Explotación de leones y de otros grandes carnívoros por neandertales

Explotación de leones y de otros grandes carnívoros por neandertales

Se ha presentado la primera evidencia directa de que los neandertales cazaban leones de las cavernas, hace unos 48 ka (miles de años). Esta especie, Panthera spelaea, se extinguió a finales del Pleistoceno, hace unos 12,5 ka. Sin embargo, el rastro más antiguo de homininos cazando leones es el de un ejemplar de Panthera leo fossilis cazado hace 350 ka por los preneandertales de Gran Dolina nivel TD10-1 (Atapuerca). Son muy escasas las evidencias directas conocidas de explotación de grandes depredadores por parte de homininos. Esta actividad requiere una gran cohesión y coordinación de grupo, así como capacidad de improvisación.

En la nueva publicación, se presenta el esqueleto de un león de la cueva de Siegsdorf (Alemania) hallado en 1985. Ya se habían observado algunas marcas de corte en dos costillas, vértebras y el fémur izquierdo. Ahora, su reestudio ha identificado una herida punzante registrada en el interior de otra costilla provocada seguramente por una lanza con punta de madera clavada en el abdomen del animal, seguramente cuando ya estaba tendido en el suelo. Mediría 1,5 m de alto, era de tamaño medio y de una edad avanzada.

En el mismo trabajo, se presentan además tres falanges de otro león de las cavernas de 190 ka, procedente de la cueva de Einhornhöhle (Cueva del Unicornio), en Alemania central, descubiertas en 2019. Los huesos estaban muy juntos y uno tenía marcas típicas del desollado de pieles de animales. La ausencia de pulido, desgaste, perforaciones o cualquier característica vinculada con la elaboración de colgantes o elementos de ropa distingue las garras del león de Einhornhöhle de otros ejemplos encontrados en el registro arqueológico y etnográfico. Esto sugiere que eran originalmente parte del pelaje del león que los neandertales desollaron cuidadosamente para que las garras permanecieran preservadas dentro del mismo. En este caso, no se ha podido determinar que el león fuera cazado. Recordemos que de Einhornhöhle también procede una falange de ciervo gigante Megaloceros giganteus grabada por neandertales hace 51 ka con signos en forma de cuñas o galones enlazados y muescas.

Es interesante la recopilación sobre los sitios paleolíticos con evidencia directa de interacción humanos-leones, que este nuevo trabajo ha documentado:

  • Paleolítico inferior: además de los mencionados Siegsdorf, Einhornhöhle y Gran Dolina, Caverna delle Fate, Chez-Pinaud (Jonzac), Le Portel y cueva de Bolomir.
  • Paleolítico superior, con finalidad de explotación para subsistencia: Grotte du Renne, La Garma, Peyrat (Saint-Rabier), Pair-non-Pair, La Gravette, Grotte Duruthy.
  • Paleolítico superior, con finalidad cultural en forma de arte rupestre o arte mueble: Chauvet, Trois-Frères, Grotte de la Vache (Ariège).
  • Paleolítico superior, con ambas finalidades, explotación y cultural: Hohlenstein-Stadel, Vogelherd, Hohle Fels, Pavlov I, Dolní Věstonice I.

El estudio de la relación entre humanos y leones siempre despierta un gran interés, aunque no fue el único gran depredador con el que los humanos prehistóricos interactuaron: también con osos, panteras, hienas, zorros, linces, etc.  Recordemos la reciente publicación de dos huesos de un oso de las cavernas con marcas de corte procedentes del sitio alemán de Schöningen 12: los homininos hicieron uso de ese pelaje de oso hace unos 320 ka. Esta actividad también se ha observado en otros sitios del Paleolítico inferior, como Isernia La Pineta (Italia, ~600 ka), Boxgrove (Reino Unido, ~500 ka) y Bilzingsleben (Alemania, ~400 ka). Otros sitios del Paleolítico medio muestran evidencia de la explotación tanto de la piel como de la carne del oso, tales como Biache-Saint-Vaast (Francia), Taubach (Alemania), y Rio Secco y Fumane (Italia). En el Paleolítico superior, las actividades de explotación de restos de grandes depredadores se encuentran más extendidas.

De todas formas, la evidencia de la caza de osos a menudo indica que los homininos aprovecharon estratégicamente los comportamientos de hibernación, mientras que los grandes félidos no hibernan, por lo que cazarlos puede resultar más difícil y peligroso. Esta obtención de presas raras o de alto riesgo podría entenderse como una señal no verbal de la habilidad de los cazadores para aprovechar los costes de la caza para obtener un estatus social, como hacen los Maasai. Sin embargo, la explicación más parsimoniosa para el león de Siegsdorf es que fue cazado de manera oportunista para el consumo de los neandertales. El león era viejo y podría haber sido menos capaz de defenderse o escapar eficazmente.

