Nuevas señales de selección natural: la evolución humana continúa ¿y se acelera?

Nuevas señales de selección natural: la evolución humana continúa ¿y se acelera?

Un trabajo de Akbari, Perry, Barton y colaboradores (2026) observa un aumento en la intensidad de la selección natural en el registro genómico durante los últimos 10.000 años. Se trata del mayor estudio realizado hasta ahora sobre ADN humano antiguo, con datos de 15.836 euroasiáticos occidentales (10.016 con nuevos datos), procedentes de poblaciones antiguas de Europa y Oriente Próximo desde el surgimiento de la agricultura.

Los resultados muestran que la selección natural ha tenido un papel muy intenso en la evolución humana reciente, a través de numerosos casos de selección direccional, un proceso en el que variantes genéticas ventajosas aumentan rápidamente en frecuencia. Este trabajo aporta evidencia sólida de que la evolución humana no solo continúa, sino que se caracteriza por una mayor intensidad o detectabilidad de señales de selección en el registro reciente de Eurasia occidental.

El auge de la agricultura introdujo nuevos alimentos, patógenos y otros desafíos a medida que las poblaciones crecían y aumentaba la proximidad con animales domesticados. Esta gran transformación de los sistemas sociales y económicos humanos lógicamente tuvo consecuencias adaptativas. Sin embargo, los estudios genómicos hasta ahora solo habían identificado alrededor de una veintena de casos de selección reciente ampliamente aceptados, entre los que destacan:

  • La persistencia de la lactasa, es decir, la tolerancia a la leche en adultos en buena parte de la población mundial, que es el caso paradigmático de selección fuerte y reciente.
  • La pigmentación de piel, ojos y cabello como adaptación a la radiación ultravioleta.
  • La resistencia a determinadas enfermedades infecciosas, como la malaria (anemia falciforme).

Otras posibles señales identificadas estaban más discutidas, como el metabolismo de la dieta (almidón, grasas, etc.) o ciertas funciones inmunitarias. En conjunto, predominaba una cierta idea de que los pulsos de selección fuerte y rápida eran relativamente escasos en la evolución humana reciente.

El nuevo estudio incrementa radicalmente el tamaño de la muestra y, sobre todo, permite analizar directamente cambios por selección direccional en la frecuencia de variantes genéticas en diferentes grupos que vivieron en diferentes épocas. Esto hace más posible distinguir la acción de la selección natural de otras fuerzas como la deriva genética, cambios aleatorios o reemplazos poblacionales que también alteran la composición genética (por ejemplo, la sustitución de cazadores-recolectores europeos por agricultores de Oriente Próximo), aunque asegurar esa distinción sigue siendo un trabajo complejo.

Como resultado, se identificaron 479 variantes candidatas con indicios de selección direccional, de distinta magnitud y robustez. Entre los principales patrones observados destacan:

  • Enfermedades infecciosas y sistema inmunitario, gran protagonista de los resultados de este trabajo: variantes que afectan a la respuesta a patógenos y la inflamación, que sugieren una adaptación continua a epidemias y nuevos entornos, siempre teniendo en cuenta que las trayectorias de variantes inmunes suelen implicar combinaciones complejas, no adaptaciones lineales. Algunos ejemplos son:
    • Una variante genética vinculada a un mayor riesgo de desarrollar esclerosis múltiple (Barrie et al. 2024) experimentó un aumento drástico en su frecuencia hace unos 6000 años, pero se ha vuelto menos común en algunos grupos europeos en los últimos 2000 años.
    • Una variante vinculada a la susceptibilidad a la tuberculosis se volvió menos común en los últimos 3000 años (Kerner et al., 2021) pero, antes de esto, su frecuencia aumentó considerablemente, posiblemente debido a la aparición de otros patógenos.
    • Una variante que confiere resistencia al VIH en los humanos modernos se hizo más común hace entre 6000 y 2000 años, posiblemente porque también protegía contra las bacterias causantes de la peste, aunque esta es una hipótesis muy debatida.
  • Metabolismo y dieta: señales en genes implicados en el procesamiento de nutrientes y el uso de energía, más allá del caso clásico de la lactasa, que ilustran una adaptación compleja a dietas agrícolas.
  • Rasgos complejos (poligénicos): combinaciones de alelos relacionados con rendimiento cognitivo, estatura o menor grasa corporal parecen haber aumentado su frecuencia, mientras que habrían disminuido la frecuencia de combinaciones relacionadas con diabetes tipo 2, esquizofrenia o trastorno bipolar. Estos resultados son inciertos, ya que los efectos poligénicos están calibrados en poblaciones modernas y son sensibles a sesgos poblacionales y estratificación, por lo que no está claro cómo se podrían extrapolar a fenotipos adaptativos en el pasado.
  • Pigmentación: identificación de diez variantes asociadas a tonos de piel más claros y el cabello rojo.
  • Otros rasgos fisiológicos: cambios en variantes relacionadas con crecimiento, desarrollo y funciones biológicas generales. Como curiosidad, una causa de la calvicie masculina se ha vuelto mucho menos común en los últimos 7000 años, lo que ha contribuido a una disminución estimada del 1-2 % en la prevalencia de la calvicie.

