Issa, el Australopithecus sediba bípedo y trepador

[English version below]

Hacía demasiado tiempo que no escribía sobre australopitecos, los irrepetibles homininos de donde procede el linaje humano. Ahora, un nuevo trabajo sobre esta especie despierta nuestra atención y, para empezar, fijaos más abajo en la sorprendente ilustración de un Australopithecus sediba trepador que acompaña al estudio.

Australopithecus sediba es una especie definida por Lee Berger y otros en 2010 para un conjunto de fósiles hallados en el yacimiento de Malapa (Sudáfrica) desde agosto de 2008, que fueron datados en 1,977 Ma. Se trata de una especie intringante de australopiteco, debido a que es contemporánea a los restos de Homo erectus más antiguos (de 1,95-2,04 Ma) hallados en la cueva de Drimolen, a pocos kilómetros de Malapa.

En esta región tan interesante para el estudio de la evolución humana, en un corto intervalo temporal alrededor del umbral de 2 Ma encontramos a los últimos australopitecinos (representados por sediba), a los primeros humanos (el erectus de Drimolen), a otros homininos tan singulares como los parántropos, y herramientas de piedra y hueso cuya especie autora no es fácil determinar. La diversidad taxonómica de la fauna se aprecia en muchas otras especies locales, indicando un importante momento de evolución y dispersión en el marco de la variabilidad climática que estaba sucediendo.

¿Qué hace intrigante a Australopithecus sediba?

El registro fósil de Au. sediba incluye dos esqueletos muy completos, MH1 (un macho joven) y MH2 (una hembra adulta), y otros restos fragmentarios. El mosaico de rasgos derivados y primitivos en sediba le otorgan una interesante morfología intermedia o de transición entre Australopithecus y Homo.

Comparado con Au. africanus, Au. sediba tiene una cara más plana, menos proyectada, no tiene cresta nucal, y algunos rasgos más gráciles como los cigomáticos y la glabela. Se han identificado similitudes de algunas características con las de los Homo de Dmanisi (que tienen 1,8 Ma). Sin embargo, sediba mantiene un cerebro pequeño, y siguen siendo primitivos otros rasgos como las órbitas, la región nasal, la dentición bulbosa (aunque no grande), las líneas temporales del cráneo, y la originación superior de los músculos maseteros.  

En cuanto al esqueleto poscraneal, el tamaño corporal y la longitud de los brazos son típicos de los australopitecinos, así como la pelvis en general, aunque esta posee también determinados rasgos modernos. Por otra parte, la mano tiene huesos finos y pequeños, e indica que sediba tenía pinza de precisión, pero el calcáneo (talón del pie) es primitivo y estrecho, lo que genera preguntas sobre su forma de bipedación.

Esqueletos Australopithecus sediba

Esqueletos de Australopithecus sediba MH1 (crédito: Lee Berger) y de MH2 con las nuevas vértebras halladas (crédito: NYU & Wits University)

Sediba, bípedo y trepador

La novedad es la publicación de la región inferior de la espalda de sediba (Scott Williams et al, 2021) completada con cinco fragmentos de vértebras encontrados en 2015, muy bien conservados y que encajan perfectamente en los restos esqueletales ya conocidos de MH2 (vértebras torácicas y hueso sacro). A este individuo se le ha apodado Issa («protector» en suajili), mientras que el apodo de MH1 es Karapo («respuesta» en tswana).

La columna vertebral, y en particular la región lumbar, es una zona esquelética importante para comprender el tipo de locomoción. Encontrar series de vértebras lumbares es muy raro, y solo hay tres comparables en el registro fósil de los australopitecinos. Por una parte, este hallazgo confirma que sediba tenía cinco vértebras lumbares, como los humanos modernos. Pero sobre todo, permite identificar una curvatura (lordosis) de la espalda de Au. sediba similar a la que tenemos los humanos modernos, mayor que la observada en otros australopitecinos, y solo superada por la del Chico de Turkana (Homo erectus de 1,6 Ma). Esta forma de la columna verifica el caminar bípedo de sediba.

En cambio, las apófisis transversas de las vértebras (salientes laterales) son grandes y están orientadas hacia arriba, como en los grandes simios, lo que sugieren una potente musculatura del tronco adaptada a una vida arbórea. «Issa caminaba de alguna manera como un humano, pero podía trepar como un simio», explica Lee Berger.

Sediba, antepasado humano

El vínculo entre la especie Australopithecus sediba y nuestro género Homo es un debate abierto y complejo, debido a la mezcla de características que hacen difícil determinar su posición filogenética.

En 2018 el propio Williams y otros publicaron un amplio trabajo sobre 135 fósiles de Au. sediba, que también resaltaba su combinación anatómica única de adaptaciones tanto a la bipedación habitual como a la trepación frecuente. Estos autores defienden que Au. africanus y Au. sediba compartieron un ancestro común por determinar, y que sediba tiene numerosos sistemas funcionales similares a los de Homo, que le hacen un candidato a antepasado de este, o a un grupo hermano de este antepasado.

