Nuevas huellas en Laetoli, pero de otro hominino diferente

Nuevas huellas en Laetoli, pero de otro hominino diferente

Seguramente todos hemos oído hablar de las huellas de Laetoli: un conjunto de unas 70 icnitas (huellas fosilizadas) asignadas a tres individuos de Australopithecus afarensis que caminaban hace 3,66 Ma (millones de años) sobre un suelo de ceniza volcánica, rápidamente endurecido y cubierto por nueva ceniza, lo que permitió conservar este tesoro hasta su hallazgo en 1978 por Mary Leakey y su equipo. Estas huellas dejadas a lo largo de 27 metros (denominado sitio G) permitieron confirmar el caminar totalmente bípedo de estos homininos antepasados de Lucy: pisaban apoyando bien el talón, recorriendo el arco del pie e impulsando el paso finalmente con los dedos, en concreto fuertemente con el pulgar.

Lo que tal vez no sea tan popular es que 26 años después, en 2014 se halló otro conjunto de icnitas en el sitio S, a tan solo 150 metros del anterior, compuesto por 14 huellas dejadas por otros dos individuos (13 de uno y 1 de otro), a lo largo de 32 metros. Estas son virtualmente contemporáneas a las dejadas por los australopitecos del sitio G. Comparando las características de las pisadas, parece que los autores fueron también Australopithecus afarensis. Otros muchos animales dejaron sus huellas en Laetoli (mamíferos como bóvidos, jirafas, équidos, rinocerontes, etc. además de aves e insectos), hasta en 33 sitios distintos que se venían estudiando desde principios de los años 1970s.

Así, pocos sabrán que 2 años antes del primer hallazgo, en 1976 se había excavado un camino de icnitas en otro de esos sitios, el A, entre las que había 5 seguidas que también habían levantado sospechas sobre una posible autoría de homininos. Sin embargo, su forma presentaba dudas y también se planteó que pudo hacerlas un oso joven erguido sobre sus patas traseras. Como pronto se encontraron las famosas huellas indiscutibles del sitio G, las dudosas del A quedaron un tanto olvidadas.

Por fin, un nuevo trabajo ha excavado y «rescatado» de nuevo aquellas huellas del sitio A, limpiando su relleno por completo. Gracias a su estudio y la comparativa con otras huellas humanas, de chimpancé y de osos caminando erguidos, con formas del pie similares a las huellas de Laetoli, sus investigadores confirman la autoría prehumana de las mismas. «[Los osos] no pueden caminar con una marcha similar a la de las huellas del sitio A, ya que la musculatura de su cadera y la forma de sus rodillas no permiten ese tipo de movimiento y equilibrio», indica Jeremy DeSilva, coautor de este estudio. Los talones de los osos se estrechan y sus dedos y pies tienen forma de abanico, mientras que los pies homininos tienen una forma más rectangular y un dedo pulgar prominente. Por tanto, no fueron osos sino homininos bípedos los que dejaron ese rastro. Curiosamente, ese individuo estaba cruzando una pierna sobre la otra al caminar, lo que se ha identificado como una acción para restablecer el paso balanceado, tal vez por una irregularidad del terreno.

Huellas de Laetoli

Huellas de Laetoli A3 (izda, por Jeremy DeSilva) y G1 (dcha, por Eli Burakian/Dartmouth).

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La Montaña del tiempo: el proyecto premiado de La Garma

La Montaña del tiempo: el proyecto premiado de La Garma

La Garma es un sitio espectacular ubicado en Ribamontán al Monte, en Cantabria (norte de España). Se trata de un complejo sistema kárstico que cuenta con varios yacimientos paleontológicos y arqueológicos en distintas galerías y también al aire libre, que abarcan desde hace unos 400.000 años (las evidencias más antiguas de presencia humana en el cantábrico) hasta la Alta Edad Media.

