Neandertales y Homo sapiens conservaron las mismas tradiciones culturales en el Levante

La cueva Üçağızlı II es un refugio natural en el sur de la actual Turquía. Un trabajo de Baykara y colaboradores documenta la ocupación secuencial de esta cueva por distintos grupos humanos durante unos 30.000 años: por neandertales desde 77 ka hasta 59 ka y, después, por humanos modernos desde 59 ka hasta 47 ka, sin que el registro arqueológico muestre una ruptura apreciable entre ambas ocupaciones.

Analizando más de 19.000 artefactos líticos recuperados en la cueva, los autores han encontrado que ambas especies emplearon las mismas técnicas de talla características del Paleolítico medio. Esta observación, junto con los restos de fauna y flora analizados, indica estrategias de subsistencia muy similares.

Además, se han encontrado 59 conchas de moluscos marinos (Columbella rustica) repartidas por varios niveles. Dado que este pequeño molusco carecía de relevancia por su valor alimenticio, se sugiere que las conchas se habrían seleccionado por su forma para usarlas en adornos personales. Este comportamiento no utilitario, probablemente relacionado con prácticas simbólicas, también muestra una continuidad cultural entre ambas especies.

Por tanto, el principal hallazgo del estudio es que el relevo biológico entre neandertales y Homo sapiens no vino acompañado de una ruptura cultural. Las tradiciones tecnológicas, las estrategias de subsistencia y determinadas prácticas simbólicas permanecieron sorprendentemente estables durante miles de años. Esto refuerza la idea de que el Levante mediterráneo fue una región donde los dos grupos humanos compartieron un mismo repertorio cultural local durante largo tiempo, lo que ya había sido sugerido por estudios anteriores, por ejemplo:

  • Poniendo foco en las características de los enterramientos (17 neandertales y 15 sapiens) Been y Barzilai (2024) interpretaron esta práctica funeraria como una innovación cultural compartida durante el Paleolítico medio y paralela a otras similitudes culturales entre ambas especies, aunque con algunas diferencias.
  • El estudio de los restos humanos y arqueológicos de la cueva de Tinshemet (Israel), de unos 100 ka y su comparativa con otras cuevas de la región (Skhul, Qafzeh), permite apreciar una gran homogeneidad en determinadas costumbres sociales y culturales de ambas especies hace 130-80 ka: la tecnología lítica, la mayor dependencia de la caza mayor, los comportamientos de enterramientos intencionales y el uso de ocre (Zaidner et al., 2025).

En cambio, el hallazgo de Üçağızlı II difiere de lo documentado en la cueva de Mandrin (Francia), donde se sucedieron ocupaciones de neandertales y humanos modernos alternativamente en diversas oleadas entre 56,8 ka y 41,5 ka, asociadas a tradiciones tecnológicas diferentes.

En todo caso, el nuevo trabajo de Baykara et al. (2026) aporta dos novedades importantes:

  1. La observación se realiza dentro de un mismo yacimiento (no comparando varios) en el que cada nivel de la secuencia arqueológica está claramente identificado por fósiles diagnósticos de una especie.
  2. La continuidad cultural afecta a tecnología lítica, estrategias de subsistencia y selección de conchas para usos no utilitarios.

Además, los autores sugieren que el grupo sapiens de Üçağızlı II podría situarse cerca del linaje fundador de las poblaciones modernas que se expandieron desde hace 50-60 ka hacia Eurasia, aunque no descartan que represente una dispersión anterior hacia el Levante con escasa continuidad genética, distinta de la que terminó poblando Eurasia. Como cuestiones abiertas, sigo preguntándome hasta qué punto esa homogeneidad cultural se debió a la transmisión entre ambas especies, a la hibridación o a una combinación de ambas, y cómo encaja en este puzle el posible «tercer» grupo humano representado por la mandíbula de Nesher Ramla.

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