La datación de Au. sediba tampoco ayuda a aclarar sus relaciones filogenéticas, sino que abre nuevas incógnitas, puesto que ya dijimos que fue contemporáneo con la primera presencia de Homo erectus en la región. Necesitaríamos por tanto encontrar nuevos fósiles para entender cuáles son las raíces de sediba, que estarían próximas a las primeras formas que consideraríamos plenamente humanas. Por ejemplo, John Hawks opina que la mandíbula de Ledi-Geraru (2,8 Ma), normalmente candidata al resto más antiguo de Homo, parece de sediba. No olvidemos que un ser no se acuesta australopiteco y se despierta humano a la mañana siguiente. Esta transición hacia los primeros humanos siempre ha sido mi tema favorito en paleoantropología, por lo que nuevos trabajos que lo abarquen, como este sobre la espalda de sediba, creo que merecen un foco especial y nuestra reflexión para seguir explorando.

Referencias

Life reconstruction of Australopithecus sediba commissioned by the University of Michigan Museum of Natural History. © Sculpture: Elisabeth Daynes / Photograph: S. Entressangle

Issa, the bipedal and climbing Australopithecus sediba

It has been long since I last wrote about australopithecines, the unrepeatable hominins from which the human lineage originates. Now, a new study on this species has come to our attention – for a start, see above the striking illustration of a climbing Australopithecus sediba that accompanies the paper.

Australopithecus sediba is a species defined by Lee Berger and colleagues in 2010 for a fossils assemblage found at the Malapa site in South Africa since August 2008, dated to 1.977 Ma. It is an intriguing species of australopithecine, because it is contemporary with the oldest Homo erectus remains (1.95-2.04 Ma) found in Drimolen Cave, a few kilometres from Malapa.

In this region of great interest for the study of human evolution, in a short time interval around the 2 Ma threshold we have the last australopithecines (represented by sediba), the first humans (the Drimolen erectus), other unique hominins, the paranthropines, and stone and bone tools whose authorship is not easy to determine. The taxonomic diversity of the fauna is seen in many other local species, indicating an important moment of evolution and dispersal in the context of the climatic variability that was occurring.

What makes Australopithecus sediba intriguing?

The fossil record of Au. sediba includes two very complete skeletons, MH1 (a juvenile male) and MH2 (an adult female), and other fragmentary remains. The mosaic of derived and primitive features in sediba give it an interesting intermediate or transitional morphology between Australopithecus and Homo.

Compared to Au. africanus, Au. sediba has a flatter, less projecting face, no nuchal crest, and some more gracile features such as the zygomatics and the glabella. Similarities of some features have been identified with those of Dmanisi Homo remains (dated to 1.8 Ma). However, sediba retains a small brain, and other primitive features in the orbits, the nasal region, the bulbous (though not large) dentition, the cranial temporal lines, and the superior attachment of the masseter muscles.

As for the postcranial skeleton, the body size and length of the arms are typical of australopithecines, as is the pelvis in general, although it also has certain modern traits. On the other hand, the hand bones are small and light, and indicate that sediba had precision grip, but the calcaneus (heel of the foot) is primitive and narrow, raising questions about its bipedal walk.

Sediba, bipedal and climber

The new publication is lower back of sediba (Scott Williams et al, 2021) completed with five fragments of vertebrae found in 2015, which are very well preserved and fit perfectly with the already known skeletal remains of MH2 (thoracic vertebrae and the sacrum). This individual has been nicknamed Issa (‘protector’ in Swahili), while MH1’s nickname is Karapo (‘answer’ in Tswana).

The backbone, and in particular the lumbar region, is an important skeletal area for understanding the type of locomotion. Finding series of lumbar vertebrae is very rare, and there are only three comparable ones in the australopithecine fossil record. On the one hand, this finding confirms that sediba had five lumbar vertebrae, like modern humans. But above all, it allows us to identify a curvature (lordosis) of the backbone of Au. sediba similar to that of modern humans, greater than that observed in other australopithecines, and only exceeded by that seen in the spine of the 1.6-million-year-old Turkana Boy (Homo erectus). This shape of the backbone verifies the bipedal locomotion of sediba.

In contrast, the transverse processes of the vertebrae (lateral projections) are large and upwardly oriented, as in the great apes, suggesting a powerful trunk musculature adapted to an arboreal life. «Issa walked somewhat like a human but could climb like an ape», explains Lee Berger.

Sediba, human ancestor

The link between the species Australopithecus sediba and our genus Homo is an open and complex debate, due to the mix of characteristics that make it difficult to determine its phylogenetic position.

In 2018 Williams and others published an extensive work on 135 fossils of Au. sediba, which also highlighted its unique anatomical combination of adaptations to both habitual bipedation and frequent climbing. These authors argue that Au. africanus and Au. sediba shared a common ancestor yet to be determined, and that sediba has numerous functional systems similar to those of Homo, making it a candidate ancestor of Homo, or a sister group to this ancestor.

The dating of Au. sediba does not help to clarify its phylogenetic relationships either, but rather opens up new unknowns, since it was contemporary with the earliest Homo erectus presence in the region. We would therefore need to find new fossils to understand the roots of sediba, which could be close to the first forms that we would consider fully human. For example, John Hawks believes that the Ledi-Geraru mandible (2.8 Ma), normally a candidate of the oldest Homo remains, looks like sediba. We must never forget that a being does not go to bed australopithecine and wake up human the next morning. This transition to early humans has always been my favourite topic in palaeoanthropology, so new works addresing it, such as this one on the back of sediba, I think deserves a special focus and our reflection to explore further.

References

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