Tecnología punta y el origen de la humanidad

“Tecnología punta en la Edad de Piedra” es el título de mi colaboración en el primer número de la nueva Edición Coleccionista de la revista Muy Interesante. Se trata del estupendo monográfico “El origen de la humanidad”, que recomiendo a cualquiera que le interese conocer lo más actualizado en las distintas disciplinas que nutren el estudio de la evolución humana.

A continuación anoto una breve reseña de esta edición, compuesta por estos 20 artículos:

  • “Historia del linaje humano”: Antonio Rosas abre este número con una introducción a la paleoantropología y a nuestro árbol evolutivo, incluyendo una excelente ilustración didáctica del mismo.
  • “Grabado en los genes”: Carles Lalueza-Fox recopila las grandes novedades en paleogenómica que enriquecen tanto nuestro conocimiento desde hace una década.
  • “La forja de un órgano prodigioso”: Emiliano Bruner resume lo (poco) que conocemos del complejísimo proceso evolutivo del cerebro humano.
  • “De África al fin del mundo”: Jordi Agustí reconstruye los viajes a los que se han aventurado las especies humanas desde las primeras migraciones fuera de África.
  • “Los inventores de la niñez”: José María Bermúdez de Castro narra las particularidades que tienen para los humanos la niñez y la adolescencia, y el importante rol que desempeñan en la evolución.
  • “Por qué nos pusimos erguidos”: Martín Cagliani escribe sobre las hipótesis de los orígenes de una locomoción tan peculiar como es nuestro bipedismo.
  • “El enigma de los primeros humanos”: Mario García Bartual profundiza en el origen de nuestro género Homo y describe los fósiles que caracterizan a las primeras especies humanas.
  • “Tecnología punta en la Edad de Piedra”, donde os propongo un recorrido por la invención de las sucesivas tecnologías que hemos protagonizado, planteando además cuestiones retadoras como ¿la tecnología es solo de los humanos?, ¿por qué se nos ocurrió hacerla?, ¿tiene un origen o varios?, ¿funciona la prueba y error?…

Tecnología punta en la Edad de Piedra (Roberto Sáez, Muy Interesante). Imagen: Enrique Coperías

  • “El tesoro de Atapuerca”: Ignacio Martínez Mendizábal y Mercedes Conde-Valverde recuerdan los “tesoros” que las nueve excavaciones del sistema Atapuerca siguen aportando año tras año a la ciencia.
  • “Así vivieron los neandertales”: Luis Miguel Ariza entrevista a Eric Trinkaus sobre aspectos de los comportamientos de esos parientes tan morbosos, los neandertales: su tecnología, organización, lenguaje, costumbres…
  • “Las raíces del lenguaje”: Laura Chaparro reflexiona sobre algo tan desconocido y discutido como el origen del habla humana.
  • “El amanecer de nuestra especie”: artículo de Eleanor Scerri sobre las evidencias morfológicas y genéticas en relación con los inicios de Homo sapiens.
  • “Iluminados por el arte”: un regalo para nuestras retinas que nos hace Elena Sanz, destacando algunas de las obras artísticas creadas en el tramo más reciente de nuestra evolución.
  • “La dieta de nuestros abuelos”: Eudald Carbonell recorre las fases por las que ha atravesado la alimentación humana, y las motivaciones que dieron lugar a determinados saltos y cambios fundamentales.
  • “¿Quién diablos eres, denisovano?”: con este provocador título, Mario García Bartual nos introduce en el apasionante y enigmático mundo de los denisovanos, a partir de lo que nos cuenta un puñado de fósiles, pequeño pero con rica información genética.
  • “Patriarcado: ellos y solo ellos”: artículo de Anil Ananthaswamy y Kate Douglas sobre los orígenes del desequilibrio de poder entre sexos.
  • “… y llegamos a América”: Colin Barras resume las hipótesis del poblamiento del último continente en el que se asentó nuestra especie.
  • “¿Seguimos evolucionando?” es una pregunta recurrente a la que Ernesto Carmena da una clara respuesta a través de distintas evidencias.
  • “Corregidos y mejorados” es un artículo de Alejandro Sacristán que complementa perfectamente al anterior: abordamos una nueva fase en la evolución humana en la que nosotros intervenimos voluntariamente.
  • “Los últimos resistentes”: el fotógrafo Adam Kozioł retrata genialmente a “los pueblos que quedan de una humanidad casi tan antigua como los fundadores de nuestro linaje”.

Aquí tenéis los enlaces donde se puede adquirir este número: en formato papel y en electrónico.

