Actualizado junio 2026
Tal como ocurre en todos los aspectos de la evolución (humana o no humana), tampoco sigue patrones lineales el crecimiento del cuerpo en el género Homo. El tamaño corporal es un factor determinante para comprender la estrategia adaptativa de las especies humanas que nos precedieron. Conocemos la historia general sobre el incremento notable del tamaño corporal de nuestros ancestros, desde el pequeño cuerpo de los autralopitecinos, seguido por un tamaño similar, prácticamente indistinguible del anterior, en el cuerpo de Homo habilis, hasta el más alto y esbelto de Homo erectus.
Para empezar, hemos de considerar dos aspectos que rompen esta narrativa. Por el lado de los australopitecinos, vamos conociendo algunos individuos con un cuerpo muy grande. Por ejemplo, de los tres Australopithecus afarensis que dejaron huellas en el sitio G de Laetoli, dos individuos tenían una estatura baja (120-140 cm), pero el otro medía 160-170 cm, que no está nada mal. Y la estatura del Au. afarensis apodado Kadanuumuu (150-160 cm) tampoco se parece nada a la de Lucy (100-110 cm). Por el lado de los erectinos, el Chico de Nariokotome tampoco tendría un cuerpo tan esbelto como pensábamos, sino más achaparrado como el neandertal.
Además de estos casos, el número de estimaciones de la estatura y la masa corporal de los homininos tampoco ha sido suficiente para determinar patrones claros a largo plazo e interacciones entre estos componentes de tamaño. La historia evolutiva de nuestro cuerpo parece estar caracterizada por la existencia de patrones temporales complejos de variación de su tamaño, con algunas fases rápidas de crecimiento y otros periodos de estabilización (Will et al, 2017). Los aumentos puntuales podrían corresponder a eventos de especiación, a una proliferación diferencial de taxones de gran tamaño, y a la extinción de poblaciones de pequeño tamaño.
No obstante, un estudio más reciente sobre la masa corporal estimada de 386 fósiles pertenecientes a 21 especies de homininos, sin tener en cuenta su altura, sugiere que buena parte del aumento del tamaño no se produjo en saltos abruptos asociados a la aparición de nuevas especies, sino de forma gradual dentro de los propios linajes (Gardner et al., 2026). Dentro de esta conclusión general, los autores sí identifican una desviación significativa coincidiendo con el origen del género Homo: las primeras especies de este grupo eran, en promedio, un 29% más pesadas de lo esperado según la tendencia evolutiva previa, lo que equivaldría a entre 10 y 16 kg adicionales. Este incremento probablemente se habría acumulado a lo largo de decenas de miles de años y podría reflejar cambios importantes en la ecología, la dieta y el comportamiento.
Aunque los primeros representantes de Homo tienen una masa corporal y una estatura promedio significativamente mayores que los australopitecos, también conservan una diversidad considerable en la que numerosos individuos tienen un cuerpo pequeño. En los Homo posteriores, a partir de hace 1,6 Ma surge la estatura moderna promedio, pero la masa corporal sigue una trayectoria evolutiva distinta, de forma que no se incrementa consistentemente hasta el Pleistoceno medio, hace entre 0,5 y 0,4 Ma, tal vez asociada al incremento de grasa como consecuencia de la expansión hacia latitudes más altas.
Sigue leyendo