Un ejemplo de la riqueza que atesora La Garma: se estima que más de 76.000 objetos siguen estando a la vista, ya que las técnicas de estudio no son invasivas y se han extraído muy pocos, como veremos a continuación. Este es un rápido inventario de hallazgos solo de la Galería Inferior [más información sobre los distintos yacimientos de La Garma en este otro artículo que mantengo actualizado]:

  • Restos de 9 construcciones, posibles cabañas de material perecedero utilizadas como viviendas y/o espacios rituales.
  • Un impresionante conjunto de arte rupestre paleolítico, con pinturas y grabados: unos 100 animales (ciervos, caballos, bisontes, cabras, uros, megaceros, carnívoros…), 40 manos en negativo, 3 «máscaras», unos 100 signos…
  • Una de las más importantes colecciones de arte mueble que se conocen, en la que sobresalen 30 objetos de primer orden, por ejemplo: una espátula de hueso con una cabra montés grabada, una falange de uro con los grabados de un uro, un signo y una cabeza humana, un contorno recortado en forma de cabeza de cabra montés, y un contorno recortado en forma de oso.
  • Huellas humanas, tanto de adulto como de un niño de 6-7 años.

El proyecto «La Montaña del tiempo. Exploración de un campamento paleolítico en La Garma» ha sido galardonado con el II Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq. Por este motivo, he querido entrevistar a Pablo Arias y a Roberto Ontañón, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), quienes han recibido el premio en nombre del equipo hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Y comienzo preguntándoles sobre estos 26 años de trabajo, ¿de qué estáis más orgullosos?

[Pablo Arias] Estamos orgullosos de haber antepuesto siempre la conservación del patrimonio al avance rápido de la investigación y del conocimiento. Cuando comenzamos allí, algunos nos aconsejaron hacer una excavación convencional, incluso abrir la entrada original de la cueva. Nosotros siempre nos hemos resistido a eso y hemos considerado que lo prioritario era conservar los suelos, dejarlos lo más cerca posible de su estado original que nos encontramos, dado que es nuestra responsabilidad para futuras generaciones, tanto de ciudadanos en general como de arqueólogos. Para ello, hemos hecho un esfuerzo grande y nos ha costado mucho tiempo y el sacrificio de artículos en revistas de alto impacto. Pero nos ha permitido el desarrollo de muchas técnicas de tipo no invasivo y enfoques metodológicos nuevos. Esperamos que de nuestro trabajo quede esa actitud de defensa del patrimonio, y de intentar compatibilizar la conservación con el avance del conocimiento, y que ayudemos así a romper esa «maldición» que se asocia a una arqueología del tipo destructivo. Sigue leyendo

Issa, el Australopithecus sediba bípedo y trepador

Issa, el Australopithecus sediba bípedo y trepador

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Hacía demasiado tiempo que no escribía sobre australopitecos, los irrepetibles homininos de donde procede el linaje humano. Ahora, un nuevo trabajo sobre esta especie despierta nuestra atención y, para empezar, fijaos más abajo en la sorprendente ilustración de un Australopithecus sediba trepador que acompaña al estudio.

Australopithecus sediba es una especie definida por Lee Berger y otros en 2010 para un conjunto de fósiles hallados en el yacimiento de Malapa (Sudáfrica) desde agosto de 2008, que fueron datados en 1,977 Ma. Se trata de una especie intringante de australopiteco, debido a que es contemporánea a los restos de Homo erectus más antiguos (de 1,95-2,04 Ma) hallados en la cueva de Drimolen, a pocos kilómetros de Malapa.

En esta región tan interesante para el estudio de la evolución humana, en un corto intervalo temporal alrededor del umbral de 2 Ma encontramos a los últimos australopitecinos (representados por sediba), a los primeros humanos (el erectus de Drimolen), a otros homininos tan singulares como los parántropos, y herramientas de piedra y hueso cuya especie autora no es fácil determinar. La diversidad taxonómica de la fauna se aprecia en muchas otras especies locales, indicando un importante momento de evolución y dispersión en el marco de la variabilidad climática que estaba sucediendo.

¿Qué hace intrigante a Australopithecus sediba?

El registro fósil de Au. sediba incluye dos esqueletos muy completos, MH1 (un macho joven) y MH2 (una hembra adulta), y otros restos fragmentarios. El mosaico de rasgos derivados y primitivos en sediba le otorgan una interesante morfología intermedia o de transición entre Australopithecus y Homo.

