150 aniversario de “El origen del hombre” (Darwin, 1871)

150 aniversario de “El origen del hombre” (Darwin, 1871)

El 24 de febrero de 2021 se cumplieron 150 años desde la publicación de “El origen del hombre” (cuyo título original es “The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex”).

En este libro Charles Darwin reflexiona por primera vez sobre la evolución humana, tema que tan sólo había insinuado ligeramente en su celebérrima obra “El origen de las especies”.

Os dejo con uno de mis párrafos favoritos…

«The aid which we feel impelled to give to the helpless is mainly an incidental result of the instinct of sympathy, which was originally acquired as part of the social instincts, but subsequently rendered, in the manner previously indicated, more tender and more widely diffused. Nor could we check our sympathy, even at the urging of hard reason, without deterioration in the noblest part of our nature».

«Los socorros que nos inclinamos a dar a los seres desvalidos, son principalmente un resultado accesorio del instinto compasivo, adquirido originariamente como formando parte de los instintos sociales, y que sucesivamente ha ido extendiéndose más. Aunque nos obligasen razones perentorias, no podríamos reprimir nuestra compasión, sin sentirnos acerbamente heridos en la parte más noble de nuestra naturaleza».

El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. Reseña

El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. Reseña

Bienvenido Martínez-Navarro. El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. Editorial Almuzara, 2020. 240 pp.

Hay libros que enganchan porque te sientes identificado con alguno de sus protagonistas y, según transcurre la historia, quieres conocer más y más de sus vivencias. Un libro ha triunfado cuando consigue que el lector se meta en su mundo y disfrute con lo que pasa en él. Obviamente, esto es difícil de alcanzar en un ensayo, y de ahí el mérito que otorgo a El sapiens asesino y el ocaso de los neandertales. No se trata de una historia de neandertales, ni siquiera de humanos prehistóricos. Es tu historia, la explicación científica de porqué tú eres como eres en tu relación con el resto de especies animales y vegetales, con las cuales tu trato es de superioridad jerárquica. Los humanos modernos siempre hemos sido así, y solo ahora, «por primera vez, la humanidad tiene conciencia de la necesidad de conservar el medio natural y de mantener la biodiversidad». Hacía tiempo que un libro no me hacía reflexionar tanto.

Martínez-Navarro empieza dejando claro que no es un especialista en neandertales, así que no profundiza en determinados trabajos detallados sobre esta especie, pero sí dedica tres capítulos a introducir de manera fluida y completa los fundamentos para hilar el ensayo: los principales retos en nuestro conocimiento sobre el poblamiento humano de Eurasia durante el Pleistoceno medio, la caracterización morfológica y capacidades cognitivas de los neandertales, y sus últimas evidencias antes de la extinción, con datos muy actualizados.

A partir de aquí, Martínez-Navarro sintetiza de manera brillante su vasto conocimiento sobre la fauna que pobló los continentes durante los distintos momentos del Pleistoceno, y las causas de la extinción de muchas de esas especies, en el contexto de los cambios climáticos que se iban sucediendo a lo largo de este periodo. En esta parte del texto, el protagonismo de los humanos es muy limitado, como lo fue de hecho en la naturaleza a lo largo de dos millones de años. Los humanos eran un ser singular, tal vez, pero relacionado con el medio natural de una forma radicalmente distinta a la que surgió en las últimas decenas de miles de años. Los capítulos 4 y 5 son casi un tratado de paleontología sobre los grandes mamíferos del Pleistoceno y los cambios climáticos naturales, genialmente resumido: se trata de una parte nuclear del libro donde el autor centra las bases en que establecerá a continuación su tesis. Sigue leyendo

Riesgo de COVID-19 por hibridación con neandertales: ¿qué significa?

Riesgo de COVID-19 por hibridación con neandertales: ¿qué significa?

Desde hace una década sabemos que, debido a distintos eventos de hibridación entre especies, los humanos modernos llevamos en nuestro genoma un cierto rastro neandertal que se aproxima al 2% como promedio, algo mayor en el este de Asia, algo menor en Europa y en Oriente Próximo, y alrededor de un 0,3% en África. Por cierto, en mi caso es el 1,2%.

Determinar cuál es la relación de las regiones genómicas neandertales con determinados rasgos fenotípicos es complicado, ya que suele haber distintos genes involucrados. En algunos casos sí se puede establecer un vínculo más concreto, como este que nos ocupa: el cruce entre humanos modernos y neandertales identificado en el genoma neandertal de Vindija (Croacia), de 40.000 años, dejó un rastro en 6 genes del cromosoma 3 que está implicado con un mayor riesgo a padecer COVID-19 de forma severa, según se ha visto a partir de un estudio de 3199 pacientes con esta enfermedad.

No todos los humanos actuales tenemos esta variante neandertal, pero sí de forma destacada en un 30% de la población del sur de Asia. Por ejemplo, al menos el 63% de la población en Bangladesh tienen una copia de esta variante. Entre los esteasiáticos solo se ha visto en el 4%, y entre los europeos en el 8%. Los europeos que portan dos copias de dicha variante tienen un riesgo 3 veces mayor de padecer la enfermedad, y 1,75 veces los que tienen una copia, respecto a los que no la portan. Sigue leyendo

La importancia de la determinación del sexo de los homininos: ¿qué es la amelogenina?

