La cueva de Santa Ana, el Achelense sobre grandes lascas y los intrigantes esferoides

La cueva de Santa Ana, el Achelense sobre grandes lascas y los intrigantes esferoides

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Desde 2001 hasta 2017 se ha estado trabajando en la secuencia estratigráfica de la zona de entrada actual a la cueva de Santa Ana, ubicada en Cáceres (España). Se ha excavado un área de unos 20 m2, con 13 m de profundidad. El abundante conjunto lítico recuperado (578 objetos) se incluye en el tecnocomplejo Large Flake Acheulean (LFA), caracterizado por la configuración de herramientas achelenses sobre lascas de gran tamaño (mayores de 10 cm). En este yacimiento por el momento se han recuperado 141 percutores, 47 bifaces, 36 lascas retocadas y 210 sin retocar, 87 núcleos, 6 picos, 10 hendedores y 18 esferoides. El 69% del material está tallado en cuarzo, trabajado con gran destreza, empleándolo incluso en la configuración de bifaces sobre grandes lascas. Su datación por ahora está pendiente. Hay una plancha estalagmítica datada en 112 ka (miles de años). Esta plancha cubre el depósito e indica que como mínimo tiene esa cronología. Los restos de fauna asociados a esta industria lítica son del Pleistoceno medio pero su cronología no se conoce aún con exactitud.

El estudio recién presentado permite comparar este conjunto lítico en el contexto de la península ibérica, donde existen otros yacimientos con Large Cutting Tools (LCTs), así como analizar el uso de los materiales en el lugar y la aparición de esferoides. En Santa Ana los esferoides son elementos bien representados a diferencia de otros yacimientos. Existe un parecido morfológico entre las herramientas de Santa Ana y los bifaces, picos y hendedores de otros conjuntos achelenses de la península, lo que viene a reforzar cierta homogeneidad observada en el Achelense peninsular. Pero en Santa Ana se advierte algo inédito, no solo en la península, sino en toda Europa, que destaca para este blog Francisco Javier García Vadillo, investigador principal de este trabajo:

  1. La configuración sistemática de bifaces achelenses sobre grandes lascas.
  2. La asociación de Large Cutting Tools (bifaces, hendedores y picos) y esferoides, artefactos muy poco conocidos que veremos a continuación.
  3. El uso frecuente del cuarzo como materia prima.

La industria LFA de Santa Ana nos recuerda al primer achelense del este de África (p.ej. Lecho II de Olduvai) de 1,75 millones de años (Ma), y la asociación esferoides/LCTs se encuentra en los sitios esteafricanos de Olorgesailie, Isimila y Kalambo Falls, en el Corredor Levantino (North Bridge Archaeological Site, de 0,6 Ma), y en yacimientos asiáticos del Pleistoceno inferior y medio de India (Singi-Talav) y China (Shuigou-Huixinggou). Aunque se ha mencionado la presencia de esferoides en dos yacimientos europeos, hay dudas respecto a su posible origen natural. Otros sitios con LFA son los conjuntos del norte de África en Casablanca (Marruecos), Thomas Quarry L, Sidi Abderrahmane y Rhinoceros Cave, que abarcan entre 1,4 y 0,4 Ma. En la península ibérica existe LFA, pero en menor proporción ya que el uso de grandes lascas para la configuración de bifaces no es tan frecuente como en Santa Ana. Por ejemplo, en el nivel TD10 de Gran Dolina hay una decena de bifaces y no hay hendedores. Sigue leyendo

¡Cuidado! Équidos tallando olduvayense

¡Cuidado! Équidos tallando olduvayense

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Un curioso estudio de talla experimental con équidos viene a llamar la atención a la hora de interpretar algunas piezas olduvayenses. Recordamos que esta industria comienza a extenderse desde hace 2,6 Ma (millones de años), y está compuesta por lascas y nódulos fragmentados con filos cortantes. Pues bien, tras observar los productos de piedras golpeadas por burros, Santiago David Domínguez-Solera y otros compañeros idearon un protocolo experimental con équidos no herrados, dejándoles ciertas rocas durante 52 días para desgastar sus pezuñas, con foto-trampas para registrar las acciones. Fueron 12 nódulos de cuarcita y 2 de sílex, con dimensiones similares a las de los empleados por los homininos olduvayenses (aproximadamente 20×15 cm). Los animales eran tres burras adultas (Equus africanus asinus) de 200-300 kg de peso, y también durante dos días una yegua (Equus caballus) de 500 kg, en un entorno controlado y abierto de una hectárea de tamaño cerca de Cuenca (España).

