Creo sinceramente que el interés por la paleoantropología se está extendiendo en los últimos años. Hace medio siglo se decía que todos los fósiles encontrados que permiten estudiar la evolución humana cabían en un ataúd. Hasta hace solo 60 años se tenía como bueno un fraude, el hombre de Piltdown, un burdo engaño combinando un cráneo de Homo sapiens con una mandíbula de simio que duró la friolera de 45 años, desde que se anunció su descubrimiento en 1908, llegándose a considerar el “eslabón perdido” y a denominar Eoanthropus dawsonii.

La última mención a los “gloriosos” orígenes de esta ciencia es la consideración que se daba a los neandertales cuando comenzaron a hallarse y a estudiarse, básicamente se les trataba como simios. Sigue leyendo