El comportamiento de los primeros Homo en Tanzania

Continuación de la entrevista a Manuel Domínguez-Rodrigo (parte 1 aquí: “Olduvai: tres homininos conviviendo en el mismo paisaje”), sobre los trabajos que lleva desarrollando en Tanzania desde 2006. Allí codirige un equipo hispano-tanzano (junto a Enrique Baquedano y Audax Mabulla) que investiga las capas más antiguas de la Garganta de Olduvai para desentrañar el origen del comportamiento humano, puesto en relación con la aparición de los primeros representantes del género Homo. Este trabajo se puede seguir en el sitio olduvaiproject.org. En 2019, el proyecto resultó finalista en la I Edición del Premio Nacional de Arqueología y Paleontología otorgado por la Fundación Palarq, que apoya las misiones arqueológicas y paleontológicas españolas en el extranjero (fundacionpalarq.com).

 

Nuevos enfoques para descubrir yacimientos

Sobre el comportamiento de los primeros humanos, llevamos décadas discutiendo las mismas cuestiones: cómo se ha formado un determinado yacimiento, qué hacían con las herramientas, cómo conseguían los animales que comían ahí… De hecho, para empezar, seguimos sin conocer muy bien qué comían que no fueran animales: el grueso de la dieta, como no está preservada de forma directa o visual, la hemos ignorado.

Hay una parte fundamental que es necesario analizar con un trasfondo de biología evolutiva, ya que no hay ningún comportamiento subsistencial que no esté vinculado a una estrategia socio-reproductora, a un comportamiento social. Todos los modelos de conducta planteados desde hace 50 años se basaban en unos pocos yacimientos con preservación pobre, y había uno excepcionalmente preservado, el Zinj, como referente para todos ellos. No había ningún modelo que se planteara que no estuviera contrastado o fundamentado con este yacimiento. Y efectivamente Olduvai es un punto y aparte con respecto a todo lo demás que hay en África de estas cronologías. Pero se necesitan más yacimientos para comprobar si lo que cuenta Zinj es marginal o representativo de la conducta de estos homininos.

Lo que hemos hecho nosotros es cambiar la orientación. Entendemos que el mundo social de estos homininos no puede estudiarse solo desde un enfoque arqueológico: hemos mirado al paisaje actual con los ojos de cómo era hace 2 millones de años, y hemos aplicado herramientas de inteligencia artificial que nos ayuden a entender y a seleccionar partes de ese paisaje. Una vez que combinamos los dos enfoques, comenzamos a descubrir yacimientos nuevos por primera vez en 50 años, donde nadie había pensado que los hubiera. Y la fortuna nos acompañó, porque algunos de esos nuevos yacimientos están preservados igual de bien que Zinj, y además son antrópicos: son acumulaciones generadas casi exclusivamente por homininos, y varias de ellas sobre la misma paleosuperficie (exactamente sobre un mismo paisaje, aunque en momentos distintos).

En definitiva, es una vuelta a la estrategia original que planteó Mary Leakey: un yacimiento no se entiende bien si no eres capaz de abrir una ventana suficientemente grande, si no te acercas a él con los ojos del que se acerca a un campamento de cazadores-recolectores. Así, nos hemos acercado a esas ventanas de esos grupos de homininos, y vemos cómo están explotando toda la zona en ese momento.

Al abrirnos en extensión, la sorpresa es que algunos de estos yacimientos son todavía más espectaculares que Zinj, la ventana más grande que había al Pleistoceno inferior hasta hace poco tiempo. Zinj en su parte excavada es inferior a 300 m2, y nosotros hemos terminado de excavar un yacimiento que ha duplicado esa extensión: un espacio tan grande que podemos más o menos seguir la pista de ese grupo de homininos según se está moviendo sobre su superficie.

Foto © Proyecto paleoantropológico y paleoecológico de la garganta de Olduvai, IDEA (Instituto de Evolución en África)

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Olduvai: tres homininos conviviendo en el mismo paisaje

Entrevista a Manuel Domínguez-Rodrigo, sobre los trabajos que lleva desarrollando en Tanzania desde 2006. Este primer artículo se centra en la contemporaneidad (¿o convivencia?) de tres especies distintas en homininos en la zona. La segunda parte (ver aquí) trata del comportamiento de los primeros Homo en Olduvai.

