Zlatý kůň/Ranis: Nuevos datos en la historia de los cruces entre sapiens y neandertales

Zlatý kůň/Ranis: Nuevos datos en la historia de los cruces entre sapiens y neandertales

En febrero de 2024 se publicó la datación (49-42 ka, miles de años) de 13 fragmentos de humanos modernos encontrados en el yacimiento de Ilsenhöhle, en Ranis (Turingia, Alemania). Estos restos estaban asociados a herramientas líticas correspondientes a un periodo cultural de transición entre el Paleolítico medio y el Paleolítico superior, conocido como Lincombiano-Ranisiano-Jerzmanowskiano (LRJ). La datación sorprendió por su antigüedad y reveló una nueva presencia europea de Homo sapiens en Europa durante un periodo extremadamente frío, con temperaturas de entre 7 y 15º C más bajas que en la actualidad, en condiciones subárticas. La ocupación de la cueva de Ilsenhöhle fue breve, a diferencia de la presencia más prolongada e intensiva en la cueva de Bacho Kiro (Bulgaria) durante aproximadamente la misma época.

Un nuevo trabajo ha analizado los genomas de los seis individuos de Ranis y uno más de Zlatý kůň (Chequia), cueva ubicada a apenas 230 km de distancia. Todos los restos humanos tienen una antigüedad similar. Estos siete Homo sapiens pertenecían a un pequeño grupo, estrechamente emparentado, compuesto por apenas unos cientos de individuos. Aunque aislado, este grupo ocupaba un amplio territorio. Se separaron inicialmente de la población que salió de África hace unos 50 ka, vivieron en el centro y sur de Europa y sus ancestros se cruzaron con neandertales.

Es bien sabido que los humanos modernos que migraron de África se encontraron y cruzaron con neandertales en Eurasia, posiblemente en Oriente Próximo, dejando un rastro de aproximadamente el 2% de ADN neandertal en los genomas de los humanos actuales, y una proporción menor (0,5%-1%) en los humanos subsaharianos actuales, acarreado por grupos euroasiáticos regresados a África. A partir del análisis genético de 59 individuos de entre 45 y 2,2 ka y de 275 individuos actuales de diversas geografías, se ha podido determinar que este período de intercambio genético duró unos 7000 años, entre hace 50,5 y 43,5 ka. La modelización de este periodo de mestizaje con base en un conjunto de individuos otorga al estudio más precisión que calcularlo a partir de muestras individuales, como en trabajos anteriores. La cercanía de la introgresión neandertal se manifiesta en el 3% de rastro neandertal en el genoma de la mujer de Zlatý kůň, correspondiente a un cruce de ambas especies que sucedió entre 70 y 80 generaciones antes. También es destacable la rapidez de la expansión que, tras el evento de cruce, esta población pareció alcanzar en unos pocos milenios, desde Oriente Próximo hasta Centroeuropa.

Illustration of the Zlatý kůň/Ranis group. Credit: © Tom Björklund for Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology

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Humanos y parántropos cruzándose por el camino

Humanos y parántropos cruzándose por el camino

En 2016, escribí que especímenes de Homo erectus y de Paranthropus boisei coexistieron en el mismo paisaje cerca del Lago Turkana. Entonces usé el término «virtualmente» para subrayar que, aunque algunos milenios pueden parecer un lapso breve en términos geológicos, siguen siendo un periodo extenso. Restos de ambos linajes se han encontrado en capas sedimentarias cercanas en tiempo y espacio, pero esto no significa necesariamente que se hayan visto cara a cara. En todo caso, aquellos hallazgos fueron muy significativos porque demostraban un caso de simpatría entre homininos: la convivencia de dos especies muy distintas en morfología, capacidad craneal y estrategias de aprovechamiento de los recursos naturales. Estas diferencias les permitieron adaptarse a un mismo nicho ecológico minimizando la competencia directa.

Cráneos de Paranthropus boisei KNM ER 406 y de Homo erectus KNM ER 3733. Crédito: Roberto Sáez.