Foto de cabecera: Leones cavernarios de Siegsdorf y de Einhornhöhle. Crédito: Russo G. et al. (2023).

Referencia: Russo, G., Milks, A., Leder, D. et al. (2023). First direct evidence of lion hunting and the early use of a lion pelt by Neanderthals. Sci Rep 13, 16405. 

Reconstrucción ilustrativa del esqueleto de león de las cavernas de Siegsdorf junto a una lanza de madera

Reconstrucción ilustrativa del esqueleto de león de las cavernas de Siegsdorf junto a una lanza de madera. Crédito: Volker Minkus ©NLD

Más o menos claridad en los orígenes de Homo: el niño erectus de Melka Kunture y la primera tecnología achelense

Más o menos claridad en los orígenes de Homo: el niño erectus de Melka Kunture y la primera tecnología achelense

Hace tiempo que descartamos una supuesta linealidad evolutiva entre Homo habilis y Homo erectus en los comienzos de «lo humano». Por una parte, tenemos habilinos cada vez más recientes, como el maxilar KNM-ER 42703, de tan solo 1,44 Ma (millones de años) y, por otra parte, tenemos erectinos cada vez más antiguos, como el cráneo parcial DNH 134 de Drimolen, Sudáfrica (1,95-2,04 Ma), y el fragmento de occipital KNM-ER 2598 (1,9 Ma). Donde antes los textos ilustraban una posible evolución anagenética desde unos seres más pequeños y primitivos hasta otros con un cerebro y un cuerpo más grandes y unas piernas más largas, ahora vamos intuyendo un cada vez más probable ancestro común de ambos linajes, todavía por conocer, que dio lugar a la gran diversidad de formas africanas cuya interpretación nos trae de cabeza. De hecho, este antepasado podría haber tenido más rasgos habilinos que erectinos, si atendemos a los pequeños cráneos de Dmanisi (Georgia), de 1,8 Ma. En este otro artículo escribí sobre ello en detalle.

Esta semana hemos conocido a un fósil que se une a la lista de los erectinos más antiguos. La mandíbula infantil Garba IVE (apodada simplemente Garba) se halló en 1982 en el nivel E del yacimiento Garba IV, uno de los más antiguos del complejo de sitios arqueopaleontológicos de Melka Kunture (Etiopía), que abarca tecnologías olduvayense, achelense y MSA. Esta mandíbula de un niño de 2-3 años se ha reevaluado con la ayuda de escáner MicroCT para analizar en el interior del hueso los dientes definitivos no erupcionados, ya que en el exterior sólo se conservan dos dientes deciduos, poco representativos para la identificación a nivel de especie. La anatomía de estos dientes definitivos confirman la adscripción de Garba al taxón de Homo erectus, que ya se intuía por la morfología que la relacionaba con especímenes subadultos como KNM-ER 820 y KNM-ER 1477. De acuerdo a los últimos trabajos de datación del sitio, Garba se convierte en el representante más antiguo de esta especie, con 2,06 Ma de antigüedad.

Adicionalmente, el trabajo ha permitido identificar artefactos de talla achelense en el nivel D, fechado en 1,95 Ma, adelantando en ~0,2 Ma la primera presencia conocida de esta tecnología (por ejemplo, la del FLK West, de 1,7 Ma). Por su parte, la tecnología presente en los niveles inferiores de Garba, de 2 Ma, es olduvayense.

Herramientas achelenses del Garba IV (1,95 Ma)

Herramientas achelenses del Garba IV (1,95 Ma). Mussi et al (2023). Cortesía de Eduardo Méndez Quintas.

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Filogenia y sexo de parántropos a partir de su proteoma

Filogenia y sexo de parántropos a partir de su proteoma

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Los métodos de determinación de relaciones evolutivas entre homininos tradicionalmente se han basado en la morfología de los fósiles. Las limitaciones de estos métodos son obvias, incluyendo las dudas sobre si la variación observada entre especímenes puede deberse al dimorfismo sexual, a la diversidad taxonómica desconocida, o encaja en la variabilidad intraespecífica. La falta de datos moleculares ha impedido la utilización de otras técnicas hasta hace pocos años.

