¿Trofeos de caza neandertales en Cueva Des-Cubierta?

¿Trofeos de caza neandertales en Cueva Des-Cubierta?

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Se ha publicado el hallazgo y la interpretación del material arqueológico del nivel 3 de la Cueva Des-Cubierta (Madrid), acumulados en un depósito de dos metros de profundidad hace entre 43 y 70 ka (miles de años), cuando los neandertales eran la única especie humana que habitaba la zona. En este conjunto destaca una asombrosa acumulación de 35 cráneos de megafauna (bisonte, uro, ciervo, rinoceronte). ¿Qué ocurrió para que semejante conjunto terminara allí?

Comencemos por resaltar la singularidad del lugar. A 1100 m en el centro de la península ibérica, se trata de una ocupación humana inusual, la de unos «neandertales de montaña» que aprovechaban la riqueza de recursos que le ofrecía el valle, y la localización de las cuevas y abrigos privilegiada para el control de la zona, de sus bosques frondosos y zonas despejadas o calveros. En realidad, hay al menos cuatro sitios con presencia neandertal, uno de ellos de hace 90 ka. Compartían o alternaban el uso del espacio con otros depredadores y carroñeros, y competían por alimentarse de los grandes herbívoros que habitaban el valle, siguiendo a los grandes rebaños, remontando el cauce del actual río Lozoya. Eran muy selectivos en los animales que consumían, y dejaron restos de los útiles musterienses que fabricaban para procesarlos a partir del cuarzo de la zona principalmente, aunque también se desplazaban a zonas próximas buscando sílex.

La Cueva Des-Cubierta se descubrió en 2009. Hasta ahora, el hallazgo más destacado había sido una mandíbula con seis dientes de un neandertal infantil de unos 3-5 años de edad en el nivel 2, apodado la “Niña de Lozoya” (aunque no se tiene certeza del sexo del individuo). Del nivel 2 también proceden 734 restos líticos musterienses. La elevada cantidad de cuernas, cráneos y pequeñas hogueras próximas a los restos humanos habían sugerido algún tipo de ritual o un enterramiento, aunque el contexto no lo había podido confirmar. En los últimos años, la continuación de la excavación y del estudio del lugar y sus dataciones ha permitido afinar más lo que pudo ocurrir allí.

Restos de neandertal infantil de 3-5 años de Cueva Des-Cubierta

Restos de neandertal infantil de 3-5 años de Cueva Des-Cubierta, Pinilla del Valle. Crédito: Roberto Sáez

Con ello, ahora se ha presentado el conjunto de materiales del nivel 3, que abarca 2 metros y 27 m2, y recoge el conjunto de restos faunísticos de grandes ungulados (bisonte y uro y, en menor cantidad, ciervo, rinoceronte y caballo). Entre los 2265 restos de fauna destacan 35 cráneos, todos con apéndices (cuernos óseos, astas, cuernos queratinosos), y algunos correspondientes a animales de tonelada y media de peso.  ¿Cómo acabaron allí? Veamos varios datos para construir una posible narrativa: Sigue leyendo

Uso de piel de oso para protección hace 300.000 años

Uso de piel de oso para protección hace 300.000 años

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Aunque no la incluí en la recopilación de noticias del último trimestre de 2022, no quería dejar de destacar la publicación de dos huesos de un oso de las cavernas procedentes del sitio alemán de Schöningen 12, con una antigüedad estimada de 320 ka (miles de años). Estos huesos tienen finas marcas de corte que sugieren el empleo de la piel del oso por los homininos que habitaban aquella región (¿Homo heidelbergensis? ¿preneandertales?), la cual les proporcionaría un gran aislamiento frente al frío, facilitando su adaptación a los duros inviernos de Centroeuropa.

Schöningen es un yacimiento bien conocido por haberse descubierto en él diez lanzas y dos bastones de madera sorprendentemente conservados a pesar de su material orgánico, fácilmente degradable. De allí también proceden más de 20.000 restos de herbívoros que sirvieron de alimento para los humanos, y algunos posiblemente también para el empleo de su piel.

Las marcas de corte en huesos de fauna suelen estar asociados a la explotación del animal para consumir su carne, aunque en este caso, al tratarse de una falange y un metatarso, son huesos de las extremidades del oso que apenas tienen carne, de lo cual se infiere otro uso más probable como la extracción de la piel. Además, indicaría que los humanos cazaron y accedieron de forma primaria al animal, ya que la piel del oso se extrae mejor recién muerto.

Son raras las evidencias de aprovechamiento de la piel del oso en otros sitios del Paleolítico inferior. Destacan Isernia La Pineta (Italia, ~600 ka), Boxgrove (Reino Unido, ~500 ka) y Bilzingsleben (Alemania, ~400 ka). Otros yacimientos posteriores del Paleolítico medio muestran evidencia de la explotación tanto de la piel como de la carne del oso, tales como Biache-Saint-Vaast (Francia), Taubach (Alemania), y Rio Secco y Fumane (Italia). También en otros sitios se han hallado útiles fabricados a partir de huesos de oso retocados. En el Paleolítico superior, las actividades de explotación del oso se encuentran más extendidas, particularmente en distintos yacimientos de Centroeuropa. Sigue leyendo

La mandíbula de Banyoles, ¿el sapiens más antiguo de Europa?

