Híbridos humanos: una nueva posibilidad en La Cotte de St Brelade

Híbridos humanos: una nueva posibilidad en La Cotte de St Brelade

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Entre 1910 y 1911 se encontraron doce dientes humanos en La Cotte de St Brelade (Jersey), en un nivel musteriense, cercanos a restos de fuego. Con una antigüedad estimada inferior a 48 ka (miles de años), tradicionalmente se han considerado como pertenecientes a neandertales tardíos, como mínimo a dos individuos adultos. En las excavaciones llevadas a cabo hasta 1920 se recuperaron 20.000 artefactos líticos de talla musteriense, con total ausencia de materiales del Paleolítico superior. En el mismo lugar también apareció un fragmento de occipital infantil, pero en una capa más reciente y carece de rasgos neandertales.

Un siglo después, aquellos dientes se han reevaluado y comparado con muestras de neandertales y de humanos modernos. En este trabajo se concluye que los dientes tienen un número de rasgos comunes con la dentición sapiens, por ejemplo, en el cuello de los premolares y en la corona del premolar inferior. En cambio, las dimensiones de la corona y de la raíz y la morfología de la raíz son características de los neandertales.

La combinación de rasgos de ambas especies abre la posibilidad de una convivencia de neandertales y humanos modernos en esta zona noroccidental de Europa, que explicaría una hibridación de la cual estos individuos serían sus descendientes.  Sigue leyendo

Las huellas neandertales de la playa de Matalascañas

Las huellas neandertales de la playa de Matalascañas

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Tal vez un lugar donde raramente pensaríamos sobre evolución humana es la playa de Matalascañas (Huelva), una preciosa costa de 5 km junto al Parque Nacional de Doñana, en el suroeste de España. Allí se ha descubierto un yacimiento con cientos de icnitas (huellas fosilizadas) de distintas especies, 87 de ellas dejadas por neandertales tempranos hace unos 151 ka (miles de años). Esta es la nueva datación publicada en 2023, tras la estimación inicial de 106 ka dada para una capa superior. De todas las huellas, 31 están longitudinalmente completas. El yacimiento se ha denominado Matalascañas Trampled Surface (MTS).

¿Qué sabemos de este hallazgo? Resumo a continuación las principales ideas que nos comparte para este blog Eduardo Mayoral, catedrático de Paleontología en la Universidad de Huelva y coautor de estos estudios, publicados en Scientific Reports, y completadas con estudios posteriores:

  • Son 87 huellas humanas, que fueron dejadas en torno a zonas encharcadas, y afortunadamente quedaron rápidamente enterradas. Hay otras muchas huellas de fauna (ciervo, jabalí, elefante, uro, lobo) que se publicaron en julio 2020. Se encuentran bajo una capa de dunas fosilizadas (eolianitas).
  • El estudio arrancó con el hallazgo de las huellas de esos grandes vertebrados que habían quedado expuestas gracias a la erosión, hasta que identificaron como humanas algunas de ellas. En esta zona, la costa va retrocediendo por la dinámica cambiante de vientos y corrientes oceánicas.
  • Se trata de un yacimiento efímero. Queda enterrado por las mareas, y cada temporal desgasta una parte de terreno, dejando expuestas nuevas huellas (y erosionando otras).
  • Las huellas están datadas mediante luminiscencia (OSL) en 296 ka (Mayoral et al, 2022) y en 151 ka (Neto de Carvalho et al, 2023). Los grupos humanos que ocupaban la península ibérica probablemente eran grupos de neandertales tempranos. La línea de costa se encontraba a 20 km mar adentro de la actual.
  • Constituyen las huellas humanas más antiguas del Pleistoceno superior encontradas hasta ahora. Lo siguiente en antigüedad son 257 huellas de 80 ka en Le Rozel, Normandía, publicadas en 2019. Son las huellas del linaje neandertal más antiguas en la península ibérica. Solo se conocía una huella en Gibraltar de 28 ka.
  • En el mismo nivel estratigráfico y en estrecha relación espacial con las huellas de homininos, se ha registrado una industria lítica con talla Levallois típica del Musteriense. La asociación de huellas de homininos del Pleistoceno con industrias líticas es muy rara en todo el mundo.
Conjunto musteriense encontrado en Matalascañas Trampled Surface (MTS)

Conjunto musteriense encontrado en Matalascañas Trampled Surface (MTS). Crédito: C. Neto de Carvalho et al (2023).

  • Aunque se hallaron a partir de junio de 2020, las huellas todavía se conservan bastante bien, porque las mareas también hacen que se cubran rápidamente con arena que las protegen. No ocurrió lo mismo con las huellas de Happisburgh, en el sur de Inglaterra, de unos 850 ka, halladas en 2013 y asociadas con Homo antecessor, que desaparecieron en unos pocos días tras quedar expuestas.
  • La morfología de la pisada se corresponde bien con el pie neandertal. El 70% son de adolescentes (15 individuos) o niños menores de 10 años (7 individuos), y hay muy pocas de adultos (9). Esta proporción se parece a la del yacimiento de Le Rozel (un grupo pequeño con mayoría de infantiles).
  • La estatura promedio es de 1,44 m, con una medición mínima que corresponde a 1,04 m y una máxima a 1,88 m. Teniendo en cuenta una posible dispersión morfométrica intraindividual de las huellas, el número mínimo de individuos se ha calculado en 3.
  • A partir de las huellas también se ha definido una nueva especie de jabalí extinto, Suidichnus galani, publicado en diciembre 2020, que pesaba 300 kg y era el triple de grande que el actual cerdo ibérico, posible descendiente de aquél.