Ahora, tenemos evidencia de que sí coexistieron físicamente al mismo tiempo. Hace 1,5 Ma (millones de años), individuos de ambas especies caminaron por el mismo lugar. Lo sabemos gracias a sus huellas (K. G. Hatala, N. T. Roach, A. K. Behrensmeyer, et al., 2024). Este descubrimiento realmente hace vibrar: no se trata de fósiles que ofrecen una visión estática de cómo pudieron ser sus dueños, sino de rastros que nos hacen imaginar a aquellos seres en movimiento. Podemos figurarnos a cada uno caminando e interactuando con los miembros de su grupo, aunque dudo mucho que entre especies hubiera algo más allá de la curiosidad por verse de vez en cuando. Eran radicalmente distintos en forma y en modo de vida. Los Homo erectus ya tenían una estatura cercana a la nuestra, aunque posiblemente con un cuerpo algo achaparrado, y un cerebro de unos 1000 cc. Los parántropos, en cambio, mostraban una morfología poscraneal más similar a la de los australopitecos, y un cráneo muy distinto al humano, marcado por una mandíbula y una dentición masivas, con un cerebro más pequeño.

Las primeras huellas del sitio FE22 de Koobi Fora (Kenia) aparecieron en 1978. Junto a numerosas pisadas de hipopótamo, aparecieron rastros de un Homo temprano que caminó desde un barro más blando hacia una superficie más dura y menos profunda. En 2021, se descubrió el conjunto completo de huellas, atribuidas a dos tipos distintos de homininos que pasaron por allí con una diferencia de tiempo muy estrecha, de pocos días, quizá incluso en el mismo día. Las huellas sólo se preservan de esta manera si se cubren rápidamente con barro, ceniza u otros sedimentos.

El conjunto incluye una senda de 13 pisadas hechas por un Paranthropus boisei que caminaba rápidamente hacia el este y, a menos de un metro de distancia, sobre la misma superficie, tres huellas aisladas dejadas por dos o tres individuos de Homo erectus que se dirigían hacia el norte. La identificación de las especies se basa en su asociación con los fósiles hallados en la región con esa antigüedad. Las huellas están excepcionalmente bien conservadas, permitiendo comparaciones detalladas con otras conocidas de homininos, así como con las de 340 humanos actuales. Algunas huellas son tan claras que muestran el deslizamiento de los dedos por el barro. Sigue leyendo

Arte rupestre en Cantabria

Arte rupestre en Cantabria

¡Nos vamos a Cantabria! Para conversar con Daniel Garrido Pimentel y descubrir las impresionantes muestras de arte rupestre que, durante milenios, se representaron en numerosos yacimientos paleolíticos de esta región.

  • Introducción: la presencia humana en la región cantábrica durante la prehistoria
  • 3:30 Presentación de Daniel Garrido Pimentel y su libro «Arte rupestre en Cantabria: líbro-guía del visitante» (Librucos)
  • 5:00 Origen del arte rupestre y vinculación con la capacidad simbólica
  • 11:55 El 90% de lo que está pintado son…
  • 18:00 ¿Pintaron los neandertales?
  • 23:20 Nuestra fascinación por las figuras humanas
  • 31:40 El Monte (mágico) de El Castillo
  • 33:20 Los discos de la Cueva de El Castillo
  • 35:40 Las manos pintadas
  • 39:35 El hombre-bisonte de El Castillo
  • 42:10 Covalanas: el cine de hace 20.000 años
  • 46:35 El Mirón y la Dama Roja
  • 49:30 Y la más famosa: Altamira

Daniel Garrido Pimentel, doctor en Arqueología y Prehistoria, es coordinador de las Cuevas Prehistóricas de Cantabria y especialista en arte rupestre paleolítico. Ha participado en numerosos proyectos de investigación, como el estudio del conjunto rupestre de la Galería del Sílex en Atapuerca. En los últimos años, ha investigado diversos conjuntos rupestres paleolíticos en Asturias y Cantabria. Además, ha publicado en varias revistas científicas y divulgativas, y es autor de varios libros sobre prehistoria.