En conjunto, los resultados indican que la selección natural reciente ha sido mucho más frecuente y extendida de lo que se pensaba, afectando especialmente a rasgos complejos y poligénicos, no solo a mutaciones simples. Además, la intensidad de estos procesos parece tener un «pico» durante la Edad del Bronce, hace unos 5000 años, posiblemente como consecuencia de una intensificación de los cambios en el estilo de vida iniciados en el Neolítico, hace unos 10.000 años.

Un elefante procesado en EAK (Olduvai) hace 1,78 Ma: implicaciones para el origen de la cooperación

Un elefante procesado en EAK (Olduvai) hace 1,78 Ma: implicaciones para el origen de la cooperación

Viajemos a uno de mis periodos favoritos en la evolución humana: aquel en que algunos representantes de Homo tempranos comienzan a desarrollar comportamientos de cooperación. Se trata de grupos de pocas decenas de individuos y algún grado de división de tareas entre miembros. Es difícil pensar en el éxito de aquellos primeros humanos sin ciertas conductas complejas de organización. Aunque todas estas cuestiones siguen siendo objeto de debate, muchos me habréis visto defender en repetidas ocasiones que en este contexto tenemos que buscar también el origen de los cuidados entre humanos.

Manuel Domínguez-Rodrigo y colaboradores, grandes conocedores de la Garganta de Olduvai, presentan la evidencia más antigua (hasta ahora) de aprovechamiento de un elefante, asociada al sitio EAK (Emiliano Aguirre Korongo), en el Lecho II de Olduvai, datada en unos 1,78 Ma (millones de años).

Se documenta un esqueleto parcial juvenil con 153 restos correspondientes a 46 elementos esqueletales de Elephas recki, junto con 80 artefactos líticos en el mismo nivel (herramientas de percusión, núcleos, lascas, subproductos de talla), bien conservados y con bordes afilados. Los autores interpretan esta acumulación como la concentración de un episodio de procesado de carcasa, no el resultado de una deposición casual. Huesos y artefactos forman una concentración muy densa en el centro del yacimiento, y el análisis espacial sugiere una asociación funcional entre ambos conjuntos.

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¿Un origen híbrido para los neandertales? Nuevas hipótesis sobre expansión africana y redes matrilineales

¿Un origen híbrido para los neandertales? Nuevas hipótesis sobre expansión africana y redes matrilineales

No es novedad que el paradigma del siglo XXI en evolución humana sea un rompecabezas genético reconstruido a partir del ADN antiguo (ADNa). En el último mes, dos estudios amplían nuestro conocimiento y proponen hipótesis tentativas (siempre con la cautela de que son modelos para avanzar, no conclusiones definitivas).

Un preprint del genetista David Reich (2026) propone un modelo demográfico para explicar aspectos de la historia de los linajes de neandertales y de humanos modernos. Según este modelo, hace entre 400 ka y 250 ka (miles de años) se produjo una expansión demográfica africana (expansión de rango o range expansion) de poblaciones asociadas a la Middle Stone Age (MSA) y la tecnología de núcleo preparado Levallois. Al expandirse hacia Eurasia, estas poblaciones habrían interactuado con grupos locales, probablemente similares a los representados en la Sima de los Huesos (Atapuerca, España), produciendo una mezcla genética muy asimétrica: la población resultante tendría aproximadamente 95% de ascendencia local basal (tipo Sima) y solo 5% de ascendencia moderna en ADN nuclear.

Aunque sería limitada esa contribución autosómica (a través de los autosomas, cromosomas no sexuales), el modelo de Reich muestra que bastaría para explicar el reemplazo completo de linajes uniparentales, como el ADN mitocondrial (ADNmt) y el cromosoma Y, debido a la dinámica de deriva y a redes de parentesco estructuradas. Las simulaciones indican que incluso una expansión numerosa puede dejar únicamente ese 5% de ascendencia autosómica africana en la población resultante. Este escenario corresponde cronológicamente a la aparición de paralelos culturales entre África y Eurasia en el Paleolítico medio, como la tecnología Levallois, el hafting (enmangado de herramientas) más sofisticado o el uso intensivo del fuego.

