La cueva de Cudón y la complejidad del poblamiento humano en el cantábrico: una hipótesis fascinante

La cueva de Cudón y la complejidad del poblamiento humano en el cantábrico: una hipótesis fascinante

La cueva de Cudón (Miengo, Cantabria) forma parte de una nueva vía de investigación para el estudio de un conjunto de cuevas con pinturas rojas en Cantabria, que consisten en discos, puntos, trazos, manchas y otros signos no figurativos, muy distintos a las icónicas representaciones de animales en otras cavidades, entre los que abundan los bisontes, caballos y ciervos. Este enfoque de estudio fue abierto por Ramón Montes en Cudón, en 2011 y, a partir de él, Roberto Ontañón coordina desde 2013 en Cantabria un amplio trabajo de documentación gráfica de cuevas con pinturas rojas análogas.

En Cudón el registro pictórico es enorme. A pesar de ser relativamente desconocida, se trata del yacimiento con más y mejores pinturas rojas premagdalenienses de Cantabria, además de ser una cueva de gran complejidad por su longitud (2 km) y su geología (bastantes galerías bajas y zonas escondidas). En total, se han levantado 900 unidades gráficas. Corresponden a gestos artísticos en general, pero no se puede descartar que también haya transferencias de manos pintadas o de ropas manchadas de ocre que rozan la pared. En algunos casos, resulta difícil discriminar el hecho intencional artístico de lo que no es intencional pero que sucede en relación con aquél.

Por tanto, Cudón es un gran santuario de este tipo de arte paleolítico de pinturas rojas, bien fechado en el Gravetiense pleno (aprox. 26.000 años BP, 29.000-30.000 Cal BP) mediante cuatro dataciones por radiocarbono. En esta cronología está conviviendo, y tal vez compitiendo, con el arte mucho más espectacular de las grandes ciervas tamponadas, animales de tinta plana y otras pinturas rojas premagdalenienses de Covalanas, La Pasiega, El Castillo, El Pendo, etc. El 90% de su registro son pinturas rojas, y el resto son elementos negros, algunos morados, pequeños grabados entre los que se cuentan numerosos «macarronis» (grabados digitales hechos sobre pared arcillosa) y dos manos en negativo superpuestas, una horizontal y otra vertical, con posibles restos de una tercera.

Es sorprendente que, en una cueva de 900 pinturas paleolíticas con una gran diversidad de elementos, no haya ninguna representación animal, ni siquiera parcial, aun teniendo paredes lisas y grandes, óptimas para pintar. Ramón Montes lo explica para este blog: «Pensamos que es un arte con entidad propia, es decir, quien produce ese arte no quiere pintar animales. Esta es una corriente que conviviría con otras tradiciones naturalistas durante el Paleolítico superior cantábrico. No sabemos si esto responde a razones artísticas, culturales o religiosas, pero intuimos que se trata de un poco de todo, porque las explicaciones sencillas en arqueología funcionan mal». Hay otras 20 cuevas identificadas a partir de 2013 en el sector central de la cornisa cantábrica (entre los ríos Sella y Nervión), que tienen un arte parecido a la amplia referencia de Cudón, pero en formatos más reducidos y compactos, con menor número de elementos. Probablemente también son del Gravetiense, aunque solo una de ellas está datada, la cueva del Calero (en algo más de 25.000 años BP).

Cudón: signos en el techo del vestíbulo (izd), puntos y vulva bicolor (dch). Foto cortesía de Ramón Montes

¿Qué significa este arte? 

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Covalanas: la cueva de las ciervas rojas (que se mueven)

El Monte Pando (o Monte Haza), ubicado en el norte de la Península Ibérica, se formó durante la Orogenia Alpina hace unos 40 millones de años (Ma). El choque de placas tectónicas hizo emerger la roca caliza que conformaba el fondo de un mar cálido existente desde hacía 120 Ma. La acción de corrientes de agua fue erosionando y disolviendo la roca caliza hasta formar numerosas cavidades, en cuyas paredes se conservan conchas fosilizadas de mejillones, lapas y otros moluscos. En diez de las cavidades del monte se han encontrado evidencias prehistóricas de ocupación humana, destacando Covalanas, Cullalvera, La Haza y El Mirón.

El Mirón y Covalanas están situadas una debajo de la otra. Tienen una situación estratégica dominando el fondo del valle y la confluencia de dos ríos (Calera y Gándara), y es un lugar claramente visible desde un amplio territorio. Covalanas es la primera cueva con arte que se descubrió en España después de Altamira, en 1903, poco antes que las demás cuevas de la misma zona. El nivel original del suelo estaba un metro por encima del actual (hasta los años 1950 no se rebajó), pero en la zona de pinturas está en su nivel original. Aunque pocos años después de su descubrimiento se describieron algunos objetos líticos y paleontológicos hallados en la entrada de la cueva, el conjunto está muy poco diagnosticado y no aporta información sobre su cronología. Se suele considerar que los humanos que pintaban en Covalanas realizaban su actividad principalmente en El Mirón, donde existe un gran yacimiento. La destacada presencia de estos sitios en el monte pudo haber influido en la elección de la superior, Covalanas, como sitio singular para llevar a cabo las pinturas parietales (no hay grabados ni arte mueble).