200.000 años de mestizaje recurrente entre neandertales y humanos modernos

200.000 años de mestizaje recurrente entre neandertales y humanos modernos

Utilizando genomas de 2000 humanos modernos, así como de tres neandertales procedentes de Vindija (Croacia) y de las cuevas de Denisova y Chagyrskaya (montañas de Altai, Rusia), mediante técnicas de aprendizaje automático se ha conseguido mapear el flujo genético recurrente entre estas especies humanas durante los últimos 200.000 años (Liming Li et al., 2024). Este trabajo aporta interesantísimos hallazgos que ayudarán a orientar nuevos estudios sobre cómo y cuándo se produjeron eventos de hibridación de las dos especies:

  • Una primera oleada de contactos sucedió hace unos 200-250 ka (miles de años), otra hace unos 100-120 ka, y la mayor de las tres hace unos 50-60 ka.
  • Los genomas neandertales de Vindija y Altai tienen un 2,5% y 3,7% de secuencias introgresadas por humanos modernos (HM), respectivamente. Los neandertales absorbieron ADN de los HM al menos en dos ocasiones, y esto tuvo un impacto significativo en el genoma neandertal, especialmente en los primeros episodios de mestizaje.
  • Este análisis descarta que ocurriera un largo período de estancamiento tras el surgimiento de nuestra especie, sino que demuestra una rápida migración hacia fuera y dentro de África tras nuestra aparición, tal como venimos observando de manera creciente en el registro fósil euroasiático. Los HM interactuaron con neandertales y denisovanos con más frecuencia y antes de lo que se reconocía anteriormente.
  • Buscando rastro de HM en los genomas de los neandertales, se observa que los descendientes de esas primeras oleadas de apareamientos entre neandertales y HM debieron de permanecer con los neandertales, por lo que no dejaron ningún registro en los humanos vivos.
  • Además, se ha obtenido una nueva estimación del tamaño que alcanzaría la población neandertal, bastante inferior a la que se pensaba. Cuantificaciones anteriores estaban basadas en modelos genéticos que usan la variación o diversidad genética como indicador del tamaño de la población. El nuevo trabajo observa que la diversidad aparente provenía de secuencias de ADN que habían sido extraídas de los HM, cuya población es mucho mayor, y reduce la población efectiva de neandertales de unos 3400 individuos reproductores a unos 2400.
  • Los autores defienden el modelo de asimilación como explicación de la desaparición de esta especie, según el cual las poblaciones neandertales se fueron reduciendo progresiva y lentamente, estando al borde de la extinción durante mucho tiempo, hasta que el acervo genético de los últimos representantes se absorbió en los HM.

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Thorin, ¿realmente neandertales solitarios?

Thorin, ¿realmente neandertales solitarios?

Existieron al menos dos linajes neandertales en Europa occidental, y posiblemente un tercero todavía nada claro. El individuo apodado Thorin procede de la cueva de Mandrin, en el sureste de Francia. Se descubrió en 2015, en la entrada del abrigo rocoso entre las capas superiores y el nivel B2. Se han encontrado 31 dientes (tenía 34, siendo el primer neandertal hallado con molares supernumerarios), así como su mandíbula, fragmentos del cráneo, falanges y otros restos óseos. Thorin está asociado a un abundante registro arqueológico de neandertales tardíos, que está fechado hace entre 50-42 ka (miles de años).

Reconstrucción de la mandíbula y dientes de Thorin. Crédito: Ludovic Slimak

El material genético conservado en los dientes y en la mandíbula de Thorin releva que su población se separó significativamente de los neandertales llamados clásicos durante más de 50 ka, desde hace unos 105 ka hasta su extinción, hace unos 42 ka. Estos neandertales clásicos son los que cuentan con los rasgos morfológicos más típicos que tanto nos gusta ilustrar cuando establecemos una comparación con los humanos modernos: cara media proyectada, moño occipital, toro supraorbital, cráneo alargado que abarca un cerebro grande, caja torácica y pelvis anchas, etc. El estudio morfológico de esos 31 dientes muestra que tienen rasgos típicos de los neandertales del MIS 5–3, así como un desgaste oclusal avanzado, especialmente en los dientes anteriores, lo que sugiere la participación de sus dientes en actividades paramasticatorias o no masticatorias, como se observa en muchos otros individuos de esta especie.

El genoma de Thorin también ha permitido identificar a un antepasado suyo (perteneciente a su mismo linaje), el individuo Gibraltar-1 (Forbes’ Quarry, apodado Nana), con una antigüedad estimada de 80-100 ka, aunque no está bien datado (Stringer, 2025). Además, parece sugerir la existencia de un linaje neandertal “fantasma” en Europa en la misma época, distinta de tanto de los neandertales clásicos como del grupo de Thorin.

Gibraltar-1 (Nana). Crédito: Roberto Sáez

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