El resultado de este trabajo fueron 37 «artefactos» producidos por el impacto de las pezuñas sobre las rocas, así como por la presión al pisarlas ocasionalmente. Los équidos las rompían en pedazos de un solo golpe. A veces, la repetición de impactos daba lugar a núcleos «muy reducidos». Las lascas resultantes se parecen mucho a las piezas olduvayenses talladas con técnica bipolar. «Esta técnica consiste en trabajar los nódulos sobre un yunque partiéndolos por la mitad y sacando lascas, y era muy frecuente hace unos 2 Ma en el este de África, aunque con este método también se pueden obtener productos más finos como las hojitas gravetienses de El Palomar (Yeste, Albecete)», añade para este blog José Manuel Maíllo Fernández, coautor del trabajo.

Previamente se había documentado el corte de piedras por bonobos (muy diferente a la talla olduvayense realizada por homininos) y también por monos capuchinos en Brasil. Estos son los únicos primates no humanos que en estado salvaje golpean unas rocas con otras a propósito para romperlas, aunque no con el objetivo de usarlas como herramientas, sino para chupar las sales que hay dentro de la roca como complemento nutricional. En este caso, la extracción repetida de lascas desde un mismo canto se facilita al estar la piedra recogida dentro de suelos conglomerados. Cuando el martillo y el canto están fuera del suelo, los monos capuchinos no realizan esta acción. Sigue leyendo

Nuevas huellas en Laetoli, pero de otro hominino diferente

Nuevas huellas en Laetoli, pero de otro hominino diferente

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Seguramente todos hemos oído hablar de las huellas de Laetoli: un conjunto de unas 70 icnitas (huellas fosilizadas) asignadas a tres individuos de Australopithecus afarensis que caminaban hace 3,66 Ma (millones de años) sobre un suelo de ceniza volcánica, rápidamente endurecido y cubierto por nueva ceniza, lo que permitió conservar este tesoro hasta su hallazgo en 1978 por Mary Leakey y su equipo. Estas huellas dejadas a lo largo de 27 metros (denominado sitio G) permitieron confirmar el caminar totalmente bípedo de estos homininos antepasados de Lucy: pisaban apoyando bien el talón, recorriendo el arco del pie e impulsando el paso finalmente con los dedos, en concreto fuertemente con el pulgar.

Lo que tal vez no sea tan popular es que 26 años después, en 2014 se halló otro conjunto de icnitas en el sitio S, a tan solo 150 metros del anterior, compuesto por 14 huellas dejadas por otros dos individuos (13 de uno y 1 de otro), a lo largo de 32 metros. Estas son virtualmente contemporáneas a las dejadas por los australopitecos del sitio G. Comparando las características de las pisadas, parece que los autores fueron también Australopithecus afarensis. Otros muchos animales dejaron sus huellas en Laetoli (mamíferos como bóvidos, jirafas, équidos, rinocerontes, etc. además de aves e insectos), hasta en 33 sitios distintos que se venían estudiando desde principios de los años 1970s.

Así, pocos sabrán que 2 años antes del primer hallazgo, en 1976 se había excavado un camino de icnitas en otro de esos sitios, el A, entre las que había 5 seguidas que también habían levantado sospechas sobre una posible autoría de homininos. Sin embargo, su forma presentaba dudas y también se planteó que pudo hacerlas un oso joven erguido sobre sus patas traseras. Como pronto se encontraron las famosas huellas indiscutibles del sitio G, las dudosas del A quedaron un tanto olvidadas.

Por fin, un nuevo trabajo ha excavado y «rescatado» de nuevo aquellas huellas del sitio A, limpiando su relleno por completo. Gracias a su estudio y la comparativa con otras huellas humanas, de chimpancé y de osos caminando erguidos, con formas del pie similares a las huellas de Laetoli, sus investigadores confirman la autoría prehumana de las mismas. «[Los osos] no pueden caminar con una marcha similar a la de las huellas del sitio A, ya que la musculatura de su cadera y la forma de sus rodillas no permiten ese tipo de movimiento y equilibrio», indica Jeremy DeSilva, coautor de este estudio. Los talones de los osos se estrechan y sus dedos y pies tienen forma de abanico, mientras que los pies homininos tienen una forma más rectangular y un dedo pulgar prominente. Por tanto, no fueron osos sino homininos bípedos los que dejaron ese rastro. Curiosamente, ese individuo estaba cruzando una pierna sobre la otra al caminar, lo que se ha identificado como una acción para restablecer el paso balanceado, tal vez por una irregularidad del terreno.

Huellas de Laetoli

Huellas de Laetoli A3 (izda, por Jeremy DeSilva) y G1 (dcha, por Eli Burakian/Dartmouth).