Covalanas consta de dos galerías independientes, y las pinturas se concentran a lo largo de tan solo 12 m en la galería derecha, en la parte más profunda de la misma. En la galería izquierda hay también algunos restos de trazos negros. Se le llama también la cueva de las ciervas rojas, porque de las 22 representaciones zoomórficas 18 son ciervas, una de ellas tal vez preñada (muy similar a la cierva preñada de El Pendo); también hay un ciervo, un uro, un caballo, otro zoomorfo con rasgos híbridos, y varios signos y restos de coloración sueltos.

Plano de la Cueva de Covalanas. Imagen: Moure A, González M, González C (1990). Las pinturas rupestres paleolíticas de la Cueva de Covalanas (Ramales de la Victoria, Cantabria). Trabajos de prehistoria 47

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La cueva Denisova y los «tesoros» del nivel 11: ¿quiénes fueron los autores?

La cueva Denisova, localizada en las montañas Altai, fue descubierta en el siglo XVIII y sus restos arqueológicos comenzaron a llamar la atención a partir de los años 1970s. Este lugar siberiano se ha hecho indudablemente célebre en el estudio de la evolución humana porque allí vivieron de forma intermitente tres grupos humanos: denisovanos, neandertales y humanos modernos. De los denisovanos solo conocemos unos pocos restos muy humildes pero que han conservado material genético, suficiente para permitir la identificación de este grupo tal vez como nueva especie humana (pendiente de definición), diferente a las otras dos especies con las que se encontró (y se hibridó).

Pero la cueva también se ha hecho famosa por la riqueza de sus hallazgos paleontológicos (al menos 66 especies de mamíferos y 50 de aves encontradas allí) y de su registro arqueológico, que está compuesto por los siguientes estratos:

  • Los niveles más antiguos (21 y 22) contienen artefactos de técnica Levallois, destacando rascadores y denticulados, que reflejan las etapas iniciales del Paleolítico medio.

    Profile in the main gallery of Denisova. Photo: Adam Van Arsdale

  • Los niveles 12 al 20 recogen útiles de muy distintos tipos característicos del desarrollo de la industria del Paleolítico medio en la región.
  • El nivel 11 se ha atribuido al Paleolítico superior inicial. Su datación es difícil y estaría delimitada entre los 30 ka (borde próximo al nivel superior 10) y los 50 ka (borde del nivel inferior 12). Suele estimarse una edad entre 40-45 ka para los materiales de este nivel. Además del trabajo en piedra, también contiene útiles y objetos de adorno hechos en marfil y hueso, como veremos a continuación.
  • Del nivel 9 proceden sobre todo artefactos tipo cuchillos del Paleolítico superior, así como herramientas compuestas con microlitos.
  • Finalmente, los niveles 0 al 8 abarcan distintas etapas del Holoceno, desde las edades de los metales hasta la Edad Media.

La profusión de artefactos en el registro de Denisova, abarcando un amplísimo rango temporal, otorga a esta cueva una gran importancia para comprender la evolución cultural durante el Paleolítico en el norte y el centro de Asia. Pero, además, la impresionante colección de objetos del nivel 11 (casi medio centenar de objetos publicados, hechos de marfil de mamut, dientes de otros animales hervíboros y carnívoros, cáscara de huevo, huesos alargados, concha de molusco, piedras singulares…) permiten caracterizar aspectos de la vida social y cultural del Paleolítico superior inicial. Algunos de estos «tesoros» se describen a continuación:

Figurita zoomorfa (“león”)

Mide 42x8x11 mm. Fabricada en marfil traído posiblemente desde una larga distancia. Por su similitud con otras figuritas del Auriñaciense en Alemania (35-40 ka), se ha interpretado como un fragmento de león cavernario (Panthera spelaea) que conserva sus patas traseras, pero no las delanteras, ni la cabeza. En ambos lados del cuerpo tiene numerosas líneas grabadas en grupos de cuatro, que podría ser el pelaje, y toda la pieza está pulida. Las patas están dobladas con una postura que sugiere que el animal está corriendo, saltando o preparándose para saltar. El vientre tiene restos de ocre.

“Lápiz” de hematita y piedra de mármol con restos de ocre

Una lasca de hematita que se emplearía para grabar marcas de color marrón rojizo a modo de “lápiz”, y un guijarro de mármol con presencia de restos de ocre, que podrían estar asociados con el zoomorfo descrito anteriormente.

(Arriba, izquierda) Cave lion from the Denisova Cave & (Abajo) Coloured ‘pencil’ and marble pebble with traces of ocher. Credit: SB RAS Institute of Archeology and Ethnography. (Arriba, derecha) Cave lion and hybrid “lion-man” representations from the Swabian Aurignacian. 1, 2, 4, 5: Vogelherd, 3: Hohle Fels, 6: Geissenklösterle, 7: Hohlenstein-Stadel. Unscaled. Credit: J. Lipták and H. Jensen (University of Tübingen), Y. Mühleis (Landesamt für Denkmahlpflege BadenWürttemberg, Regierungspräsidium Stuttgart), University of Tübingen and Museum Ulm. Courtesy of Kurt Wehrberger.

