Animales sociales confinados en casa | Social animals confined at home

[English version below]

Solemos escuchar que los humanos somos «animales sociales». También lo son el resto de primates y otros animales, pero nosotros hemos evolucionado de forma que los comportamientos y las relaciones sociales influyen prácticamente sobre la totalidad de nuestra actividad y nuestro tiempo. El funcionamiento de nuestro cerebro, de las hormonas y muchos otros elementos de nuestro sistema biológico está fuertemente vinculado a nuestras relaciones sociales.

La humanidad está ahora atravesando una situación desconocida a nivel global: un distanciamiento social obligado por una pandemia. ¿Qué impacto puede tener este escenario en nuestro día a día? Cuando los humanos estamos solos y aislados, pueden aparecer problemas físicos y mentales. Sin necesidad de pensar en depresiones, simplemente recordemos las veces que hemos leído y oído a personas con dificultades para concentrarse en estos días, cuando antes no las tenían.

La buena noticia es que los humanos también hemos demostrado una gran resiliencia en dos millones de años de evolución. La Real Academia Española define resiliencia como «Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». Inventando recursos técnicos, los humanos nos hemos ido adaptando a fuertes cambios en nuestro entorno que han condicionado nuestro medio de vida y nuestras relaciones. La colaboración entre humanos ha sido siempre una clave para asumir y, de hecho, aprovechar los cambios.

«Compartimos una historia evolutiva de densa cooperación y ayuda mutua, de sortear juntos las dificultades de la vida e imaginar y crear nuevas posibilidades. Llevamos escritas la vida social y la innovación en nuestra neurobiología y nuestra fisiología. Ellas nos brindan la herramienta para resolver los retos que la era del coronavirus plantea a nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra cultura». (Agustín Fuentes, antropólogo)

Nuestra tecnología

Como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia humana, nuestra creatividad ha supuesto un impulso fundamental para nuestras interacciones, tanto dentro de un grupo como entre grupos, y para estructurar nuestras sociedades. Y ahora, repentinamente, debe ayudarnos a superar el aislamiento social durante el coronavirus. ¿Pero cómo?

En la última década, hemos vivido la explosión de las redes sociales y su empleo para relacionarnos tanto en momentos de ocio como en el ámbito profesional. Esta innovación tecnológica ha permitido, no ya solo un nuevo impulso a nuestras relaciones sociales, sino su transformación. La línea que separa las redes sociales del «mundo real» es cada vez más fina, e inexistente en algunos casos. Creamos entornos de colaboración y equipos ¿virtuales?, con miembros de distintas geografías que tal vez solo tendrán encuentros presenciales una vez al año, o nunca. Pero realizan su actividad normalmente, esa es su forma de trabajar.

Nos vamos acostumbrando a relacionarnos profesionalmente en remoto, también porque la diversidad cultural y disciplinar enriquece nuestro trabajo. Aunque esto no sucede en los distintos ámbitos profesionales al mismo ritmo, de repente todas las organizaciones están necesitando explotar los medios técnicos disponibles para incrementar el porcentaje de teletrabajo al máximo posible.

En definitiva, una vez más nuestra tecnología ha estado creando una importante base sobre la que apoyarnos para que muchas de nuestras tareas no hayan visto alterado su ritmo, sino que se hayan transformado para superar retos y mejorarnos. De igual forma, la invención de las herramientas de piedra, el fuego, el molino o la máquina de vapor nos facilitó un empujón como especie. Esto, junto con la colaboración y la ayuda mutua, es lo que nos otorga la resiliencia.

Buscar la máxima eficacia de las nuevas interacciones

Pero hay que adaptarse a estas nuevas formas de trabajar. Ahora las reuniones son más numerosas que antes. La gran mayoría de las interacciones con compañeros se realiza vía reuniones virtuales, muchas de ellas planificadas previamente, que vienen a sustituir a las breves visitas o llamadas que nos hacíamos antes de la crisis. Por ello, es necesario utilizar medios alternativos (como chats) para reducir el número de reuniones propiamente dichas, reservando la agenda para aquellas que son ahora más necesarias para no frenar la toma de decisiones.

También debemos optimizar la eficacia y duración de las reuniones, minimizando la sobrexposición e incrementando la preparación previa, tanto individual como usando breves chats de grupo, de forma que la reunión quede más acotada a la acción y la decisión. En este contexto, su duración por defecto no debería superar la media hora en muchos casos.

