Como cada trimestre, aquí llega el resumen de las principales novedades publicadas en el ámbito de la paleoantropología, ordenadas cronológicamente según la antigüedad de los hallazgos estudiados.
- Una nueva estimación para la divergencia de los linajes chimpancé y humano la sitúa en 8,69-7,28 Ma, anterior a los c. 7 Ma que se venía asumiendo, basada en datos genéticos y evidencias fósiles (d’Oliveira Coelho et al., 2026).
- A partir de un análisis de 386 especímenes de 21 taxones, Gardner et al. (2026) publican evidencias de un fuerte aumento de la masa corporal para todas las especies tardías de Homo, excepto Homo habilis, no como tendencia continua, sino como un aumento progresivo en los homininos más antiguos, seguido de un cambio concentrado dentro del género Homo, acompañado de ramas paralelas que siguieron caminos distintos.

- Hunter y colaboradores han estudiado la variación en la morfología carpiana de los homininos, un rasgo relevante desde el punto de vista biomecánico, encontrando una retención de rasgos potencialmente ancestrales que persistieron hasta Homo naledi. Con ello, sugieren que el carpo de los homininos habría evolucionado a partir de una muñeca similar a la de los simios africanos, y que su reorganización relacionada con la manipulación de herramientas de piedra habría ocurrido ya avanzado el Pleistoceno medio. Además, proponen que el último ancestro común chimpancé-humanos caminaría con nudilleo (knuckle-walking).
- A partir de evidencias de útiles líticos asociadas con la desaparición de especies de Australopithecus, Paranthropus y Homo temprano en el registro africano oriental entre 0,8 y 3,5 Ma, Shea (2026) sugiere que la transición evolutiva entre los primeros Homo y Homo ergaster/erectus parece estar correlacionada con un cambio en la talla de ocasional a habitual, pero las últimas apariciones de Australopithecus y Paranthropus no parecen estar correlacionadas con cambios importantes en el registro.

- Los nuevos hallazgos de restos fósiles de las extremidades inferiores de parántropos y australopitecos han permitido comparar su estructura ósea interna, concretamente entre especímenes de Paranthropus robustus de Swartkrans (parte de la pelvis, un fémur casi completo y una tibia completa del individuo SWT1/HR-2 del Miembro 1 de Swartkrans) y de especímenes de Australopithecus del Miembro 4 de Sterkfontein (Cazenave et al., 2026). La estructura ósea en los parántropos se acerca más a la de los grandes simios africanos que a la de los australopitecos. Esto sugiere una flexión más frecuente en P. robustus de las articulaciones del tobillo, la rodilla y la cadera, normalmente asociada a la trepa. Los autores interpretan una bipedación terrestre más constante en Australopithecus, y un repertorio de locomoción más diverso en los posteriores P. robustus. Como conclusiones derivadas, ambos taxones explotarían nichos ecológicos diferentes (los parántropos, un territorio más extenso). Nuevamente, se observa una evolución nada lineal de la bipedación en los homininos, y surge la necesidad de comparar este comportamiento locomotor con el de Paranthropus boisei en África oriental, para buscar similitudes que podrían haber caracterizado al género en cuanto a la frecuencia de posturas muy flexionadas de la cadera, la rodilla y el tobillo.
- Nuevos datos fechados hace entre 1 y 1,8 Ma en la cueva de Wonderwerk (Sudáfrica) sitúan los orígenes del mantenimiento del fuego próximos a las primeras etapas del Achelense (Marín-Monfort et al., 2026). Allí los homininos podrían haber aprendido a usar egagrópilas regurgitadas por lechuzas y otras rapaces nocturnas que habitaban regularmente la cueva, para prolongar la duración del fuego.
