominin, a panin, or neither? A potential third way for Sahelanthropus.

Being a stem hominin or a stem panin, or their most recent common ancestor, may not be the only options for S. tchadensis. It is probable that during the late Miocene and the early Pliocene, there was a modest adaptive radiation of African hominids that includes taxa that are neither hominins nor panins as defined previously. Any such extinct groups are likely to include taxa with novel morphology or with novel combinations of morphology we also see in hominins or panins. Given the mix of inferred primitive and inferred derived features in S. tchadensis, we suggest it could belong to a group that has no living representative.

If we treat the hominin status of S. tchadensis, or any other enigmatic taxon, as a given and not a hypothesis, we run the risk of adding further confusion to a picture that is already complicated and less easy to resolve.

Reference: R. Macchiarelli, A. Bergeret-Medina, D. Marchi et al. (2020). Nature and relationships of Sahelanthropus tchadensis. Journal of Human Evolution 149 | Front image: The partial femur TM 266-01-063 (left) in anterior (a), posterior (b), medial (c), and lateral (d) views compared with the CT-based reconstruction of BAR 1002’00 (Puymerail, 2011, 2017, based on a record kindly made available by B. Senut and M. Pickford). 

Further information: Toumaï, esperanza de vida | Nutcracker Man

Las huellas de White Sands: el viaje de dos humanos hace 12.000 años

Las huellas de White Sands: el viaje de dos humanos hace 12.000 años

Tenemos un largo camino por delante de varios kilómetros. En otras circunstancias podríamos tomárnoslo con calma, pero a este gran lago también acuden tigres dientes de sable, lobos, bisontes, mamuts y perezosos. No es una zona segura: vayamos rápido, todo recto, sin rodeos. Llevaré al niño en brazos para evitar riesgos. Esta arena blanda junto al lago no es un terreno fácil para la caminata. Me he resbalado en algunas ocasiones, y hemos tenido que esquivar algunos charcos. Llevamos ya casi la mitad de camino, pero el niño pesa y mis brazos ya duelen. Le bajo al suelo, para que se mueva un poco mientras mi espalda descansa. Pero no podemos parar demasiado. Vuelvo a cogerle y continuamos, pero sigue intranquilo, y más adelante nos detenemos otras dos veces, esta vez menos tiempo. Al fin llegamos. Dejo al niño con el grupo y regreso. Decido hacerlo por el mismo camino, que nos fue bien a la ida. Es curioso, por aquí han cruzado un perezoso y un mamut hace poco. No me sorprende, pero sí me preocupa, porque me doy cuenta de que el perezoso se ha detenido junto a nuestro rastro y se ha levantado sobre sus patas traseras olfateando algo, así que los depredadores pueden estar al acecho también. Acelero para volver cuanto antes.

Todo esto sucedió hace entre 11.500 y 13.000 en lo que hoy es el parque nacional White Sands en Nuevo México, Estados Unidos. Aunque me he permitido alguna licencia en la narración, esta pudo ser la historia real de dos humanos durante unas horas. ¿Cómo podemos saberlo?

Conocemos el poder de conocimiento que nos dan los fósiles, un testimonio de muerte de los especímenes a los que pertenecieron. En no pocas ocasiones, además de proporcionar información sobre su muerte, en realidad nos dicen mucho más sobre su vida: si eran robustos, altos, esbeltos, achaparrados, si recibieron cuidados que les permitieron recuperarse de determinadas lesiones, qué tipo de locomoción tenían, si sus manos eran capaces de tallar herramientas complejas, si todavía tenían facilidad para trepar a los árboles, cómo era su canal de parto, qué tamaño tenía su cerebro, y otros indicativos sobre su potencial inteligencia, como la forma de sus regiones cerebrales, e incluso cómo era el riego sanguíneo en ellas. Pero existen otros elementos que dan un testimonio directo de un momento específico en la vida de aquellos seres: son las huellas que dejaron al caminar, llamadas icnofósiles o icnitas. Increíblemente, se han conservado huellas de homininos tan antiguas como las de Laetoli (Tanzania, 3,66 millones de años, dejadas por australopitecos) y las de Ileret (Kenia, 1,5 millones de años, dejadas por Homo erectus). Sigue leyendo

Buscando los orígenes de lo humano: la compasión en la prehistoria

Buscando los orígenes de lo humano: la compasión en la prehistoria

Grabación de la conferencia que impartí en las II Jornadas Prehistóricas de Zamora, el día 8 de octubre de 2020:

Más información:

El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. Reseña

El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. Reseña

Bienvenido Martínez-Navarro. El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. Editorial Almuzara, 2020. 240 pp.

Hay libros que enganchan porque te sientes identificado con alguno de sus protagonistas y, según transcurre la historia, quieres conocer más y más de sus vivencias. Un libro ha triunfado cuando consigue que el lector se meta en su mundo y disfrute con lo que pasa en él. Obviamente, esto es difícil de alcanzar en un ensayo, y de ahí el mérito que otorgo a El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. No se trata de una historia de neandertales, ni siquiera de humanos prehistóricos. Es tu historia, la explicación científica de porqué tú eres como eres en tu relación con el resto de especies animales y vegetales, con las cuales tu trato es de superioridad jerárquica. Los humanos modernos siempre hemos sido así, y solo ahora, «por primera vez, la humanidad tiene conciencia de la necesidad de conservar el medio natural y de mantener la biodiversidad». Hacía tiempo que un libro no me hacía reflexionar tanto.

Martínez-Navarro empieza dejando claro que no es un especialista en neandertales, así que no profundiza en determinados trabajos detallados sobre esta especie, pero sí dedica tres capítulos a introducir de manera fluida y completa los fundamentos para hilar el ensayo: los principales retos en nuestro conocimiento sobre el poblamiento humano de Eurasia durante el Pleistoceno medio, la caracterización morfológica y capacidades cognitivas de los neandertales, y sus últimas evidencias antes de la extinción, con datos muy actualizados.

A partir de aquí, Martínez-Navarro sintetiza de manera brillante su vasto conocimiento sobre la fauna que pobló los continentes durante los distintos momentos del Pleistoceno, y las causas de la extinción de muchas de esas especies, en el contexto de los cambios climáticos que se iban sucediendo a lo largo de este periodo. En esta parte del texto, el protagonismo de los humanos es muy limitado, como lo fue de hecho en la naturaleza a lo largo de dos millones de años. Los humanos eran un ser singular, tal vez, pero relacionado con el medio natural de una forma radicalmente distinta a la que surgió en las últimas decenas de miles de años. Los capítulos 4 y 5 son casi un tratado de paleontología sobre los grandes mamíferos del Pleistoceno y los cambios climáticos naturales, genialmente resumido: se trata de una parte nuclear del libro donde el autor centra las bases en que establecerá a continuación su tesis. Sigue leyendo