Recientemente hemos conocido dos ejemplos de determinación del sexo en homininos a través de métodos muy distintos. Determinar el sexo de un individuo fosilizado es importante para poder definir los rasgos morfológicos que caracterizan a una especie, el grado de dimorfismo sexual presente en ella y la definición de relaciones filogenéticas. La limitación del registro fósil de los homininos, y el diferente grado de dimorfismo sexual que suele existir en muchas especies según se observe la morfología craneal o la poscraneal, generan una gran ambigüedad. Esto hace más destacable que nuevas técnicas puedan ayudar a determinar el sexo en nuestros ancestros, especialmente en piezas gastadas o deterioradas, o muestras fragmentarias. Veamos esos dos casos y sus implicaciones:

1) El estudio del tejido dental en tres muestras de humanos:

  • 32 caninos permanentes de la colección de la Sima de los Huesos (España), compuesta por 29 individuos que pertenecieron a una única población biológica hace unos 430 ka (22 de los dientes pertenecen al menos a 17 individuos, y el resto son aislados).
  • 19 caninos de neandertales de Krapina (Croacia) de 120-130 ka.
  • 127 dientes de humanos modernos europeos y africanos.

Analizándolos mediante microtomografía computarizada, y aplicando en ellos un patrón histológico identificado en la dentición de humanos actuales, con una alta fiabilidad este trabajo ha identificado el sexo de individuos adultos (coincidente con el ya conocido por otros medios), y el de otros individuos juveniles e infantiles que estaba en duda o que era desconocido, al no presentar rasgos sexuales secundarios claros en su esqueleto.

En general, los individuos femeninos tienen caninos más pequeños, esmalte más grueso y menor proporción de dentina, y lo contrario en los masculinos. Y esta proporción ocurre también en otros hominoideos. En este fenómeno interviene la amelogenina, proteína con un papel estructural importante en la matriz orgánica del esmalte, por ejemplo, influyendo sobre las diferencias según el sexo de las proporciones de tejidos dentales.

Dientes humanos de la Sima de los Huesos. Crédito: CENIEH

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The Man Machine. Hacia una nueva especie humana

De cazadores recolectores a agricultores. De agricultores a obreros industriales. Desde ahí el ser humano ha evolucionado hasta desarrollar tecnologías de la información y comunicaciones que han supuesto un avance extraordinario. La pandemia que nos azota ha permitido sacar el máximo partido de estas tecnologías. Podemos empezar a vislumbrar hasta dónde llegar en su uso. Pero desde el confinamiento en el que estamos, permitidme que lleve a cabo una reflexión: ¿y ahora qué? ¿Hacia dónde nos encaminamos?

Intentemos realizar un salto hacia atrás en el que nos pongamos en la situación de un ser humano, 15.000 años atrás, que sobrevivía de lo que cazaba o pescaba de forma oportunista y tras recorrer grandes distancias. Recolectaba vegetales comestibles que surgían, de forma más o menos periódica, pero que no aseguraban el sustento de forma recurrente. El cambio que supuso para nuestra especie el controlar la vida vegetal a través del conocimiento de los ciclos estacionales, de la selección de las mejores semillas o de las mejores tierras permitió obtener un sustento periódico más o menos asegurado: la disponibilidad, de forma diaria y sin largos desplazamientos, de carne y derivados animales que facilitaban la subsistencia de una forma más cómoda. Esta revolución neolítica dio lugar a cambios realmente radicales respecto al mundo anterior. El ser humano se pudo beneficiar de ahorros de tiempo y esfuerzo que se dedicaron a otras actividades, desde las sociales hasta las culturales. También tuvo su lado negativo. Surgieron élites que, generalmente por medios no pacíficos, acumularon recursos agrícolas, ganaderos e industriales, situación que ha evolucionado hasta la actualidad. Hay otros factores que influyen como el esfuerzo personal, la imaginación e incluso la suerte pero es un hecho que está ahí.

Tras la reflexión anterior que intenta mostrar el impacto de un cambio tecnológico radical en un momento de la historia volvemos a la pregunta anterior – y ¿ahora qué? ¿Qué nos va a suponer el nuevo entorno digital que ya tenemos delante y que crece a velocidad exponencial?– El profesor Klaus Schaw, fundador del popularmente conocido como Foro de Davos, comenta en su libro La cuarta revolución industrial, «Por primera vez podemos afirmar que la cuarta revolución industrial acarrea la transformación de la humanidad, debido a la convergencia de sistemas digitales, físicos y biológicos que la protagonizan». Esto puede significar la integración de las máquinas y el Homo sapiens de tal forma que la especie humana podría cambiar a otra forma de vida, sobre todo intelectual.

Una nueva especie

¿Se podría aventurar que estaríamos ante una evolución o cambio de nuestra especie? ¿Nuestra integración con las máquinas supondrá tal salto? Da vértigo pensar en algo así. ¿Os imagináis por ejemplo una integración hombre-máquina que suponga que para aprender inglés, o español para los angloparlantes, sea suficiente con instalarnos el software de un curso de inglés?

En fin, esto supondría avances y beneficios extraordinarios. Oportunidades en todos los campos que nos podamos imaginar. Como lo fue la máquina de vapor como base para la Primera revolución industrial. En el siglo XIX se dieron movimientos sociales que veían este avance como una amenaza para el empleo y destruían las máquinas. Luego se vio que no fue así, al contrario. Hay que sacar el máximo partido de este nuevo entorno tecnológico. A nivel médico sobre todo en el campo neurológico y ortopédico, a nivel intelectual, empresarial, científico, cultural.

Sin embargo, como sucedió en la revolución neolítica, también puede haber impactos negativos. Se intentarán conformar nuevas élites con el objetivo de controlar, no ya la producción agrícola o industrial, sino llegar más allá y controlar los nuevos medios de producción. Estamos hablando del control sobre el pensamiento, a la desaparición de la creatividad humana que es uno de los rasgos básicos de nuestra especie; en definitiva, a la integración de hombre y máquina.

«La Angustia», de Edwin Garcia Maldonado

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