- Forrest y colaboradores exploran las estrategias de adquisición de alimentos en grupos de Homo temprano en la Formación Koobi Fora (Kenia), a través del conjunto FwJj 80 (~1,6 Ma), que proporciona el primer hallazgo faunístico del Miembro KBS (~1,87 a 1,56 Ma). Este conjunto muestra un paleoentorno fluvial con abundancia de antílopes, cuyos restos son consistentes con los comportamientos documentados en la siguiente capa geológica, el Miembro Okote (~1,56 a 1,38 Ma): caza, carroñeo, transporte a sitios de procesamiento, extracción sistemática de médula. También son conductas similares a las documentadas en FLK Zinj (Tanzania, 1,84 Ma) y Kanjera Sur (Kenia, 2 Ma). En KBS los huesos muestran pocas marcas de dientes de carnívoros, lo que sugiere la competencia limitada de carnívoros. El transporte de extremidades reveló la priorización de secciones que ofrecían más recursos con menor esfuerzo. Por tanto, el comportamiento de forrajeo en los primeros Homo se mantuvo estable a lo largo de un tiempo amplio.
- Un ambicioso preprint (Loya et al., 2026) presenta GhostBuster, un nuevo método genómico capaz de detectar mezclas ancestrales con poblaciones fantasma no muestreadas mediante genealogías genómicas completas. Aplicado a humanos modernos, neandertales y denisovanos, identifica tres grandes episodios: migraciones de retorno a África desde Eurasia entre 3 ka y 14 ka, una mezcla profunda en África hace unos 50 ka entre linajes cuya divergencia sería anterior a 300 ka, y una estructura hominina aún más antigua (>1 Ma) donde persisten diferentes alelos de los linajes denisovanos, neandertales y humanos modernos, indicando escenarios de recombinación. El estudio sugiere que la evolución humana fue reticulada y persistieron linajes muy antiguos que se mezclaron repetidamente. También plantea que parte de la diversidad genética africana actual refleja antiguas subdivisiones poblacionales y no simples expansiones recientes. Los autores proponen que algunos fósiles atribuidos a Homo heidelbergensis podrían representar uno de esos linajes ancestrales.

- Allué y colaboradores proponen que, hace unos 780 ka, los cazadores-recolectores del sitio achelense de Gesher Benot Ya’aqov elegían sus asentamientos junto al paleolago Hula priorizando ubicaciones donde la madera podía obtenerse fácilmente y con bajo esfuerzo. La variedad hallada de especies vegetales en los carbones refleja la oferta aleatoria de ramas y troncos caídos y arrastrados por las corrientes del lago. Este aprovechamiento de recursos tuvo lugar a lo largo de decenas de milenios, observado en veinte horizontes arqueológicos superpuestos. Además, se han encontrado un tronco de madera de Quercus calliprinos, un núcleo de basalto gigante, una roca de basalto gigante y diversos artefactos líticos en asociación con fragmentos craneales de un elefante Palaeoloxodon antiquus. La disposición espacial de los objetos se ha interpretado como un registro de la caza, transporte y procesamiento del cadáver del elefante.
- Un estudio de García-Vadillo y colaboradores data en unos 700 ka un conjunto de 13 artefactos con talla achelense de grandes lascas, característica del norte de África, procedentes del yacimiento burgalés de Revilleja de Valparaíso (Hortigüela, Burgos), lo que adelanta en unos 200 ka la primera evidencia conocida hasta ahora sobre este tipo de achelense en Europa. Esto indicaría que durante el MIS 17-MIS 16 Europa occidental albergaba una cultura achelense heterogénea con un origen cultural y geográfico dicotómico, base de las tradiciones tecnológicas achelenses regionalizadas en el MIS 12. La heterogeneidad de tradiciones entre el Achelense del norte de los Pirineos y el Achelense de grandes lascas surgiría en el MIS 19, cuando se dieron los procesos culturales y el crecimiento demográfico necesarios.

- Regiones genómicas de evolución rápida asociadas con el lenguaje evolucionaron antes de la divergencia entre humanos y neandertales. Casten y colaboradores han hallado un conjunto de regiones reguladoras (HAQERs) que evolucionaron muy rápido después de separarnos de los chimpancés (6 Ma), pero antes de la divergencia con los neandertales (600 ka) y que eran, en promedio, 188 veces más influyentes en el lenguaje que cualquier otra variante en el resto del genoma.
