La comparación de las manos casi completas que se han podido recuperar de Australopithecus sediba (1,95 millones de años) y de Homo naledi (241-335 miles de años) permite observar cómo estas dos especies se adaptaron a sus entornos en el sur de África de distintos modos, equilibrando el uso de herramientas, el procesamiento de alimentos y la locomoción (Syeda et al., 2025).
Aunque ninguno de los dos homininos se ha asociado todavía directamente con herramientas de piedra, varios aspectos de la morfología de las manos y de las muñecas de ambos sugieren que poseían una destreza manual mucho más similar a la de los humanos que a la de los chimpancés o gorilas actuales. Es decir, aquellas manos probablemente manejaron herramientas.
En el caso de Homo naledi, cerca de la mano de uno de los cuerpos hallados en la antecámara Hill (contigua a la cámara de Dinaledi, en el sistema de cuevas Rising Star) se halló un artefacto de piedra que, según plantean en su preprintBerger y otros (2025), podría haber sido utilizado para realizar grabados parietales en forma de líneas cruzadas y formas geométricas. Aunque este objeto puede ser natural y no un producto de la talla de herramientas (Martinón et al., 2024), tampoco se descarta que H. naledi lo adoptara como útil. En todo caso, sorprende su asociación con el esqueleto, en contacto directo con el mismo.
Tanto H. naledi como Au. sediba son especies que conservan ciertos rasgos morfológicos de apariencia simiesca, sobre todo en las extremidades superiores. Estos rasgos les resultarían ventajosos para escalar o trepar, aunque no se puede determinar si realmente lo hacían, o tal vez esa morfología está reflejando los remanentes evolutivos de un ancestro escalador o trepador.
Llevamos tiempo preparando este curso con ilusión, contando con la valiosa participación de expertos clave en este ámbito, procedentes de disciplinas y geografías diversas. Finalmente, el curso es una realidad, gracias al respaldo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y a su excelente acogida de esta iniciativa.
A través de 11 ponencias, el curso ofrece una introducción a la bioarqueología del cuidado, analiza casos de estudio destacados y, desde una perspectiva transdisciplinar, invita a reflexionar sobre los orígenes y la evolución de un comportamiento tan complejo como el cuidado. Además, promueve la difusión de los conocimientos adquiridos, resaltando cómo las sociedades del pasado pueden ofrecer enseñanzas relevantes y valores aplicables al presente.
El curso se realizará del 22 al 24 de octubre de 2025. ¡Os animo a difundirlo a quienes les pueda interesar! Si no podéis asistir en directo, con la matrícula podréis asistir a las clases en diferido. Si tenéis cualquier pregunta, podéis Dejar un comentario abajo o bien escribirme en la sección de Contacto.
16:00 Evidencias de cuidados de la salud en bioarqueología: narrativas en el registro fósil. Roberto Sáez
17:00 Buscando el origen del comportamiento de cuidar en la moral: ¿fosilizan los actos morales? Carmen Velayos Castelo
18:00 Estudio del cuidado de personas en situación de vulnerabilidad. Paola Andrea Barrio Fioresta
19:00 Discapacidad y cuidados: vínculos con el aprendizaje y la materialidad. Gustavo David Candela
Jueves 23 octubre (CEST)
16:00 Index of Care: instrumento de apoyo a la investigación. Lorna Tilley
17:00 En búsqueda de la empatía en la prehistoria. Josefa Ros Velasco
18:00 Buscando el origen del comportamiento de cuidar en la mente: aportaciones desde la Arqueología cognitiva. Juan Fernández González
19:00 Más allá de la crianza: los cuidados a individuos infantiles. Jessica Cerezo-Román
Viernes 24 octubre (CEST)
16:00 ¿Cuidados en primates no humanos? José Miguel Martínez Gázquez
17:00 Cuidados en la Antigüedad Tardía: el caso de Herrera de Pisuerga. María Edén Fernández Suárez
18:00 Referencias etnográficas de cuidados de la salud en sociedades de cazadores-recolectores. Alejandro León-Cristóbal
OBJETIVOS
Comprender la importancia del cuidado en distintas sociedades, explorando su impacto en la organización comunitaria y la supervivencia de los individuos.