La mandíbula de Banyoles, ¿el sapiens más antiguo de Europa?

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Siempre me ha fascinado la mandíbula de Bañolas, nombre por el que la conocí cuando era pequeño. Posiblemente fue el primer fósil humano del que leí o escuché algo, como un icónico fósil neandertal.

Procede de la cantera de Banyoles, en el noreste de la península ibérica. Su hallazgo es muy antiguo, de 1887, cuando el registro fósil humano se componía aún de muy pocos especímenes, como los neandertales de Engis, Forbes’ Quarry, Feldhofer, Spy, y el sapiens de Cro-Magnon.

La antigüedad estimada para el fósil y la ausencia de mentón hicieron considerar que esta mandíbula tenía origen neandertal. Sin embargo, hasta 1956 no se separó del travertino que estaba adherido al fósil, por lo que todos los análisis previos de la mandíbula no habían podido abarcar la parte interior ni posterior. Actualmente, las dos dataciones más sólidas que se consideran para la mandíbula son: una para el travertino adherido de c. 45 ka -miles de años- (series de uranio) y otro para el esmalte y la dentina de c. 66 ka (resonancia de espín de electrones y series de uranio). Por otra parte, estudios ya más modernos cuestionaron su posición taxonómica, ya que parece tener más rasgos sapiens que neandertales.

Ahora, un nuevo trabajo basado en la morfología comparativa descriptiva y la morfometría geométrica tridimensional cuantitativa (3D GM) descarta por completo que la mandíbula sea neandertal, y la sitúa como claramente sapiens, dejando abierta la posibilidad de que sea un híbrido de sapiens y de otra especie humana no neandertal. Este análisis atiende a la siguiente combinación de rasgos morfológicos clave, cuyos valores en Banyoles se alejan de los caracteres derivados que promedian las mandíbulas neandertales, y se acercan a expresiones primitivas del género Homo, la mayoría de las cuales vemos también en la mandíbula sapiens:

  • Posición adelantada del foramen mentoniano a la altura del P4, como en sapiens (más atrasada en los neandertales: M1 o P4/M1).
  • Ausencia de espacio retromolar (presente en casi todos los neandertales).
  • Morfología redondeada y expandida de la región goniaca, como en sapiens (pero truncada en neandertales).
  • Ausencia de tubérculo pterigoideo medial (que se considera una apomorfia neandertal).
  • Morfología del foramen mandibular similar a la de sapiens (más horizontal-ovalada en neandertales).

Estos otros rasgos también destacan en la mandíbula de Banyoles, pero no son tan decisivos como los anteriores:

  • Posición baja de la línea milohioidea a la altura de M3, como en los homininos del Pleistoceno medio europeo (EMPH) y en la mayoría de sapiens (alta o medio-alta en los neandertales).
  • Fosa masetérica profunda, como en los sapiens y EMPH (plana en los neandertales).
  • Puente milohideo ausente en Banyoles, como en sapiens (presente en la mitad de neandertales y de los EMPH).

¿Y qué hay del mentón, ausente en Banyoles? El mentón es el único rasgo derivado en la mandíbula sapiens. Aunque algunos elementos del mentón sapiens también aparecen en especímenes de neandertales y de Homo erectus, la combinación de todos los elementos característicos solo se da en Homo sapiens. En Banyoles no aparece casi ninguno de dichos elementos. Por tanto, Banyoles carece de elementos derivados de las mandíbulas neandertales y de las mandíbulas sapiens, y parece una forma generalizada y primitiva de Homo, pero con singular cronología (45-66 ka) y localización (Europa occidental). En el estudio 3D GM de este trabajo, el grupo al que se acerca más la mandíbula de Banyoles es sin duda el de los humanos modernos. Según este trabajo, su asignación a Homo sapiens parece clara, y la ausencia de mentón puede deberse a una hibridación con otra especie arcaica de Homo no neandertal, pero no identificada todavía. Sigue leyendo

Un ejemplo clásico de evolución: la tolerancia a la lactosa. ¿Por qué surgió?

Un ejemplo clásico de evolución: la tolerancia a la lactosa. ¿Por qué surgió?

Es raro que bebamos leche. Una vez termina el amamantamiento de las crías, los mamíferos dejan de beber leche y abandonan esta actividad infantil. Pero los humanos adultos no dejamos de hacerlo, sobre todo en sociedades occidentales, y algunas de África, del sureste asiático, de Oriente Medio y Norteamérica. Parece mentira, pero en realidad la mayoría de humanos adultos actuales ni siquiera tiene la capacidad de digerir la leche, ni la han tenido casi todos los humanos que han existido antes.

