Entrevista en La aventura del saber (La 2 TVE) el 4 de noviembre de 2019. «Evolución humana: Prehistoria y origen de la compasión». Duración: 15 minutos.
Entrevista en La aventura del saber (La 2 TVE) el 4 de noviembre de 2019. «Evolución humana: Prehistoria y origen de la compasión». Duración: 15 minutos.
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En la figura está el cráneo de Iwo Eleru (Nigeria), descubierto en 1965 por Thurstan Shaw y su equipo. En 2011 Katerina Harvati y otros publicaron la revisión de este fósil y de su datación por series de uranio (siendo el resultado 11.700-16.300 años).
La morfología de este cráneo difiere mucho de la de otros humanos modernos recientes de África. Iwo Eleru tiene rasgos primitivos a pesar de su relativamente poca antigüedad: es más alargado y más bajo, y tiene un destacado arco supraorbital. De hecho, comparándolo con otros especímenes africanos más antiguos y más modernos, al que más se parece es al cráneo de Ngaloba, en Laetoli (Tanzania), que es 100.000 años más antiguo (está datado en 140 ka). También tiene semejanzas con Jebel Irhoud (¡de 280-350 ka!) y con el grupo de materiales Qafzeh-Skhül de Levante (90-130 ka).
Recordemos que los materiales de Jebel Irhoud (Marruecos) se han propuesto como los representantes más antiguos (por ahora) de Homo sapiens: tienen una morfología primitiva en muchos rasgos (cráneo alargado y bajo, arcos supraorbitales, cara grande) y también moderna en otros (gracilidad de los pómulos, cara no proyectada, dentición y mandíbula). Los de Skhül y Qafzeh (Israel) son los ejemplares más antiguos de Homo sapiens en Levante, representantes de antiguas migraciones de humanos modernos fuera de África, que no progresaron hacia Europa tal vez por la barrera demográfica que suponían de alguna forma los neandertales por entonces.
¿Qué significa todo esto? Tal como venimos descubriendo en los últimos años, la evolución de nuestra especie en África es bastante más compleja de lo que sería un proceso lineal en que unas poblaciones van evolucionando hacia otras con el tiempo. Algunos grupos arcaicos evolucionaron hacia un linaje moderno, pero su historia no acabó ahí, sino que varias de esas poblaciones también se estuvieron cruzando con sus «descendientes modernos» hasta épocas relativamente recientes.
De hecho, la genética refuerza estas conclusiones, y menciono aquí algunos ejemplos de estudios recientes publicados en 2018 y 2019 a este respecto: Sigue leyendo
El próximo martes 3 de diciembre se presentará mi primer libro “Evolución humana: Prehistoria y origen de la compasión”, editado por Almuzara. Será un día emocionante, porque este primer mes desde el lanzamiento del libro ha sido muy bonito, con gran acogida en redes sociales y en los medios de comunicación y, por supuesto, por muchos de vosotros, lectores de este blog, quienes amablemente me habéis hecho llegar vuestros comentarios.
La cita será en un escenario especial: el Museo Nacional de Ciencias Naturales, calle José Gutiérrez Abascal, número 2, en Madrid. A las 19:00 horas, en el salón de actos.
En el acto tendré el honor de ser acompañado por Antonio Rodríguez-Hidalgo, investigador asociado, Instituto de Evolución en África (IDEA), y por Manuel Seara Valero, director y presentador del programa de RNE A hombros de gigantes y también gran conocedor de la evolución humana, que me han apoyado en este precioso viaje.
Charlaremos sobre la prehistoria de la compasión, responderé a las preguntas que los asistentes me quieran plantear, y con mucho gusto firmaré ejemplares a quien lo desee.
Habrá un punto de venta para quien quiera allí adquirir el libro. Además, está a la venta en librerías físicas, centros comerciales, en la web de la editorial Almuzara y en las plataformas online, por mencionar las más famosas: Casa del libro | Amazon | El Corte Inglés | Fnac.
Me encantaría que pudierais acercaros los que tengáis ocasión. Espero poder saludaros, ¡y conoceros a algunos personalmente!
Fotos del encuentro:
La bipedación es una forma única de desplazamiento empleada por una sola de todas las especies de primates actuales, y se considera uno de los rasgos esenciales que define al linaje humano. Por ello, intentar conocer cuándo, dónde y por qué surgió esta modalidad de locomoción suele generar un rico debate.