¡Aprovechemos!

Organizando bien el día, nos podemos aprovechar de esta situación para enriquecernos profesional y personalmente. Son muchos días de aislamiento, que podemos emplear para repartir el día entre el teletrabajo, ayudar a los niños con su tarea, tomar descansos de igual manera que hacíamos antes, compartiendo diariamente uno de ellos por videoconferencia con los compañeros, hablar más con la familia, con los amigos y con las personas con que se convive, hacer ejercicio en casa, aprovechar las mil posibilidades de recursos y lecturas online para formarse…

Con voluntad y rutina, este periodo de distanciamiento social es una oportunidad para dar un salto y, de paso, cambiar algunas prácticas y adoptar otras nuevas, más sanas para el cuerpo y la mente.

 

Social animals confined at home

We often hear that humans are “social animals”. So are the rest of primates and other animals, but we have evolved in such a way that behavior and social relations influence practically all our activity and time. The functioning of our brain, hormones and many other elements of our biological system are strongly linked to our social relationships.

Humanity is now going through a globally unknown situation: social distancing, forced by a pandemic. What impact can this scenario have on our daily lives? When we humans are alone and isolated, physical and mental problems can arise. No need to think about depressions, but simply remember the times we have read and heard from people who have difficulties in trying to concentrate in these days, when before they did not.

The good news is that humans have also shown great resilience in two million years of evolution. The Spanish Royal Academy defines resilience as “The capacity of a living being to adapt to a disturbing agent or an adverse condition or situation”. By inventing technical resources, humans have been adapting to strong changes in our environment that have conditioned our means of subsistence and our relationships. The collaboration between humans has always been a key to assume and, in fact, take advantage of the changes.

“We share an evolutionary history of dense cooperation and mutual help, of overcoming life’s difficulties together and imagining and creating new possibilities. We have social life and innovation written all over us in our neurobiology and physiology. They provide us with the tools to solve the challenges that the coronavirus era implies to our body, our mind and our culture”. (Agustín Fuentes, anthropologist)

Our technology

Throughout human history, our creativity has always been a fundamental boost for our interactions, both within and between groups, and to the structuring of our societies. And now, suddenly, it must help us overcome the social isolation during the coronavirus. But how?

In the last decade, we have experienced the explosion of social networks and their use to interact in both leisure and professional environments. This technological innovation has allowed not only a new impulse to our social relations, but also its transformation. The line that separates social networks from the “real world” is increasingly thinner, and in some cases non-existent. We create collaborative environments and virtual (?) teams, with members from different geographies who may have face-to-face meetings only once a year, or never. But they carry out their activity normally, that is their way of working.

We are getting used to remote professional relations, also because cultural and disciplinary diversity enriches our work. This does not happen at the same pace in different professional fields, but suddenly all organizations are required to exploit the available technical means to increase the percentage of teleworking to the maximum possible.

In short, once again our technology has been creating an important base so that many of our tasks have not altered their pace, but have transformed to overcome challenges and improve ourselves. Similarly, the invention of stone tools, fire, the millstone or the steam engine gave us a boost as a species. This, together with collaboration and mutual help, is what provides us with resilience.

Seeking maximum efficiency in the new interactions

But we have to adapt to these new ways of working. There are more meetings now than before. The vast majority of interactions with colleagues are conducted via virtual meetings, many of them previously planned, which come to replace the brief visits or calls that we made to each other before the crisis. Therefore, it is necessary to use alternative means (like chats) to reduce the number of meetings, saving the agenda for those that are now more necessary not to slow down decision-making.

We must also optimize the efficiency and duration of the meetings, minimizing over-exposure and increasing the previous preparation, both individually and using short group chats, so that the meeting is more limited to action and decision. In this context, its default duration should not exceed half an hour in many cases.

Let’s take advantage!

By organizing the day well, we can take advantage of this situation to enrich ourselves professionally and personally. There are many days of isolation. Each day we can organize teleworking, help the kids with their homework, take breaks in the same way we did before, share one daily break with colleagues by video conference, talk more with family, friends and people with whom we live, exercise at home, take advantage of the thousands of possibilities of online learning & reading resources…

With will and routine, this period of social distancing is an opportunity to take a leap and, in the process, change some practices and adopt new ones which are healthier for the body and the mind.

 

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