¿Cuál es el motivo? Nuestro gen LCT codifica una enzima llamada lactasa que permite digerir la leche. La leche tiene un azúcar llamado lactosa, y en nuestro estómago la lactasa divide en dos la lactosa produciendo glucosa y galactosa. Pues bien, tras el destete, cuando la actividad del gen LCT se reduce en un individuo, este pasa a ser intolerante a la lactosa.

Hace pocos milenios, apareció una mutación genética que mantiene la producción de lactasa en adultos, proporcionándoles la tolerancia a la lactosa. Es uno de los ejemplos clásicos para ilustrar que la evolución humana continúa. Esta adaptación ha permitido a un tercio de la población mundial consumir leche no fermentada de otros animales. Mientras tanto, las personas intolerantes a la lactosa, si consumen leche de otros animales, acaban sufriendo molestias que en principio no son graves: hinchazón y dolor de vientre, vómitos, diarrea, flatulencia… Esto lo provoca la falta de lactasa, o su actividad reducida, que hace que la lactosa no se digiera en el intestino delgado, de modo que llega al colon donde se encuentra con bacterias que pueden descomponerla y fermentarla, produciendo acumulación de gas y los síntomas descritos.

La narrativa clásica sitúa la aparición de esta mutación hace entre 5000-10000 años, y su expansión de forma gradual asociada al aumento de consumo de leche de los animales domesticados en el modo de vida neolítico, es decir, una coevolución gen-cultura. Por ejemplo, hace más de 7000 años la leche ya formaba parte de la alimentación en pueblos de Turquía, Rumanía y Hungría, y hace 6000 años en las islas británicas. Esto se puede detectar en los residuos de grasas lácteas que quedan en los poros de los recipientes arqueológicos. Además, según modelos matemáticos que aúnan evidencias genéticas y arqueológicas, hay una distribución significativa de los genes de la persistencia de la lactasa por el noroeste europeo, lo que se asume como una posible ventaja para los humanos de aquella región: beber leche podría haber compensado la falta de sol y sus niveles más bajos de vitamina D, necesaria para asimilar el calcio. Desde hace 3000 años, con el inicio de la Edad de Bronce, la expansión de esta mutación por Eurasia va tomando la amplitud que conocemos en la actualidad. Sigue leyendo

El resto humano más antiguo de Eurasia fuera de Dmanisi

El resto humano más antiguo de Eurasia fuera de Dmanisi

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Orozmani. Recordemos este nombre desde ahora. Se trata de un yacimiento a 20 km de Dmanisi, en Georgia. Todo buen seguidor de la evolución humana reconoce Dmanisi como un sitio clave, ya que allí aparecieron cinco fabulosos cráneos y multitud de restos poscraneales e industria lítica de aspecto olduvayense datados en 1,8 millones de años (Ma). Es decir, estos restos constituyen la presencia humana más antigua fuera de África. Pero, tras Dmanisi, los trabajos de excavación por toda Europa apenas nos habían proporcionado un puñado de yacimientos con restos líticos en el entorno de los 1,5 Ma. Eso sí, otros conjuntos aparecidos en Asia superan ese umbral y llegan hasta los 2 Ma, como el de Shangchen, al norte de China, fechado en 2,1 Ma. Realmente los primeros Homo salieron a Eurasia «al poco» de evolucionar en África.

Los siguientes restos humanos más antiguos fuera de África son los del sitio israelí de ‘Ubeidiya (una vértebra lumbar inferior muy robusta de 1,5 Ma), Orce (un diente deciduo de Barranco León) y Atapuerca (una flamante cara parcial hallada en verano de 2022 en Sima del Elefante) en España, ambos de 1,4 Ma, y la calota de Kocabaş (1,1-1,3 Ma) en Turquía.

Desde 2019 se viene investigando en un nuevo sitio en Qvemo Orozmani, a unos 100 km al suroeste de la capital Tbilisi, que tiene evidencias de presencia hominina de una antigüedad estimada similar a la de Dmanisi (1,77-1,84 Ma). Lo estudia un equipo liderado por Giorgi Bidzinashvili del Museo Nacional de Georgia. En las primeras excavaciones se recuperaron artefactos líticos y huesos de fauna, y se observó el enorme potencial del lugar para el entendimiento de la dispersión de los primeros Homo fuera de África y la ocupación del sur del Cáucaso.

Ahora, se anuncia el hallazgo de un molar que pasa a ser el fósil humano más antiguo de Eurasia tras la colección de Dmanisi. Esperemos su publicación y, sobre todo, la comparación con los dientes de Dmanisi, para entender un poco más la morfología de aquellos Homo erectus que poblaban por Europa, y que seguramente tenían antepasados africanos no mucho más atrás en el tiempo, mientras otros grupos erectinos seguían desarrollándose en paralelo en África, hasta dar origen a nuestro linaje sapiens más de un millón de años más tarde. Sigue leyendo