Ahora, por fin, estamos comenzando a explotar nuevas técnicas genómicas y proteómicas para revisar viejas asunciones y clasificaciones. Las limitaciones de la conservación del ADN hasta la fecha han imposibilitado estudiar genomas más antiguos que el umbral del medio millón de años marcado por el material recuperado de los homininos de la Sima de los Huesos. A partir de él, se pudo confirmar la pertenencia de estos homininos al linaje neandertal. En África, las condiciones de conservación del material genético son más desafiantes y hacen que tan solo se haya podido estudiar ADN humano de hasta 18.000 años (M. Lipson et al., 2022).

Sin embargo, la aplicación de técnicas de secuenciación a proteínas halladas en los dientes ha permitido ampliar el alcance temporal de los materiales analizables, e ir más atrás en el tiempo para, por ejemplo, estimar los vínculos filogenéticos de Homo antecessor, de 850 ka (miles de años), que lo sitúan muy cerca del último ancestro común de los linajes neandertal y sapiens.

Un nuevo trabajo (Madupe et al., 2025) ha conseguido duplicar la antigüedad del proteoma secuenciado de hominino, hasta dos millones de años, que es la antigüedad de los cuatro especímenes de Paranthropus robustus estudiados: los molares SK 850, SK 835, SK 830 y SK 14132, procedentes del Miembro 1 de la cueva de Swartkrans, en Sudáfrica (1,8-2,2 Ma, millones de años). La rápida acumulación del sedimento mediante inundaciones repentinas, la relativa aridez y la cementación contribuyeron a la buena preservación de las proteínas dentro de los dientes fósiles. Aunque la formación del Miembro 1 se prolongó durante casi medio millón de años, estos cuatro especímenes se consideran penecontemporáneos, es decir, afectados por el mismo proceso geológico tras la sedimentación.

Se trata de una investigación importante, ya que suelen ser objeto de discusión tanto la gran variabilidad intraespecífica de P. robustus como sus relaciones filogenéticas con otros taxones, como los parántropos esteafricanos o las especies de australopitecinos, comenzando por las sudafricanas. Aunque el consenso mayoritario considera que Paranthropus es un grupo monofilético, es decir, sus miembros comparten un antepasado común, las similitudes morfológicas entre P. robustus y Au. africanus en el sur de áfrica, y entre los esteafricanos P. aethiopicus, P. boisei y Au. afarensis, despiertan dudas sobre una posible parafilia o mezclas entre especies.

Los principales hallazgos de este trabajo se resumen a continuación:

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¿Enterramientos y grabados rupestres realizados por Homo naledi?

¿Enterramientos y grabados rupestres realizados por Homo naledi?

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Actualizado septiembre 2025

Parece que ha pasado más tiempo, pero han sido pocos años desde que conocimos a la especie Homo naledi en septiembre de 2015. Naledi es un nombre africano que viene de la tribu sudafricana de Sesotho y significa «estrella», por la denominación Rising Star del sistema de cuevas donde se descubrió. Desde entonces, el registro fósil de esta especie se ha ido enriqueciendo, y se compone de más de 2000 huesos y dientes, que representan a un mínimo de 15 individuos.

Su datación es de 241-335 ka (miles de años), una antigüedad parecida a la de los primeros especímenes de Homo sapiens en África. Estos otros humanos, Homo naledi, eran pequeños (150 cm y 45 kg) y también tenían un cerebro llamativamente pequeño (466-560 cc) en comparación con otras especies humanas: Homo erectus (entre 727-1220 cc), Homo sapiens (1350 cc como promedio), Homo neanderthalensis (1450 cc como promedio). Se trata de un tamaño en un rango similar al cerebro de Homo floresiensis (426 cc).

Homo naledi es una asombrosa especie, que tendría muy cerca a otros grupos humanos en el mismo paisaje, pero que se distinguiría de ellos notablemente en su tamaño corporal y en su cabeza. Pero ¿y en su inteligencia? ¿Cómo podemos «medir» la inteligencia de aquellos humanos con un cerebro pequeño?

Para tomar pistas, tenemos que volver a las cuevas de Rising Star. Allí tenemos al menos una veintena de cuerpos en el fondo de un conjunto de galerías complejas, algunas realmente estrechas, sin ninguna evidencia arqueológica que indique que aquellos homininos vivían en esas cámaras. Los estudios geológicos no han hallado otras posibles aperturas antiguas hacia aquellos lugares; parece que el acceso a ellos nunca fue fácil. Es más, pocos restos de otros animales se han hallado allí dentro, por ejemplo, de búho.