Entender cómo se analizan marcas óseas y patologías que evidencian necesidades y prácticas de cuidado.
Explorar perspectivas del cuidado desde distintas disciplinas, para abordar la complejidad de este comportamiento.
Reflexionar sobre la necesaria divulgación de estos conocimientos en la actualidad.
Reconozco que, al principio, me sentí un poco decepcionado al conocer la nueva datación de las lanzas de Schöningen. No necesitamos situarlas en la «era neandertal» para reafirmar que los neandertales eran magníficos cazadores colectivos de grandes piezas. En cambio, analizar la presencia de estas capacidades en grupos preneandertales es un tema desafiante y atractivo, y podría remontarse a prácticamente medio millón de años, como muestra la caza masiva de bisontes del nivel TD10.2 de Gran Dolina (Rodríguez-Hidalgo et al., 2017).
¿Qué ha cambiado en Schöningen? Recordemos que allí los homininos se organizaron para acorralar y cazar caballos en la trampa natural que suponía la orilla de un lago. En total, se han hallado restos de al menos 50 caballos, con distintos patrones de corte y distribución que indican que fueron cazados en distintas emboscadas. Allí quedaron múltiples lanzas y otros útiles de caza que se han conservado excepcionalmente en el sitio 13II-4. La antigüedad de estos objetos de madera (llamémosles «las lanzas de Schöningen») venía estimándose en unos 300 ka. La datación por termoluminiscencia (TL) del sílex quemado que se halló en el sitio 13I-1 era de unos 321 ka, mientras que la datación por luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) del sitio 13II-2c1 daba unos 300 ka.
El pequeño conjunto lítico de sílex no apunta a ninguna industria particular. Apenas hay reducción lítica primaria ni presencia de técnica Levallois. Las herramientas fueron llevadas al lugar, y las abundantes lascas, astillas y restos de reafilado están relacionadas con la carnicería, la carpintería y el raspado de pieles. Este conjunto lítico solía atribuirse al Paleolítico inferior, debido a la ausencia de tecnología de núcleo preparado y a la antigüedad inicialmente estimada para el sitio.
Sin embargo, un nuevo trabajo (Hutson et al., 2025) aborda la revisión de la antigüedad de las lanzas de Schöningen, a partir de que las muestras datadas por TL y OSL de las unidades 13I-1 y 13II-2c1 estarían ubicadas estratigráficamente por debajo de la unidad 13II-4 y, por tanto, solo servirían como estimaciones de edad máxima. En este estudio, se realiza una datación por geocronología de aminoácidos de la materia orgánica conservada en fósiles hallados en las concentraciones más densas de 13II-4. Este método se basa en la degradación dependiente del tiempo de las proteínas dentro de fósiles de distintos tipos analizados, como opérculos (4), valvas de ostrácodos (9) y dientes de caballo (15). La nueva datación sitúa las lanzas de Schöningen en el Estadio Isotópico Marino (MIS) 7, hace unos 200 ka. Esta antigüedad es unos 100 ka más reciente de la que se suponía. Las lanzas se ubican en un momento de indudable presencia neandertal, concretamente en una fase temprana de su evolución. La estimación de 300 ka no descartaba un origen neandertal de las lanzas, pero sí era más difícil asociarlas a esta especie (¿demasiado pronto?).
8 lanzas y 6 palos de doble punta identificados con seguridad en Schöningen 13 II-4. Crédito: Minkusimages; Matthias Vogel, NLD / Ejemplos de maderas hendidas puntiagudas y de punta redonda. Crédito: Fotos: Matthias Vogel, Jens Lehmann, Dirk Leder, NLD.