- Fu, Wu, Bennett y colaboradores han logrado extraer y analizar proteínas del esmalte de seis individuos de H. erectus del Pleistoceno medio. Se trata de seis individuos, cinco masculinos y uno femenino, de unos 400 ka de antigüedad, procedentes de los sitios de Zhoukoudian, Hexian y Sunjiadong. Todos los especímenes de los tres yacimientos comparten dos variantes de aminoácidos, ambas en la secuencia de la ameloblastina (AMBN), una proteína de la matriz del esmalte: la variante A253G (cambio de alanina a glicina en la posición 253 de la secuencia) es previamente desconocida y no se ha identificado en otros linajes humanos, incluidos H. erectus de Dmanisi (Georgia), Homo antecessor de Atapuerca (España), denisovanos, neandertales y humanos modernos; la otra variante, M273V (cambio de metionina por valina) se ha identificado previamente en los denisovanos tardíos (D3 y D25), así como en Harbin y Penghu 1, y se sugiere que habría sido introducida a través de poblaciones relacionadas con estos H. erectus del Pleistoceno medio. Las regiones del genoma denisovano atribuidas a una introgresión superarcaica (algunas de las cuales se transmitieron posteriormente a los humanos modernos) habrían tenido su origen en H. erectus. Esto habría implicado la interacción de H. erectus con denisovanos en algunas zonas del este asiático. Además, el estudio aclara la atribución a H. erectus de los restos de Hexian, en ocasiones posicionados como denisovanos, aunque también podría implicar que los dientes de 400 ka son en realidad denisovanos (Hawks, 2026).

- Madupe et al. (2026) han estudiado la proteína amelogenina de 23 dientes de H. naledi, pertenecientes a un mínimo de 20 individuos. Los autores han hallado que, en 19 de los 20 individuos la variante masculina de esta proteína estaba ausente (probabilidad >95%), y también lo estaba probablemente (50-95%) en el otro. Por tanto, entre 10 individuos adultos y 10 subadultos analizados, aparentemente todos son hembras.
- Es posible que la disminución del número de megahervíboros (>1000 kg) hace 200 ka obligara a los humanos en el Levante a abandonar las herramientas de piedra pesadas y optar por herramientas más ligeras para cazar animales más pequeños, lo que explicaría que las herramientas pesadas del Levante desaparecen en gran medida del registro en el límite entre el Paleolítico inferior y el medio (Litov, Ben-Dor y Barkai, 2026).

- El análisis de la estructura interna y morfología externa de nueve dientes neandertales de Payre (sureste de Francia), de unos 250 ka, revela la complejidad y diversidad de la evolución de las poblaciones neandertales, destacando la importante variabilidad interna dentro de la propia muestra (Martín-Francés et al., 2026). Esto sería consecuencia de la variabilidad climática del Pleistoceno medio, con poblaciones estructuradas regionalmente que permanecieron fragmentadas y, en ocasiones, aisladas durante largos periodos, alternándose con otros periodos de contactos entre grupos humanos. Los dientes presentan similitudes anatómicas con otros fósiles del linaje neandertal (Bianche-Saint-Vaast, Montmaurin-La Niche y Sima de los Huesos).
- Un conjunto de 62 herramientas óseas identificadas en Abri Suard (Francia), incluyendo retocadores y percutores blandos, enriquece el conocimiento sobre la tecnología ósea de los neandertales en el Paleolítico medio (Téllez, Rodríguez-Hidalgo, Doyon et al., 2026). Las fabricaron principalmente con huesos de reno y caballo, algunas de rinoceronte lanudo e incluso con un molar de caballo. Seleccionaron huesos largos, falanges y calcáneos. Muchas tienen marcas de corte y fracturas asociadas al consumo de carne y médula, lo que indica que, tras servir de alimento, algunos fueron reciclados como instrumentos de trabajo.
- En Jojosi (Sudáfrica), los primeros humanos modernos explotaron durante decenas de milenios una misma fuente de materia prima (hornfels o corneana) hace entre 220 y 110 ka (Will et al., 2026).
