Los denisovanos se multiplican: nuevos fósiles y una historia evolutiva más compleja

Los denisovanos se multiplican: nuevos fósiles y una historia evolutiva más compleja

Durante años, los denisovanos han estado representados por un puñado de fósiles y una historia genética inesperada en el árbol filogenético humano. Hoy sabemos que su distribución geográfica fue muy amplia: desde la cueva de Denisova, en Siberia, hasta el Tíbet, China, Taiwán y Laos. Varios resultados publicados casi simultáneamente en las últimas semanas contribuyen ahora a conocer un poco mejor su complejo encaje evolutivo. Dos de ellos presentan nuevos hallazgos procedentes de la cueva de Bianfu (suroeste de China) y del Canal de Penghu (frente a Taiwán). Los restos de Bianfu proporcionan datos sobre la anatomía y la forma de vida de estos humanos, mientras que los fósiles recuperados en Penghu son un gran avance para conocer el esqueleto poscraneal denisovano, aunque este último trabajo todavía está en revisión por pares. Juntos, estos hallazgos no solo ensanchan el mapa de los denisovanos, sino que empiezan a revelar la diversidad de formas, ambientes y estrategias de subsistencia que pudo existir dentro de este enigmático grupo humano. El último estudio reseñado aporta una reconstrucción genómica de la historia de sus intercambios con otras poblaciones humanas. En conjunto, observando los distintos fósiles denisovanos, separados por miles de kilómetros y por más de 100.000 años, estos trabajos nos hacen reflexionar sobre su enorme diversidad anatómica, ecológica y tal vez hasta biológica.

Comencemos por Rao, Xing, Ruan et al. (2026), que examinaron más de 60.000 fragmentos óseos de mamíferos para localizar restos que pudieran pertenecer a homininos. De los 22 candidatos seleccionados, el análisis mediante ZooMS (técnica que identifica especies a partir de fragmentos de colágeno) señaló tres como pertenecientes al género Homo: dos fragmentos de hueso parietal, bastante gruesos, y la porción proximal de un radio. No pudo recuperarse ADN antiguo, pero sí se pudo hacer análisis proteómico, que identificó la variante del colágeno COL1A2 R996K, compartida con Denisova 3 (falange del dedo meñique de la niña denisovana que reveló la existencia de esta especie) y otros restos denisovanos. Por ello, los tres huesos, junto con dos dientes previamente excavados, fueron atribuidos a este grupo humano. El análisis proteómico de los dientes también detectó péptidos de amelogenina Y, una proteína codificada por un gen localizado en el cromosoma Y, lo que indica que procedían de individuos masculinos.

Los restos humanos proceden de niveles datados aproximadamente entre 167 y 134 ka (MIS 6). El hallazgo más novedoso es el fragmento de radio, de unos 4,5 cm, por el exiguo registro poscraneal denisovano. Probablemente perteneció a un adulto. La cabeza radial (que participa en la articulación del codo) es grande y la orientación medial de la tuberosidad (prominencia en la que se inserta el tendón distal del bíceps braquial) recuerdan a rasgos neandertales, mientras que la forma general y determinadas características de su sección transversal se aproximan más a Homo sapiens. Aunque todavía es imposible reconstruir las actividades que realizaba el individuo, la morfología de su codo apunta a que le habría permitido levantar objetos pesados, como en los neandertales, pero también realizar movimientos ágiles y precisos, como en los humanos modernos. Esta combinación iría esbozando un modelo biomecánico específico de los denisovanos, pero debe contrastarse cuando aparezcan más restos poscraneales. Por ahora no podemos saber si la morfología del radio es la habitual de los denisovanos o puede ser una variación individual.

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