Allí codirige un equipo hispano-tanzano (junto a Enrique Baquedano y Audax Mabulla) que investiga las capas más antiguas de la Garganta de Olduvai para desentrañar el origen del comportamiento humano, puesto en relación con la aparición de los primeros representantes del género Homo. Este trabajo se puede seguir en el sitio olduvaiproject.org. En 2019, el proyecto resultó finalista en la I Edición del Premio Nacional de Arqueología y Paleontología otorgado por la Fundación Palarq, que apoya las misiones arqueológicas y paleontológicas españolas en el extranjero (fundacionpalarq.com).

 

¿Qué tres homininos?

Conocemos tres homininos depositados exactamente sobre el mismo paleopaisaje, que seguramente se estaban viendo en un espacio pequeño de 2 km2. Por una parte, los fósiles clásicos del Lecho I de Olduvai, de Homo habilis y Paranthropus boisei, que ya sabíamos que estaban juntos. Por otra parte, ahora hemos encontrado una tercera forma que en principio parece Homo erectus, porque es grande y moderno, morfológicamente indistinguible de lo que es erectus 200.000 o 300.000 años después, pero no podemos asegurarlo del todo porque falta la dentición asociada. Si aparece dentición, entonces podremos verificar si es algo asociado a erectus o si es erectus en sentido estricto. Pero lo más importante es que tenemos una forma grande y moderna que está coexistiendo en el mismo espacio y al mismo tiempo con las otras dos: hay tres prototipos evolutivos en ese paisaje.

 

¿Es Homo erectus derivado de habilis, o son dos procesos evolutivos paralelos?

Partimos de que nadie puede responder a esa pregunta, puesto que falta material. Antes era más fácil pensar que uno de ellos, tan primitivo y con un esquema muy anagenético, puede ir derivando en el otro. Ahora este tema se ha complicado mucho:

  • Por un lado, tenemos la forma habilis que podemos poner en relación con la mandíbula de Ledi-Geraru (de 2,8 Ma). Aunque no son idénticos morfológicamente, sí muy parecidos: presumiblemente el hominino al que perteneció esa mandíbula sería similar al Homo habilis que tenemos 800.000 años después.
  • Por otro lado, tenemos este erectus que hemos sacado, que no está solo: hay un pie y un occipital que por afinidad tienen que ser también de erectus, y una pelvis de 1,9 Ma en Koobi Fora que también lo parece.

Estos erectus están conviviendo con los habilis, pero entre ellos hay una diferencia morfológica muy grande, y especialmente en todos los restos poscraneales. Los habilis son primitivos: lo más moderno es su dentición, y su cuerpo es tremendamente primitivo. De hecho, entre los fósiles que todavía no hemos publicado tenemos más habilis, y su diferencia con erectus sigue siendo abismal.

Por tanto, mi opinión es que algo que desconocemos está pasando en ese millón de años «de oro» (entre 3 y 2 Ma), cuando surge esa morfología del ancestro de erectus, y otra morfología distinta del ancestro de habilis. Los habilis aparecen extremadamente comprometidos con un modo de vida «pliocénico», muy arbóreo. Mientras tanto, los erectus, hasta donde los hemos podido rastrear, tienen otra forma totalmente distinta de adaptarse al medio.

OH 80, Paranthropus boisei. Foto: Roberto Sáez

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No podemos reprimir nuestra compasión sin sentirnos acerbamente heridos

«Los socorros que nos inclinamos a dar a los seres desvalidos, son principalmente un resultado accesorio del instinto compasivo, adquirido originariamente como formando parte de los instintos sociales, y que sucesivamente ha ido extendiéndose más.
Aunque nos obligasen razones perentorias, no podríamos reprimir nuestra compasión, sin sentirnos acerbamente heridos en la parte más noble de nuestra naturaleza».
Charles Darwin (1871) El origen del hombre y la selección en relación al sexo.

«The aid which we feel impelled to give to the helpless is mainly an incidental result of the instinct of sympathy, which was originally acquired as part of the social instincts, but subsequently rendered, in the manner previously indicated, more tender and more widely diffused. Nor could we check our sympathy, even at the urging of hard reason, without deterioration in the noblest part of our nature».
Charles Darwin (1871) The descent of man, and selection in relation to sex.

Art by Greg Harlin @NatGeo April 2005

Evolución humana: Prehistoria y origen de la compasión

Mi primer libro se titula “Evolución humana: Prehistoria y origen de la compasión“, editado por Almuzara, con versiones en papel y libro electrónico. Ya está a la venta en librerías, y aquí tenéis algunos enlaces directos a puntos de venta online:

Almuzara  |  Amazon (papel y Kindle) 

Casa del libro  |  El Corte Inglés  |  Fnac

 

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