El Mioceno, periodo entre hace 23 y 5 millones de años (Ma) en ocasiones suele llamarse «planeta de los simios», por las numerosas especies de primates que poblaban entonces Europa, África y Asia: las conocidas se cuentan por decenas, y cuántas otras existirían que nunca conoceremos… Esas especies nos van aportando datos del camino evolutivo que siguieron los primates, pero el registro fósil no es abundante y hay muchos huecos, por ejemplo, a partir de hace 7 Ma hasta la aparición de los australopitecos (4 Ma). Por ello, todavía es muy difícil comprender la transición hacia el bipedismo desde otros hábitos (saltación, suspensión, cuadrupedismo arbóreo, cuadrupedismo terrestre), o averiguar cuál sería el comportamiento locomotor del último ancestro común de humanos y chimpancés.
En los primeros homininos vemos ciertos indicios de haber desarrollado una postura erguida, pero no un desarrollo especializado de la bipedación como sí se observa posteriormente:
Pero todo esto no significa que la bipedación sea exclusiva de los humanos sino que, dentro de otras especies de primates anteriores a los homininos, pudieron ir apareciendo «pruebas» de bipedación y de otros hábitos locomotores distintos a los que empleaban, como adaptaciones de su morfología más adecuadas a su modo de vida.
Así, este artículo resume dos recientes estudios que aportan nuevos datos muy interesantes sobre este tema.
Este es el cráneo de Aegyptopithecus zeuxis, que vivió en un momento previo a la separación de las dos superfamilias de catarrinos: los hominoideos (gibones, orangutanes, gorilas, chimpancés, humanos) y los cercopitécidos (monos del Viejo Mundo: babuinos, cercopitecos, macacos, colobos).
Es noticia la publicación del primer objeto ornamental hecho por neandertales con garras de águila encontrado en la Península Ibérica. Se descubrió en Cova Foradada (Tarragona), y consiste en una falange de la pata izquierda de un águila imperial (Aquila Adalberti) de gran tamaño, con 12 marcas de corte que sugieren que fue tratada para formar parte de un collar. Su datación estimada es de 39.000 años, lo cual supone el «último collar de neandertal» conocido (es decir, el de más reciente antigüedad).
Las garras de águila son los primeros elementos ornamentales documentados en Europa. Se trata de una práctica cultural adoptada por grupos neandertales en los comienzos del Paleolítico Medio, que se extendió durante 80.000 años, y pudo haber sido transmitida a los humanos modernos. En Europa se conocen al menos 23 falanges de distintas especies de rapaces con marcas de corte, procedentes de 10 yacimientos y con edades entre 130-42 ka (miles de años).
Estos adornos personales constituyen una evidencia directa del comportamiento simbólico y de las capacidades cognitivas de los neandertales, más antiguos que las conchas marinas perforadas elaboradas por humanos modernos en África y Levante hace entre 100-75 ka. Por otra parte, en Cueva de los Aviones (Murcia) se encontraron conchas marinas perforadas con restos de ocre datadas en 115 ka.
El nuevo objeto hallado pertenecen a la cultura Chatelperroniense, típica de los últimos neandertales que vivieron en Europa y que coincidieron con los humanos modernos que se estaban expandiendo desde Oriente Medio. Toma su nombre de la población de Châtelperron (Allier, Francia). Se caracteriza por la fabricación de cuchillos y puntas con ciertas semejanzas a las de los comienzos del Paleolítico Superior. En mayo de 2019 se encontraron en Cova Foradada las evidencias más meridionales de esta cultura en Europa (unos 41 ka), demostrando que esta industria llegó hasta la depresión del Ebro (más al sur de las regiones cantábrica y pirenaica como se conocía anteriormente) y modificando la antigüedad conocida para la transición desde el Paleolítico Medio al Superior. Por otra parte, en Cova Foradada también se han encontrado herramientas del Auriñaciense inicial (hace unos 38 ka) y del Gravetiense (31 ka).
Agradecimiento: a Antonio Rodríguez-Hidalgo, por la información proporcionada para este artículo.
Más información

Hueso de águila imperial FO15/IV1/E6/1339 con marcas de corte. Crédito: Antonio Rodríguez-Hidalgo, IDEA