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La construcción genética en Asia oriental: mezclas antiguas y transformaciones durante el Holoceno

La construcción genética en Asia oriental: mezclas antiguas y transformaciones durante el Holoceno

Un trabajo de Guanglin He y colaboradores describe 160.000 años de dinámicas poblacionales y adaptaciones biológicas a través de un completo estudio genómico en Asia oriental, con foco principalmente a partir del Paleolítico superior.

El resultado es una historia de contactos con humanos arcaicos, divergencias poblaciones durante el Pleistoceno y expansiones agrícolas durante el Holoceno. Esta nueva publicación refleja el fuerte crecimiento del volumen de datos de ADN antiguo de Asia oriental en los últimos años, aunque los resultados están limitados por la falta de muestreo en regiones cálidas y húmedas como el sur de China, donde la conservación del ADN es muy difícil.

Se han identificado varias oleadas de introgresión arcaica en antepasados de los asiáticos orientales actuales: una introgresión neandertal compartida con todos los humanos modernos no africanos (aunque en Asia oriental hay evidencia de mayor proporción relativa respecto a los europeos) y, por otra parte, múltiples pulsos de introgresión denisovana, al menos uno con alcance geográfico amplio y otro más específico de Asia oriental.

Estas mezclas no fueron uniformes y se dieron en contactos repetidos con grupos arcaicos variados. Algunos fragmentos heredados, como el haplotipo EPAS1 en tibetanos, muestran una relación directa con adaptaciones funcionales, especialmente a gran altitud. Otros fragmentos pueden haber influido en rasgos relacionados con inmunidad, radiación ultravioleta o características de la piel.

En conjunto, la región tuvo múltiples linajes con trayectorias propias antes de la expansión neolítica.

  • Dos individuos analizados representan linajes tempranos de Asia oriental que tienen afinidades con grupos paleolíticos de Eurasia: Tianyuan (40 ka) y AR33K (33 ka).
  • Tras el Último Máximo Glacial se produjeron reemplazos o reorganizaciones demográficas en el noreste asiático, con nuevas poblaciones como la representada por el individuo AR19K.
  • A esta complejidad se suma otra evidencia procedente del norte de China donde, a partir del ADN de tres individuos que vivieron hace entre 11 ka y 9 ka en Donghulin (oeste de Pekín), se ha identificado un linaje humano hasta ahora no descrito que se remonta al final de la última glaciación (Zhang et al., 2026). Este grupo, genéticamente diferenciado de otros ya conocidos en Asia oriental, sugiere la existencia de poblaciones relictas o escasamente representadas en los genomas actuales, reforzando la idea de que la diversidad humana en la región durante el Pleistoceno tardío fue mayor de lo que indican los registros disponibles.
  • En el sur, poblaciones como las de los individuos MZR, Qihe3 y Longlin reflejan una diversidad genética antigua y, en algunos casos, aportaciones a poblaciones posteriores e incluso a los primeros americanos, reflejando una compartición de ascendencia de algunos linajes del este asiático con los ancestros de los nativos americanos.
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Evolución no lineal en los primeros Homo: el caso del cráneo DAN5

Evolución no lineal en los primeros Homo: el caso del cráneo DAN5

A partir de cinco fragmentos craneales/faciales y cinco dientes, se ha logrado reconstruir virtualmente el cráneo DAN5/P1 (Baab, Kaifu, Freidline et al., 2025). El fósil procede de Gona (Etiopía) y está datado en 1,6-1,5 Ma. Este trabajo ha dado como resultado uno de los cráneos de Homo más completos de su marco temporal.

DAN5 presenta un mosaico morfológico que, una vez más, cuestiona visiones evolutivas lineales entre Homo habilis y Homo erectus. Sus principales características son:

  • Cráneo pequeño, con un volumen de unos 598 cc, claramente por debajo del promedio de H. erectus africano clásico, solapándose con el de H. habilis y otros Homo tempranos.
  • Rasgos típicos de H. erectus, como un toro supraorbital desarrollado, perfil craneal bajo y alargado, glabela marcada y parietales relativamente rectos.
  • Cara corta y relativamente ortognata, con plano medio casi vertical, pómulos transversalmente planos y menor prognatismo que en muchos Homo tempranos, aunque sin los rasgos derivados de H. sapiens.
  • Región nasal plana y estrecha, similar a la de H. habilis. La baja posición de la nariz y de la cara en general recuerda a OH 24 (H. habilis) y D4500 (H. erectus Dmanisi), en contraste con las caras más altas y robustas de KNM-ER 3733 y ER 3883 (H. erectus africanos).
  • Paladar anterior ancho y casi cuadrangular, con arcada dental relativamente expandida anteriormente, consistente con condiciones plesiomorfas dentro de Homo.
  • Dentición y mandíbula con proporciones y robustez cercanas a Homo temprano. El tamaño relativo de molares y premolares es una plesiomorfía respecto a H. erectus africanos.
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