Existen otras cuantas evidencias que permiten investigar el origen de la caza colectiva monoespecífica, es decir, enfocada única o predominantemente a una especie animal. Se trata de escenas que ponen de manifiesto la elevada capacidad cognitiva y social de unos homininos que debían conocer el comportamiento y movilidad de dicho animal y, a partir de ello, en conjunto planificar y repartir las tareas de la caza. Tampoco olvidemos la necesaria transmisión de estos conocimientos de unas generaciones a otras.
La siguiente tabla recoge posibles ejemplos de caza colectiva monoespecífica mencionados por Hutson et al. (2025). Los autores proponen que alrededor del MIS 7 fue consolidándose esta especialización en la caza neandertal. Pero vamos teniendo evidencias que parecen indicar un origen más antiguo.
El Short-Form Index of Care (Teaching) (Caine, Tapia y Canzonieri, 2024-25) es una adaptación sintetizada del Index of Care, IoC o Índice del Cuidado (Tilley y Cameron, 2014). Recordemos que el Índice del Cuidado (en adelante, Índice) es una herramienta que ayuda a evaluar la posibilidad de atención de la salud hacia personas con discapacidades en contextos del pasado. El Índice opera como instrumento metodológico dentro de la bioarqueología del cuidado, permitiendo analizar si un individuo con una patología observable en el registro óseo pudo haber sobrevivido gracias a cuidados proporcionados por su comunidad y el grado de atención de estos. También ofrece perspectivas sobre la extensión de este comportamiento tanto a nivel individual como colectivo, y sus implicaciones para su identidad cultural del grupo.
Por su parte, el Short-Form Index of Care (Teaching), en adelante IoC-T, es una versión abreviada del análisis que mantiene la base teórica y los elementos esenciales del Índice, pero está diseñada específicamente para facilitar su uso en el ámbito educativo, de manera que los profesores puedan introducir estos conceptos de forma práctica en el aula.
Esta nueva herramienta no sustituye al Índice del Cuidado original, ni pretende alcanzar su nivel de profundidad interpretativa. Su propósito es facilitar que docentes, estudiantes y otras personas interesadas (con conocimiento básico de los principios y etapas de análisis de la bioarqueología del cuidado) puedan explorar aspectos fundamentales del cuidado en contextos arqueológicos y se familiaricen con su enfoque práctico, accesible y riguroso, sin tener que abordar la complejidad total del Índice.
Cúbito de Man Bac 9, uno de los seis casos de estudio incluidos entre los recursos del IoC-T.
¿Por qué crear esta versión del Índice del Cuidado?
Por su orientación a la actividad investigadora, comprendemos que la aplicación del Índice del Cuidado requiere tiempo, conocimientos especializados y experiencia en interpretación bioarqueológica. Si bien esto lo convierte en un instrumento valioso para el estudio, también plantea desafíos para su uso en entornos educativos, donde los alumnos están en proceso de adquirir esas competencias, y los docentes no tienen por qué ser expertos en la materia.
Frente a esto, el IoC-T nace con el objetivo de reducir la carga técnica sin perder el enfoque analítico, proporcionando una herramienta de iniciación. Es ideal, por ejemplo, para cursos universitarios, talleres divulgativos o actividades formativas centradas en la bioarqueología, la paleopatología o los estudios sobre discapacidad en el pasado. Los profesores de bioarqueología, antropología física y áreas relacionadas encuentran así una herramienta que les permite:
Facilitar el aprendizaje: Al reducir la complejidad, se ofrece un marco didáctico en el que los estudiantes pueden aprender la noción del cuidado y los principios de su estudio en sociedades antiguas.
Aplicar el método de forma práctica: Con ejercicios prácticos basados en evidencia osteológica, la herramienta está diseñada con un enfoque totalmente didáctico para aprender a aplicar los conceptos teóricos.