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Issa, el Australopithecus sediba bípedo y trepador

Issa, el Australopithecus sediba bípedo y trepador

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Hacía demasiado tiempo que no escribía sobre australopitecos, los irrepetibles homininos de donde procede el linaje humano. Ahora, un nuevo trabajo sobre esta especie despierta nuestra atención y, para empezar, fijaos más abajo en la sorprendente ilustración de un Australopithecus sediba trepador que acompaña al estudio.

Australopithecus sediba es una especie definida por Lee Berger y otros en 2010 para un conjunto de fósiles hallados en el yacimiento de Malapa (Sudáfrica) desde agosto de 2008, que fueron datados en 1,977 Ma. Se trata de una especie intringante de australopiteco, debido a que es contemporánea a los restos de Homo erectus más antiguos (de 1,95-2,04 Ma) hallados en la cueva de Drimolen, a pocos kilómetros de Malapa.

En esta región tan interesante para el estudio de la evolución humana, en un corto intervalo temporal alrededor del umbral de 2 Ma encontramos a los últimos australopitecinos (representados por sediba), a los primeros humanos (el erectus de Drimolen), a otros homininos tan singulares como los parántropos, y herramientas de piedra y hueso cuya especie autora no es fácil determinar. La diversidad taxonómica de la fauna se aprecia en muchas otras especies locales, indicando un importante momento de evolución y dispersión en el marco de la variabilidad climática que estaba sucediendo.

¿Qué hace intrigante a Australopithecus sediba?

El registro fósil de Au. sediba incluye dos esqueletos muy completos, MH1 (un macho joven) y MH2 (una hembra adulta), y otros restos fragmentarios. El mosaico de rasgos derivados y primitivos en sediba le otorgan una interesante morfología intermedia o de transición entre Australopithecus y Homo.

Comparado con Au. africanus, Au. sediba tiene una cara más plana, menos proyectada, no tiene cresta nucal, y algunos rasgos más gráciles como los cigomáticos y la glabela. Se han identificado similitudes de algunas características con las de los Homo de Dmanisi (que tienen 1,8 Ma). Sin embargo, sediba mantiene un cerebro pequeño, y siguen siendo primitivos otros rasgos como las órbitas, la región nasal, la dentición bulbosa (aunque no grande), las líneas temporales del cráneo, y la originación superior de los músculos maseteros.   Sigue leyendo

Leti: el primer cráneo infantil de Homo naledi

Leti: el primer cráneo infantil de Homo naledi

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Por fin hemos conocido los restos de Leti, un individuo infantil de 4 a 6 años de edad que perteneció a la especie Homo naledi. Hasta hoy, el registro fósil de Homo naledi se componía de más de 2000 huesos y dientes procedentes de dos cámaras del sistema de cuevas de Rising Star: Dinaledi (U.W. 101, con más de 1800 fósiles) y Lesedi (U.W. 102, con 133 fósiles). Leti está representado por 28 fragmentos de cráneo y 6 dientes, y se halló en 2017 en un pasaje remoto y estrecho de la cueva (U. W. 110), tras una zona denominada «Chaos Chamber». Se trata del tercer sitio con fósiles humanos en Rising Star, situado a 12 metros de la cámara de Dinaledi.

El cráneo de Leti apareció aislado, sin otras partes del cuerpo. Todavía no está datado directamente, pero la proximidad de la cámara de Dinaledi, cuyos fósiles tienen 236-335 ka (miles de años) es una buena referencia por el momento. Su apodo se eligió por la palabra setsuana «letimela», que significa «el perdido». Todavía no se ha determinado su sexo.

La importancia de encontrar homininos juveniles

Los hallazgos de individuos juveniles en el registro fósil son extremadamente raros, porque sus huesos son delgados y frágiles. Pero son muy importantes para entender el crecimiento y el desarrollo de cualquier especie.

En 2020 se publicaron los restos y el primer esqueleto parcial de un Homo naledi de entre 8 y 15 años de edad procedente de Dinaledi (una hemimandíbula y 16 fragmentos poscraneales). Pero ahora Leti proporciona el primer cráneo infantil de la especie. Al reconstruirlo, muestra las órbitas frontales, la parte superior del cráneo y 6 dientes. En particular, algunas características de este fósil son:

  • El tamaño estimado del cerebro es de 480-610 cc, que corresponde al 90%-95% de la capacidad cerebral de un adulto.
  • La glabela está bien conservada y tiene una forma muy similar a la de los adultos de esta especie.
  • Los dientes son muy similares a los de otros Homo naledi en cuanto a su forma y tamaño.

A reconstruction of the skull of Leti in the hand of Professor Lee Berger. Credit: Wits University

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