Cuidar para cooperar: Reflexiones desde la evolución

Cuidar para cooperar: Reflexiones desde la evolución

Grabación del webinar «Cuidar para cooperar: Reflexiones desde la evolución» impartido por el profesor Agustín Fuentes para la Sociedad de Estudios de Bioarqueología del Cuidado (SEBioC) el 13/04/26.

Las principales ideas son:

  • El nicho humano va más allá de cuerpos y herramientas: constituye un sistema complejo de interacciones bioculturales que abarca entornos ecológicos, relaciones sociales, lenguaje y creencias.
  • El estudio de la evolución humana no debe limitarse a lo biológico o material, sino abordarse junto con estos factores bioculturales. Es probable que este marco tenga su origen incluso antes de nuestro género Homo (hace más de dos millones de años).
  • La organización social humana se articula en grupos y comunidades, no solo en relaciones diádicas. Este desarrollo involucra a múltiples individuos y se apoya en una infancia prolongada, que favorece el aprendizaje social intenso y distribuye los costes energéticos.
  • El desarrollo de la tecnología ha sido clave en la evolución neurológica y social, al impulsar tanto el aprendizaje como la transmisión cultural mediante círculos activos de retroalimentación social.
  • En este contexto, aparecen evidencias fósiles de cuidado a individuos heridos o enfermos, lo que refleja la complejidad de estos círculos sociales. La cooperación, el cuidado y los vínculos emocionales emergen como elementos centrales del nicho humano y resultan básicos para comprender su evolución.
  • Asimismo, se observa un reconocimiento creciente de prácticas mortuorias y cuidado tras la muerte como parte del comportamiento humano ancestral. Estas prácticas amplían la noción de cuidado más allá del individuo vivo, incorporando la relación cultural con los muertos.
  • Este marco apunta a una dimensión social y emocional que trasciende el desarrollo tecnológico y biológico en el género Homo, con evidencias documentadas anteriores al millón de años y un aumento significativo a partir de hace unos 400.000 años. A medida que crece esta complejidad, el patrón del cuidado se integra como un elemento clave en las dinámicas de cooperación entre individuos, grupos y comunidades, incluyendo también la interacción con otras especies (como animales domesticados o plantas cultivadas).
  • Es necesario reabrir y revisar el material arqueológico desde la perspectiva del cuidado, incluidas las prácticas mortuorias, para enriquecer las interpretaciones científicas. La investigación multidisciplinar y el uso de tecnologías emergentes (como la genómica o el modelado energético y comunicacional) ofrecen gran potencial para comprender la evolución humana desde enfoques innovadores.