Dos buenos ejemplos de didáctica de la evolución en museos

Recientemente he conocido dos buenos ejemplos de didáctica de la evolución en museos, gracias a unas minivacaciones en Barcelona.

En primer lugar, el Museo de Ciencias Naturales, donde la exposición “Planeta Vida” explica de forma muy audiovisual la historia de la Tierra. Destaco algunos ejemplares de la colección de fósiles y minerales:

De izquierda a derecha: 1) Mioplosus que probablemente murió por no poder tragarse a su presa; ambos quedaron fosilizados. 2) Archaeopteryx lithografica, descubierto en 1861 en Alemania, considerado una forma de transición entre dinosaurios y aves. Crédito fotos: Roberto Sáez.

Por supuesto, la colección incluye a algunos de los representantes más icónicos de la evolución humana:

De izquierda a derecha: 1) KNM ER 3733 (Homo ergaster), ER 1470 (Homo rudolfensis) y humano moderno, 2) Arago XXI (¿Homo heidelbergensis?), 3) Niño de Taung (Australopithecus africanus), 4) Lucy (Australopithecus afarensis). Crédito fotos: Roberto Sáez.

En la parte final de la exposición hay un conjunto de vitrinas con numerosos especímenes de animales y plantas provenientes de colecciones históricas del museo, demasiado amontonadas para mi gusto. Me detuve en los primates:

De izquierda a derecha: 1) y 2) Gorila occidental (Gorilla gorilla), 3) Gibón crestado (Nomascus), 4) Cercopiteco diana (Cercopithecus diana), 5) Chimpancé común (Pan trogodytes). Crédito fotos: Roberto Sáez.

El segundo museo me sorprendió gratamente, Cosmocaixa, por su excelente zona dedicada a la evolución humana:

De izquierda a derecha: 1) Neandertales y cognición, 2) Neandertales y recursos, 3) Encefalización, 4) Homo habilis, los primeros fabricantes. Crédito fotos: Roberto Sáez

Hasta ahora, creo que esta ha sido la mayor de las reproducciones de las huellas de Laetoli que he visto:

Y como colofón, estaba temporalmente expuesto uno de los tres esqueletos más completos de Tyrannosaurus rex, y el más antiguo (67 Ma). Recuperado en Montana (USA) en 2014, se trata de una hembra que vivió excepcionalmente 30 años. Conserva visibles varias evidencias de lesiones e infecciones.

Me faltó por visitar el Abric Romaní. Para otra ocasión.

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