Comparado con Au. africanus, Au. sediba tiene una cara más plana, menos proyectada, no tiene cresta nucal, y algunos rasgos más gráciles como los cigomáticos y la glabela. Se han identificado similitudes de algunas características con las de los Homo de Dmanisi (que tienen 1,8 Ma). Sin embargo, sediba mantiene un cerebro pequeño, y siguen siendo primitivos otros rasgos como las órbitas, la región nasal, la dentición bulbosa (aunque no grande), las líneas temporales del cráneo, y la originación superior de los músculos maseteros.   Sigue leyendo

Homo erectus, hobbits y denisovanos: la evolución humana en Asia

Homo erectus, hobbits y denisovanos: la evolución humana en Asia

Hombres dragón, hobbits, pitecántropos, denisovanos… Pueden parecer seres míticos, pero son los protagonistas de la gran historia de la evolución de nuestros antepasados en Asia: un continente cuyos hallazgos en los últimos años están ayudándonos a reaprender mucho de lo que sabíamos sobre prehistoria. ¿Nos acompañas en este emocionante viaje?

Recientemente tuve el honor de impartir esta conferencia para el Club de Ciencia Boadilla, enmarcada en la Semana de la Ciencia y la Innovación de Madrid 2021, un evento de divulgación científica y participación ciudadana organizado por la Comunidad de Madrid a través de la Fundación para el Conocimiento madri+d, cuyo objetivo es involucrar activamente a los ciudadanos en la ciencia, la tecnología y la innovación.

Para ampliar información, se puede consultar el artículo que publiqué en la revista Muy Interesante número 482 (julio 2021), y que protagonizó su portada: edición papel | edición digital

Erectus, hobbits, denisovanos y otros homínidos de Asia claves en la evolución humana

Leti: el primer cráneo infantil de Homo naledi

Leti: el primer cráneo infantil de Homo naledi

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Por fin hemos conocido los restos de Leti, un individuo infantil de 4 a 6 años de edad que perteneció a la especie Homo naledi. Hasta hoy, el registro fósil de Homo naledi se componía de más de 2000 huesos y dientes procedentes de dos cámaras del sistema de cuevas de Rising Star: Dinaledi (U.W. 101, con más de 1800 fósiles) y Lesedi (U.W. 102, con 133 fósiles). Leti está representado por 28 fragmentos de cráneo y 6 dientes, y se halló en 2017 en un pasaje remoto y estrecho de la cueva (U. W. 110), tras una zona denominada «Chaos Chamber». Se trata del tercer sitio con fósiles humanos en Rising Star, situado a 12 metros de la cámara de Dinaledi.

El cráneo de Leti apareció aislado, sin otras partes del cuerpo. Todavía no está datado directamente, pero la proximidad de la cámara de Dinaledi, cuyos fósiles tienen 236-335 ka (miles de años) es una buena referencia por el momento. Su apodo se eligió por la palabra setsuana «letimela», que significa «el perdido». Todavía no se ha determinado su sexo.

La importancia de encontrar homininos juveniles

Los hallazgos de individuos juveniles en el registro fósil son extremadamente raros, porque sus huesos son delgados y frágiles. Pero son muy importantes para entender el crecimiento y el desarrollo de cualquier especie.

En 2020 se publicaron los restos y el primer esqueleto parcial de un Homo naledi de entre 8 y 15 años de edad procedente de Dinaledi (una hemimandíbula y 16 fragmentos poscraneales). Pero ahora Leti proporciona el primer cráneo infantil de la especie. Al reconstruirlo, muestra las órbitas frontales, la parte superior del cráneo y 6 dientes. En particular, algunas características de este fósil son:

  • El tamaño estimado del cerebro es de 480-610 cc, que corresponde al 90%-95% de la capacidad cerebral de un adulto.
  • La glabela está bien conservada y tiene una forma muy similar a la de los adultos de esta especie.
  • Los dientes son muy similares a los de otros Homo naledi en cuanto a su forma y tamaño.

A reconstruction of the skull of Leti in the hand of Professor Lee Berger. Credit: Wits University

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