- Un preprint de Rose y colaboradores proponen la expansión de una población humana moderna asociada al complejo Nubio, una variante de Levallois que se distingue por dos lascas preparatorias alargadas retiradas desde el extremo distal del núcleo, que tendría su origen en el valle del Nilo hace ~150 ka y se extendió por distintos sitios de Arabia entre 110-85 ka. Esta tradición habría desaparecido con el inicio de la aridificación regional y fue sustituida en el sur de Arabia por grupos que poseían una tecnología miniaturizada característica de poblaciones modernas no africanas. Las primeras dispersiones humanas modernas fuera de África habrían sido demográficamente frágiles y dependientes del clima. Por otra parte, aunque el complejo Nubio ha sido asociado predominantemente con el MIS 5 (130-80 ka), también se han asociado artefactos de tecnología Levallois nubia con el molar neandertal EM 3869 de 50-70 ka (Blinkhorn et al., 2021; aunque cuestionado por Hallinan et al., 2022) hallado en Shukbah, en la Cisjordania palestina, que marca la presencia neandertal más meridional conocida.
- Un nuevo estudio del lecho de Faro Daba, situado en el miembro Halibee de la Formación Dawaitoli (región de Afar, Etiopía) documenta 1800 artefactos de piedra MSA de diversos tamaños y 132 restos de animales fechados en ~100 ka. Entre el 65% y el 82 % de las herramientas estaban hechas de basalto de la zona. El 2% de los artefactos eran de obsidiana, material no disponible localmente, lo que sugiere la existencia de comercio o desplazamientos. Además, se han recuperado tres esqueletos humanos parciales: 1) un probable varón en buen estado de conservación, que quedó enterrado relativamente poco después de su muerte, cuando el esqueleto aún estaba completo, articulado y con tejido blando, aunque no hay indicios de un enterramiento deliberado; 2) un molar y pequeños fragmentos de hueso con signos de carbonización (¿una posible cremación, con esa sorprendente antigüedad?); 3) restos óseos con evidencia de daños perimortem causados por carnívoros (marcas de dientes y fracturas), sin que sea posible determinar si fueron causa de su muerte o consecuencia de un posterior carroñeo (Beyene et al., 2026).
- Nueve dientes neandertales de la cueva de Stajnia (Polonia) del MIS5 (119,7-92,5 ka) se han integrado en un estudio que combina evaluación morfológica, datación por radiocarbono y secuenciación completa del ADNmt (Picin et al., 2026). Estos dientes representan un mínimo de siete individuos (posiblemente ocho). Dos jóvenes y un adulto comparten ADNmt idéntico, lo que indica que estaban emparentados por vía materna. Otros neandertales con haplotipos similares estaban presentes en el sureste de Francia, Iberia y el Cáucaso, lo que sugiere que este linaje mitocondrial podría haber estado muy extendido por Europa antes de ser reemplazado por neandertales tardíos.
- Los datos genéticos de 27 neandertales de Bélgica y Francia, con especial aportación del individuo de Les Cottés (Francia), indican que las poblaciones de neandertales tardíos no formaban un solo grupo homogéneo, sino una red de comunidades interconectadas que conservaron rastros de diferentes linajes hasta poco antes de su extinción (Bossoms Mesa et al., 2026).
- Hace unos 115 ka, los neandertales en la cueva de Los Aviones explotaban moluscos en los meses más fríos del año. Son estrategias de explotación estacional que hasta ahora se observaban predominantemente en las poblaciones de humanos modernos en el sur de Europa (García-Escárzaga et al., 2026)
- Si bien el clima suele considerarse el principal factor determinante de la organización espacial de los primeros humanos en África, un estudio sugiere que también enfermedades como la malaria fueron fuerzas selectivas clave en el Pleistoceno e influyeron en la estructura poblacional, los patrones de elección de hábitat y la dispersión entre 74 ka y 5 ka (Colucci et al., 2026).