Fomentar la interpretación crítica: Se invita a los estudiantes a interpretar y discutir los hallazgos bioarqueológicos, a reflexionar sobre la discapacidad, la dependencia y el valor social de la vida humana en distintos contextos culturales, y a vincular contenidos bioarqueológicos con debates contemporáneos sobre ética, salud y comunidad. Estas son habilidades fundamentales en la formación académica.
Estuve tentado de dividir esta entrada en varias, ya que en este trimestre hemos conocido un número muy alto de novedades importantes. Finalmente, he reunido y resumido 54 de ellas (!) en un solo artículo que ofrece una visión fascinante de la evolución humana. Espero que lo disfrutéis
La selección de herramientas de piedra por parte de los chimpancés salvajes para romper nueces en Bossou (Guinea), en experimentos controlados que introducen rocas desconocidas para esta población, podría reflejar las técnicas de los homininos que desarrollaron la industria olduvayense (Braun et al., 2025). Los chimpancés seleccionan yunques y martillos en función de las propiedades mecánicas, características no directamente visibles para el individuo: piedras más duras para los martillos y más blandas para los yunques, lo que indica que comprenden propiedades específicas para funciones distintas. Los adultos identifican las propiedades mecánicas mediante el aprendizaje individual, y los jóvenes a menudo reutilizan las herramientas seleccionadas por los adultos.
El origen de la talla lítica pudo haber sido un proceso emulativo por parte de los homininos que buscaban reproducir objetos afilados producidos de forma natural («naturalitos») y que ya eran muy demandados, y no tanto la creación intencional o por accidente de lascas afiladas y la posterior aplicación a objetos para cortar (Eren et al., 2025).
Ejemplos de objetos de piedra con filos producidos naturalmente. Crédito: Michelle R. Bebber, Metin I. Eren y Alastair Key
La orientación acetabular de los Australopithecus era esencialmente similar a la humana hace 3,6 Ma, atendiendo a la comparativa de los acetábulos en una muestra de primates antropoides existentes y homininos fósiles que incluyen Australopithecus afarensis (AL 288–1, KSD-VP-1/1), Australopithecus africanus (Sts 14), Australopithecus sediba (MH2) y Homo neanderthalensis (Kebara 2). El cambio en la orientación acetabular de los homininos fue probablemente un rasgo seleccionado para la locomoción (Lawrence, Hammond, Ward, 2025).
Vectores de orientación acetabular en 3D (vectores normales al plano acetabular) superpuestos en una pelvis humana y mostrados en vistas que representan el plano medio, el plano lumbosacro y el plano comparativo ortogonal. Figura 4 en A.B. Lawrence, A. S. Hammond, C. V. Ward (2025)
Se han comparado los isótopos de carbono y nitrógeno unidos al esmalte dental de los dientes fósiles de 43 mamíferos de hace 3,5 Ma de Sterkfontein (Sudáfrica), incluidos 7 individuos diferentes de Au. africanus, con los dientes de mamíferos africanos modernos (Lüdecke et al., 2025). Cuando los animales digieren los alimentos, sus cuerpos tienden a utilizar y eliminar por la orina, las heces y el sudor más el isótopo ligero de nitrógeno (14N) que el isótopo pesado (15N), el cual queda más en sus cuerpos en comparación con los alimentos que comen. Las plantas contienen mucho 14N pero no mucho 15N; los herbívoros tienen más 15N y menos 14N en sus cuerpos que las plantas que comen; y los carnívoros tienen mucho 15N y no mucho 14N. El estudio observa que los australopitecos parecen haber tenido una dieta variada, pero no rica en carne de mamíferos. Este hallazgo podría implicar que las habilidades de los australopitecos para adaptarse a ecosistemas de sabana pudo haber sido anterior al cambio a una dieta rica en carne que potenció la evolución del cerebro. Tampoco se puede descartar una dieta rica en termitas, alimento que contiene relativamente menos nitrógeno del tipo que se encuentra en la carne de los mamíferos.