La novedad con Dryopithecus y su importancia en el árbol evolutivo

Situándonos en el Mioceno, cuando los linajes de los grandes simios se fueron separando en distintas ramas evolutivas, contamos con un cierto número de fósiles encontrados en los últimos 150 años, que nos permite definir algunas de las especies ancestrales que existieron. Pero ubicar a estas especies en un árbol y dibujar las relaciones filogenéticas entre ellas es una tarea muy compleja, dado que los especímenes que las representan son aún muy escasos y fragmentarios, y dado que no existe la posibilidad de extraer información genética en fósiles tan antiguos.

El siguiente árbol evolutivo me gusta porque es particularmente visual y permite entender rápidamente el contexto de este post.

The evolutionary history of apes. Photo: The Rockefeller University.

The evolutionary history of apes. Photo: The Rockefeller University.

Gracias a una hipótesis llamada reloj molecular planteada en 1962, podemos calcular el tiempo en que dos especies compartieron un antepasado común en función del número de diferencias genéticas entre ambas. Por ejemplo, los humanos difieren un 1,6% con los chimpancés en la secuencia del gen psi-eta-globina, con los gorilas un 1,7%, y con los orangutanes un 3,38%.

Con el reloj molecular se estima que la separación entre los linajes humano y chimpancé ocurrió hace unos 6-7 millones de años – que por cierto es el momento en que vivía la especie Sahelanthropus tchadensis, hecho que le da mucho interés… aunque esto merece otro post entero. Y la separación entre hombres y gorilas ocurriría hace unos 9 Ma.

 

¿Qué es Dryopithecus?

Dryopithecus es un simio fósil que nos da una información muy interesante… 

Sus primeros restos, unas pocas mandíbulas y dientes aislados, se encontraron en 1856 en St. Gaudens (sur de Francia) solo tres años antes de Darwin publicara “El origen de las especies”. Fueron datados en 11-13 Ma y definidos como especie Dryopithecus fontani. Vivía en un ambiente de selva subtropical.

Un siglo después se encontraron más fósiles en España (Dryopithecus laietanus) y Hungría (Dryopithecus hungaricus), datados en unos 10 Ma. Los restos incluían fragmentos de cráneo y de esquelo postcraneal, por lo que se Dryopithecus se pudo estudiar y definir más adecuadamente y se considera uno de los simios fósiles mejores conocidos en su morfología. Pero es tan conocido que, paradójicamente, sus afinidades evolutivas son muy difíciles de consensuar entre los científicos. Esto fundamentalmente se debe a que tiene una curiosa combinación de caracteres:

  • Se parece a otros simios fósiles primitivos en la ligereza del cráneo, el arco supraorbital, la región entre la nariz y la boca y la dentición.
  • Pero se diferencia de todos los simios fósiles en la adaptación total de los huesos de sus extremidades para la suspensión arbórea, posiblemente con escaso o ningún acceso al suelo. Esta característica hace que le propongan como el simio fósil más emparentado estrechamente con los simios actuales. Sin embargo esa característica no está presente en Sivapithecus, que se considera con gran probabilidad pariente del orangután por el resto de su morfología (aun incluso no estando asociada a la vida arbórea).
Arriba: mandíbula de Dryopithecus fontani (foto: Wikipedia). Abajo: ilustración artística (Saunders College Publishing).

Arriba: mandíbula de Dryopithecus fontani (foto: Wikipedia). Abajo: ilustración artística (Saunders College Publishing).

 

¿Cuál es la novedad?

David Begun (Universidad de Toronto) propone que, en realidad, Dryopithecus no fue un antepasado de los gorilas sino que pudo estar incluido entre ellos, según observa en un conjunto de afinidades en los ángulos de conexión de los huesos del cráneo y en la conexión de la caja craneal con la cara.

Este hecho haría atrasar a unos 12,5 Ma la separación del linaje entre humanos y gorilas. Además, el investigador recuerda que las estimaciones del reloj molecular plantean dudas en su calibración, ya que la divergencia genética entre dos especies no solo depende del tiempo que las especies derivadas quedaron aisladas, sino también de la variación genética dentro de la población antepasada original.

Así, las estimaciones que se obtienen del reloj molecular estarían condicionadas por el tamaño de la población de la especie original (a mayor población del último antepasado común, más tiempo podría haber sido necesario hasta dar evolucionar a dos especies distintas), o posibles eventos de hibridación entre las especies derivadas.

En definitiva, se propone que la separación de los linajes humanos-chimpancés ocurriría hace unos 9 Ma, y entre humanos-gorilas hace 12,5 Ma.

En realidad, atrasar el momento de divergencia humanos-gorilas no es algo nuevo. Gen Suwa (Universidad de Tokio) y otros colegas ya propusieron en 2007 la inclusión en el linaje gorila de la especie Chororapithecus abyssinicus (encontrado en Etiopía y datado en 10,5 Ma) por las afinidades en su dentición.

La controversia es grande, pero siempre enriquece tener nuevas visiones que ayuden a profundizar en el conocimiento de nuestros ancestros comunes entre los simios.

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