- El estudio de varios restos neandertales de Sesselfelsgrotte (Alemania), datados en 50-90 ka, pone de manifiesto determinadas características de la ontogenia neandertal (Miszkiewicz et al., 2026). Por una parte, la estructura general de Sesselfelsgrotte 1, posiblemente nonato, es similar a la de los humanos modernos, aunque ciertas regiones, especialmente de algunos huesos largos como el fémur y el húmero, en comparación con la mandíbula y el hueso frontal, parecen mostrar mayor compacidad y organización estructural que indican un desarrollo algo más rápido. Trabajos anteriores sobre niños neandertales, como el de Mahoney et al (2021) sobre los dientes de tres neandertales de Krapina ya habían encontrado señales de crecimiento relativamente avanzado respecto a los niños humanos modernos. Por otra parte, los molares deciduos de Sesselfelsgrotte 2 y 3 presentan defectos de mineralización indicativos de posibles trastornos sistémicos.
- Chagyrskaya 6 es un segundo molar inferior izquierdo de un adulto neandertal de ~59 ka de la cueva de Chagyrskaya (Altái, Siberia, Rusia), que está perforado intencionadamente con una herramienta de piedra. Se interpreta como la evidencia más antigua conocida de cuidados dentales en una especie humana. Existen dos zonas de desmineralización profunda, indicativas de caries severa: una en la unión del diente con la encía, con surcos característicos del uso de palillos; la otra se superpone con la cavidad perforada en la superficie del diente (Zubova et al., 2026).

- Amud 7 (51-57 ka) es el esqueleto infantil neandertal más completo de entre 6 y 14 meses de edad. Su estudio muestra un crecimiento corporal y cerebral más rápido que en los humanos modernos, lo que sugiere un mayor gasto energético (Been et al., 2026). Así se observa también en otros neandertales infantiles.

- Las herramientas óseas son bien conocidas en el Paleolítico medio, y suelen estar fabricadas a partir de huesos largos de ungulados procedentes de restos de despiece. Además, los dientes de rinoceronte también podrían haber sido utilizados, según han concluido Sanz-Royo y colaboradores. Se trata de una investigación multidisciplinar de análisis tafonómicos, de microdesgaste dental y arqueología experimental, usando dientes de 12 yacimientos del Paleolítico medio en España y Francia, dientes de otros yacimientos paleontológicos y colecciones osteológicas contemporáneas. Los indicios identificados en los dientes de rinoceronte de El Castillo y Pech-de-l’Azé II coinciden con los producidos en los experimentos arqueológicos y son consistentes con el uso de dientes como martillos blandos o yunques.
- Investigaciones anteriores habían concluido que el neandertal infantil La Ferrassie 8 fue enterrado intencionadamente en una fosa excavada, con la cabeza hacia el este y la pelvis hacia el oeste. Una reevaluación de la datación de La Ferrassie 1 sitúa la deposición de este esqueleto en 42,6–39,8 ka cal BP, es decir, en el Châtelperroniense (Balzeau et al., 2026). Se asume que LF8 y LF1 tienen similar antigüedad, pero no se puede verificar si LF1 fue también un enterramiento intencional.
- Lejos de la tradicional homogeneidad biocultural y tecnológica asumida para Asia oriental al final del Pleistoceno medio (300-120 ka), la tecnología lítica en Lingjing (146-90 ka, norte de China) muestra el uso más antiguo de sistemas de lascado centrípeto sofisticados y sistemáticos en Asia oriental (Zhao et al., 2026). Los núcleos jerárquicos indican una predeterminación avanzada y una secuencia de reducción estandarizada y compleja, lo que requiere planificación refinada y gran habilidad técnica. La comparación con 100 yacimientos paleolíticos chinos indica que la tecnología discoide se convirtió en una adaptación estratégica a los cambios ecológicos y demográficos de ese momento. El aprovisionamiento lítico y la fabricación de útiles óseos ilustran una intencionalidad más allá del oportunismo estratégico. Además, hay una interesante coincidencia de esta complejidad tecnológica con la (cada vez mayor) presencia de fósiles humanos en la región, como Homo longi.