Así, la hipótesis que se maneja es la del depósito deliberado de los cuerpos en aquellos lugares complicados, lo que ha llevado a trabajar en dos cuestiones durante los últimos años:

1) ¿Pudo tener aquel depósito un carácter simbólico?

2) ¿Emplearon fuego, para poder realizar semejante actividad en la profundidad de la cueva?

Veamos lo que conocemos a día de hoy sobre estas cuestiones.

¿Homo naledi enterraba?

Se han descubierto varias zonas distintas con datos geológicos y anatómicos que sugieren la remoción de tierra para cavar hoyos y depositar a los cuerpos de Homo naledi flexionados.

En la cámara Dinaledi, una concentración de huesos (Dinaledi Feature 1) contiene 83 partes identificables del cuerpo de un adulto y, sobre él, varias de otro individuo (al menos tres fragmentos en contacto con el cuerpo anterior). Además, una segunda concentración (Dinaledi Feature 2) está separada 20 cm de la primera y parece ser de un individuo juvenil, pero está pendiente de excavar.

En la antecámara Hill, contigua a Dinaledi, existe otra concentración de 90 fragmentos óseos y 51 dientes, que pertenecen a 4 individuos infantiles, de los que la conservación de uno de ellos parece indicar que estaba en posición flexionada y que tendría unos 13 años de edad al morir. En su mano o cerca de ella, hay una interesante roca con estrías o líneas de posible modificación o desgaste, que está en estudio. Además, está el esqueleto parcial de otro infantil, y los cráneos parciales de otros dos.

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La ontogenia de los parántropos, más similar a la de los humanos que a la de los australopitecos

La ontogenia de los parántropos, más similar a la de los humanos que a la de los australopitecos

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Solemos conocer pocas novedades sobre australopitecos, y menos aún sobre los parántropos, un género asombroso por lo exageradas que nos parecen determinadas partes de su morfología craneal (dentición poscanina, cresta sagital, cara proyectada y con forma cóncava…). La hipótesis más aceptada es que esta morfología masiva responde a una especialización de la masticación repetida de vegetales duros o abrasivos. Pero hay menos claridad respecto a cuál es el origen de estos seres y a su relación con las formas de Australopithecus y de Homo con las que podrían haber llegado a compartir no solo rango temporal sino también, al menos con Homo, un mismo paisaje.

Por ahora, la hipótesis más aceptada es la de una relación filogenética de los parántropos con alguna rama de australopitecos, de modo que estas formas robustas y los primeros representantes de nuestro género Homo son clados hermanos. En un nuevo trabajo recientemente publicado, José Braga y otros (2023) profundizan en este aspecto a partir de cuatro individuos infantiles de Paranthropus robustus, especie que por el momento sólo se conoce en varios yacimientos sudafricanos de la llamada «Cuna de la Humanidad». Tres de los especímenes analizados proceden de Kromdraai unidad P (KW 6420, KW 9000/9600 y KW 10840) y uno de Drimolen (DNH 47). Los autores encuentran que, en muchos rasgos craneales, la ontogenia de Paranthropus robustus es más próxima a la de Homo que a la de Australopithecus africanus. Algunos detalles de este trabajo son los siguientes:

  • Aunque la mayoría de los rasgos craneofaciales robustos distintivos aparecen relativamente tarde en la ontogenia, esto no se da de igual forma en todo el cráneo.
  • La cara en desarrollo de P. robustus tenía patrones de crecimiento premaxilares y maxilares separados, como ocurre en los humanos modernos y en los simios africanos.
  • El desarrollo de un esqueleto facial posterior muy alto, con una región posterior del paladar profunda, están probablemente asociados al gran engrosamiento progresivo del paladar característico de la ontogenia de P. robustus.
  • El sistema masticatorio en P. robustus no alcanza su forma adulta en el momento de la aparición del primer molar: antes de la emergencia del M1, tanto en A. africanus (Niño de Taung) como en P. robustus (KW 9000), el refuerzo de la cara anterior lateral de la abertura nasal permitía la transmisión de fuerza desde los dientes anteriores deciduos que estaban ya desgastados.
  • En definitiva, mientras que algunas características de la cara adulta de robustus son evidentes antes de la aparición del primer molar, como la posición del cigomático-maxilar y los pilares anteriores, otras no lo son, como el grosor del paladar. Este patrón mixto también se observa en especímenes australopitecinos del sur de África.
Reconstrucción de un cráneo infantil de Paranthropus robustus

Reconstrucción de un cráneo infantil de Paranthropus robustus. Crédito: José Braga et al (2023)

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