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Maltravieso, pinturas y neandertales

La presencia humana en la zona de Cáceres comienza hace muchos miles de años, gracias a una abundante y constante masa de agua localizada en el Calerizo que formó un sistema de cuevas. Durante el Carbonífero Inferior (359-326 Ma) el espacio sobre el que hoy se asienta Cáceres era el fondo de un mar cálido. Por acción de las fuerzas tectónicas los sedimentos marinos se plegaron y emergieron formando un pliegue sinclinal. El Calerizo de Cáceres es una capa de roca caliza que ocupa la parte central de ese pliegue. A lo largo de milenios el agua fue disolviendo el carbonato cálcico de la roca configurando un importante acuífero, surgiendo de esta zona calcárea un manantial permanente que originó la denominada ribera de El Marco, y moldeando tres cuevas: Maltravieso y El Conejar, próximas entre sí, y Santa Ana.

Santa Ana conserva los indicios más antiguos de presencia humana, de hace alrededor de medio millón de años, cuando distintos grupos humanos (¿Homo heidelbergensis?) alternaban el uso de la cueva con hienas y osos. Hay muchos restos de rinoceronte con marcas de corte y restos de útiles de industria Achelense.

El Conejar está muy deteriorada, pero como dato más significativo, se ha podido determinar que fue habitada por las últimas sociedades de cazadores y recolectores del Mesolítico hace 9000 años, y por los primeros grupos del Neolítico hace unos 7000-8000 años.

Maltravieso se descubrió en 1951 por la explotación del lugar como cantera de piedra caliza para material de construcción. Los primeros hallazgos fueron huesos y fragmentos de cerámica de enterramientos de la Edad del Bronce. El uso como cantera prosiguió hasta 1956, cuando Carlos Callejo (en aquellos momentos conservador del Museo de Cáceres) descubrió representaciones de manos y otras figuras paleolíticas en las paredes, y comenzó a protegerse el lugar como bien cultural. Originalmente la cueva tenía 133 m de longitud (77 m en la actualidad), con 2000 m2 de superficie y 8 salas distribuidas a lo largo de un corredor común que las conecta. Por sus restos arqueológicos destacan tres salas:

  • Sala de los Huesos, con artefactos líticos del Modo 3 o Musteriense, y huesos de gran variabilidad de fauna (lepóridos, hiénidos, équidos, cérvidos, etc.) algunos con marcas de corte, de cronología entre 180-117 ka.
  • Sala de las Chimeneas, con materiales de 21 ka: útiles de sílex, conchas marinas perforadas, un hueso grabado y restos de fauna (lepóridos y équidos principalmente), también algunos con marcas de corte.
  • Sala del Descubrimiento, desaparecida durante los trabajos de cantería que dejaron a la luz la cueva, y donde se hallaron los restos humanos (entre ellos, un cráneo trepanado) y de cerámica de la Edad del Bronce. En total son 11 individuos de diversas edades los encontrados en esta necrópolis.

Cráneo trepanado de Maltravieso (réplica), Edad del Bronce. Crédito: Roberto Sáez

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La Dama Roja de El Mirón

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La región cantábrica cuenta con una sensacional riqueza de yacimientos del Paleolítico Superior, muchos ubicados en cuevas. En esta entrada me detengo en un importante hallazgo en 2010 en la Cueva El Mirón (Ramales de la Victoria, Cantabria): el esqueleto de una mujer cubierto de ocre rojo muy brillante, que fue apodado la Dama Roja de El Mirón.

Hace 18.500 años, el cuerpo de la Dama Roja se colocó de lado tras un gran bloque de piedra derrumbado, sobre el cual se realizaron algunos grabados lineales contemporáneos al depósito, entre los que se han interpretado las representaciones esquemáticas de una mano y de un triángulo púbico:

Grabados asociados al enterramiento de El Mirón. Fuente: web.unican.es/noticias/Paginas/2015/abril/Quien-era-y-como-vivia-la-dama-roja-de-El-Miron.aspx

Tras la descomposición de los restos orgánicos, un lobo o perro mordió una tibia y, posteriormente, se extrajeron varios huesos largos y el cráneo (sin la mandíbula, que se dejó), y el resto del cuerpo fue cubierto de nuevo con ocre, sedimento y piedras. El ocre proviene del Monte Buciero (Santoña) situado a 26 km de El Mirón.

Por todas estas características, se considera el enterramiento de un individuo especial. ¿Por qué reubicaron algunas partes del cuerpo? ¿Qué hacía tan singular a este individuo? Además, este caso tiene gran importancia por el cortísimo registro de enterramientos del Magdaleniense encontrados en la Península Ibérica. Una hipótesis que explicaría dicha escasez estaría relacionada con la posible práctica de llevarse el cráneo y partes del cuerpo a otro lugar (enterramiento secundario).

Enterramiento Dama Roja de Cueva El Mirón. Crédito: Straus LG et al (2015)

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