- La conectividad de las poblaciones neandertales y sapiens fue diferente durante el MIS 3 (Burke et al., 2026). La red neandertal estaba menos conectada a escala europea, con una posible división este-oeste. La red sapiens estaba comparativamente mejor conectada y centrada principalmente en rutas costeras del sur. Las regiones con presencias de neandertal y de sapiens no se llegaron a superponer en más del 5 % del hábitat disponible para cada grupo, independientemente de la fase climática, lo que debilita la hipótesis de la exclusión competitiva como explicación de la extinción final de los neandertales. Es decir, el clima por sí solo explica por qué se extinguieron los neandertales, ya que la evidencia fósil y arqueológica muestra que sobrevivieron a ciclos glaciales anteriores. Los autores defienden que los neandertales desaparecieron debido a una compleja combinación de factores interrelacionados, como la inestabilidad climática, las presiones demográficas y la organización social. También es posible que la combinación exacta de factores que provocaron su extinción variara según la región. Sin embargo, el potencial de interacción existe claramente en la región franco-cantábrica e itálica, con implicaciones para las hipótesis sobre el reemplazo poblacional en Europa.
- Rodríguez-Álvarez y colaboradores publican las últimas ocupaciones neandertales en Cova Eirós (nivel 3, 41,7-39 ka). Los análisis tecnológicos y zooarqueológicos indican que fueron recurrentes y de corta duración, alternadas con el uso del sitio como guarida de hibernación de osos cavernarios y la presencia esporádica de otros depredadores. El carácter no residencial, la baja densidad de artefactos y la fragmentación espacial de las cadenas operativas son indicativas de la alta movilidad logística de estas comunidades, lo que concuerda con otras ocupaciones neandertales del final del Paleolítico medio en la región cantábrica.
- Analizando 21 sitios del Paleolítico medio y superior, Merino-Pelaz y Cobo-Sánchez han hallado que los últimos son significativamente más compactos que los primeros, independientemente del contexto o las características de la ocupación, lo que sugiere que los humanos modernos estructuraron sus espacios vitales de forma más restringida espacialmente y segregada, con implicaciones para la evolución de la organización de los campamentos, la planificación de actividades y la cohesión social. Al mismo tiempo, los sitios del Paleolítico medio tienen más variabilidad y algunas ocupaciones neandertales se aproximan a la compacidad espacial típica del superior, lo que indicaría ciertos elementos de organización social y espacial más complejos en los neandertales, con solapes al final del Pleistoceno.

- Un interesante análisis de datos geofísicos, geológicos, geocronológicos y arqueológicos del yacimiento al aire libre de Vale Boi (suroeste de Portugal) revela cómo los cazadores-recolectores gestionaron los impactos de terremotos entre 30-24 ka (Barbieri et al., 2026). A pesar de la destrucción sísmica reiterada que se ha identificado, regresaban repetidamente al sitio, atraídos por su acceso estratégico a recursos clave, mitigando los riesgos sísmicos aumentando su movilidad. Durante el Gravetiense y en la transición del Proto-Solutrense abandonaron Vale Boi. Cuando coincidieron factores de estrés sísmicos y climáticos en el Heinrich 2, no abandonaron el sitio sino que adoptaron estrategias para limitar su exposición al riesgo de desprendimientos de rocas, al tiempo que aseguraban el acceso a recursos costeros y estuarinos. Hasta principios del Proto-Solutrense y durante este periodo, las redes sociales y conexiones suprarregionales dotaban de protección proactiva y sustentaron la supervivencia en Vale Boi durante períodos de alto estrés por desprendimientos de rocas.
- Las diferencias cognitivas entre neandertales y humanos modernos encajarían en el rango encontrado en los humanos modernos, que generalmente no se considera significativo a nivel evolutivo. A esta conclusión llega un estudio de Schoenemann et al. (2026) sobre los volúmenes de las regiones cerebrales mediante resonancia magnética en dos muestras de poblaciones modernas (EE. UU. y China). Las diferencias de tamaño encontradas son similares a las reportadas entre neandertales y humanos modernos. De hecho, 9 de 13 regiones cerebrales muestran mayores diferencias absolutas para las muestras de EE. UU. vs. China en comparación con las diferencias reportadas entre neandertales y humanos modernos.
- De la cueva de Parpalló (Gandía, España) proceden 4116 objetos pintados y grabados entre el Gravetiense y el Magdaleniense. La evaluación de 130 artefactos del Solutrense superior con restos de ocre revela procedimientos técnicos complejos para el procesamiento del ocre que sugiere múltiples usos de los colorantes, y el paso de aplicaciones artísticas a otras más variadas (Rosso et al., 2026).
- La búsqueda de ADN humano en 24 paneles de arte rupestre muestreados ha dado como resultado el hallazgo en uno solo de ellos (Bossoms Mesa et al., 2026). A pesar de las condiciones favorables de conservación, las superficies pigmentadas parecen no retener suficiente ADN como para hacerse detectable, idea que se refuerza también por la ausencia de material genético en el aerógrafo de Altamira. Sin embargo, la idea de que el ADN humano antiguo sí puede recuperarse de las paredes de cuevas abre nuevas posibilidades para la investigación más allá del estudio del arte rupestre, incluso en cuevas que no contienen arte: qué poblaciones ocupaban cuevas y hasta qué profundidad, sin necesidad de excavaciones, áreas de concentración de actividades, vinculación a un sexo determinado, etc.

- El estudio (Sánchez Martínez et al., 2026) de núcleos y útiles retocados de 19 niveles arqueológicos de Cova Gran de Santa Linya, al sur de los Pirineos, muestra un aprovechamiento estable y continuado del sílex hace entre 13,5 ka y 39 ka, incluyendo sílex de origen marino procedente de áreas situadas a más de 100 km del sitio. También se documenta un cambio progresivo hacia la utilización mayoritaria de sílex lacustre a partir del Último Máximo Glacial, hace unos 25 ka, coincidiendo con una reorganización de la tecnología lítica hacia la fabricación de herramientas de pequeño tamaño, como raspadores, truncaduras y proyectiles.
- A partir del análisis del desgaste dental y la identificación del sexo cromosómico, se ha podido establecer que la producción textil (que provoca marcas distintivas en los dientes) fue una actividad desarrollada por mujeres entre el Neolítico final y la Edad del Cobre (c. 3600-2200 cal BC) (Vílchez-Suárez et al., 2026). El estudio se basa en dientes de las poblaciones enterradas en las necrópolis megalíticas de Panoría (Darro, Granada) y Los Milanes (Abla, Almería). El desgaste dental se identifica a través de surcos profundos, esmalte pulido y microestriaciones producidas por la fricción repetida con fibras vegetales como lino, esparto o cáñamo. Estas marcas aparecen exclusivamente en los dientes delanteros, en incisivos y caninos especialmente del maxilar, lo que indica el uso de los dientes como tercera mano para la elaboración y sujeción de hilos. La determinación del sexo se consiguió mediante la amelogenina, presente en el esmalte dental y diferenciable cromosómicamente.
- Un mapa genético de los pueblos indígenas de Sudamérica revela tres grandes dispersiones que moldearon su diversidad genética, así como más de un millón de variantes inéditas, con señales de selección natural vinculadas a la respuesta inmunitaria, el metabolismo, el crecimiento y la fertilidad, con implicaciones para la evolución humana y la salud (Castro e Silva, Nunes, Ribeiro, et al., 2026). Se analizaron 199 genomas de individuos de América del Norte a la Patagonia, de los cuales 128 son inéditos. A excepción de algunas poblaciones, generalmente situadas en el Ártico, todos los indígenas sudamericanos actuales descienden de una migración que ocurrió hace aproximadamente 15 ka, con una primera expansión inmediatamente después de la entrada en Norteamérica. La segunda oleada ocurrió hace unos 9 ka, y una tercera hace unos 1,3 ka, con la movilización de poblaciones indígenas desde Mesoamérica hacia Sudamérica y el Caribe. La investigación también confirma el efecto cuello de botella provocado por la colonización europea, con una diversidad genética actual reducida en un 90% desde la original.

- Otro estudio masivo de ADN antiguo muestra que la selección natural reciente ha sido mucho más frecuente y extendida de lo que se pensaba, afectando especialmente a rasgos complejos y poligénicos, no solo a mutaciones simples. Además, la intensidad de estos procesos parece tener un «pico» durante la Edad del Bronce, hace unos 5000 años, posiblemente como consecuencia de una intensificación de los cambios en el estilo de vida iniciados en el Neolítico, hace unos 10.000 años (Akbari, Perry, Barton et al., 2026).
- Un trabajo de Piñero y Librado muestra que en los humanos modernos del norte de Eurasia el consumo de insectos fue escaso y probablemente ocasional, apoyado por señales débiles en cálculo dental y menor potencial genético de digestión de la quitina. En cambio, los neandertales presentan más ADN de insectos en el sarro y variantes genéticas asociadas a su digestión, lo que sugiere una entomofagia más habitual. Los autores sitúan estas diferencias en una historia ecológica de larga duración, con mayor peso de la disponibilidad de insectos en los trópicos que de factores puramente culturales. El trabajo integra análisis de cálculo dental en 745 humanos anatómicamente modernos y 18 neandertales con el estudio de genes implicados en la digestión de la quitina.
- La bipedación y la expansión neuroanatómica se han identificado como probables impulsores clave de la lateralización humana, la preferencia por la mano derecha a nivel poblacional, una singularidad evolutiva sin parangón entre los primates (Püschel et al., 2026).
- El hallazgo más antiguo conocido de sílex tratado térmicamente se ha documentado en Nauwalabila I (Australia), fechado en al menos 40-45 ka, probablemente más antiguo que 55 ka, y anterior a los hallazgos euroasiáticos en al menos 40 ka (Schmidt y Hiscock, 2026).
- Un hueso frontal humano hallado en Hahnöfersand (Alemania) estaba datado hasta ahora en ~36 ka. En él se había observado una mezcla de características de humanos modernos y neandertales. Su reevaluación lo data en 7,5 ka y no observa esa mezcla de rasgos (Röding et al., 2026), lo que refuerza la dificultad de la clasificación filogenética humana basada en morfologías fragmentarias.
- Cova 338 está situada a 2235 metros de altitud en el Pirineo catalán, en la Vall de Núria. Allí se han documentado ocupaciones humanas intensas y reiteradas entre el quinto milenio a. C. y el final del primer milenio a. C. en diversas fases diferenciadas, separadas por periodos de abandono, indicando un uso planificado y recurrente del espacio (Tornero et al., 2026).
- Analizando hojas de hoz natufienses, se documenta una estrategia de obtención de cereales, entre 4,5 y 1 milenios antes del cultivo sistemático y la domesticación identificados en los registros arqueológicos: técnicas de recolección intensiva y planificada de cereales silvestres, cosecha escalonada (semimaduros y maduros), desgranado tipo trilla y dispersión por rotura natural de espigas al madurar (Groman-Yaroslavski et al., 2026).
- Analizando dos genomas papúes nuevos, junto con 47 publicados, para construir un mapa genómico de variantes estructurales introgresadas, Hsieh y colaboradores muestran que la introgresión arcaica, incluida la denisovana, dejó una huella importante en humanos actuales, especialmente en Papúa Nueva Guinea, donde se detectan más variantes introgresadas y varias parecen haber sido favorecidas por selección natural. Además, el estudio amplía el foco desde variantes puntuales a variantes estructurales, un tipo de cambio genómico con gran potencial funcional y escasamente explorado hasta ahora. En conjunto, el trabajo refuerza que la evolución humana reciente en la región fue una historia de mezcla, adaptación local y complejidad genómica, no de reemplazo simple.
- Comparando los cráneos de 56 japoneses que vivieron entre finales del siglo XIX y principios del XX con 56 japoneses que fallecieron en la década de 2020, se observan cambios como braquicefalización (más anchos y cortos), agrandamiento de las apófisis mastoides y rasgos más acusados de dimorfismo sexual, como apófisis mastoides más grandes y protuberancias occipitales externas más prominentes en los varones (Usui et al., 2026). Los autores sugieren la influencia de factores ambientales, nutricionales y de estilo de vida. Aunque la muestra es limitada, este trabajo se une a otros que hallan una reducción del cráneo y del cerebro en el Holoceno.