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La resiliencia de los primeros humanos hace 2 millones de años

La resiliencia de los primeros humanos hace 2 millones de años

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La resiliencia es definida por la Real Academia Española como «la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». Últimamente este es un término muy usado en distintos entornos (sanitarios, laborales, empresariales, etc.) para referirse a la readaptación de nuestras competencias individuales y de las estructuras sociales a circunstancias cambiantes que estamos viviendo.

Hace 2 millones de años, algunos grupos de homininos estaban desarrollando nuevas capacidades que iban conformando el paquete de «lo humano». Eran los primeros representantes de nuestro género Homo, pero por ahora no podemos descartar que otras ramas paralelas a nuestro linaje directo también adquirieran algunas de esas habilidades, como determinadas acciones de talla de herramientas, o el simple aprovechamiento de artefactos líticos u óseos como útiles, sin llegar a tallarlos.

Resiliencia es el término que me gustaría emplear aquí, para definir la capacidad que mostraron grupos de homininos que vivían en la Garganta de Olduvai de adaptarse a una sucesión de eventos hace 2 millones de años, que iban alterando e inestabilizando rápidamente su entorno, y por tanto los recursos naturales que tenían a su disposición. Eso sí, entendamos la palabra «rápida» en un contexto de tiempo geológico, ya que dichas modificaciones paleoambientales ocurrieron en un rango de unos 235.000 años.

El estudio que ha permitido documentar esta resiliencia, abarca el registro arqueológico y paleontológico encontrado en el sitio de Ewass Oldupa (localidad 63) durante 2018 y 2019, a lo largo de unos 15 m de depósito. En este trabajo se ha logrado correlacionar distintos datos paleoecológicos con las actividades humanas que afortunadamente quedaron recogidas en el registro del yacimiento. Se trata de la ocupación humana más antigua del lugar conocida por ahora.

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Preguntas y respuestas sobre las pinturas rupestres de la amazonía colombiana

Preguntas y respuestas sobre las pinturas rupestres de la amazonía colombiana

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Con motivo del impacto que ha causado la noticia sobre los paneles de arte rupestre de 12.500 años en la amazonía colombiana, y cierto revuelo y dudas alrededor de las distintas informaciones difundidas, he querido profundizar y escribir en qué consisten estas pinturas en el contexto de las investigaciones arqueológicas que se vienen desarrollando en aquella región en los últimos años. Agradezco al profesor Francisco Aceituno, coinvestigador del proyecto, por su inestimable ayuda y la información proporcionada para desarrollar este artículo.  

Dónde están 

Las pinturas prehistóricas se hallan en la Serranía de la Lindosa, en la región de la amazonía colombiana. Se trata de una selva húmeda tropical de unos 20 km2 atravesada por el río Guayabero. Las pinturas se encuentran a lo largo de unos 12 km, cercanas al río, pero elevadas, realizadas en las paredes verticales de afloramientos rocosos.

Aunque La Lindosa es adyacente a la Serranía de Chiribiquete (al sur), hay una distancia de 160 km entre ellas. Chiribiquete es una zona enorme de 43.000 km2 (el tamaño de Dinamarca). Como La Lindosa, tiene también miles de pictogramas en múltiples elevaciones rocosas. La inaccesibilidad del lugar hace probable que existan muchas más pinturas allí desconocidas por el momento.

La Lindosa y Chiribiquete forman parte de la misma formación geológica, los tepuyes o tepuis, grandes mesetas con paredes verticales abruptas y cimas planas, que llegan hasta Venezuela en dirección suroeste-noreste, y son un punto importante en el poblamiento humano de Sudamérica.

Áreas arqueológicas colombianas con la datación calibrada de los sitios más antiguos en cada región. Crédito: G. Morcote-Ríos, et al (2019)

Qué pinturas hay 

En La Lindosa existen miles de figuras representadas. Aunque es difícil estimar un número, se van logrando identificar distintos tipos de pinturas: motivos animalistas, geométricos y figuras humanas.

Entre las figuras de animales, se ha propuesto potencial megafauna de la Edad del Hielo como caballos, mastodontes, camélidos como paleollamas y una macrauquenia. Constituyen un marcador cronológico indirecto y paleoambiental, aunque todavía no se han encontrado fósiles de estos animales. Otra fauna representada son puercoespín, aves, primates, jaguares, serpientes, tortugas, etc. Las imágenes humanas aparecen en escenas, que pueden ser rituales chamánicos o también festividades ajenas al plano protorreligioso y escenas de la vida cotidiana. Los motivos geométricos son abstractos y, por lo general, muy comunes en otras geografías.  Sigue leyendo

Cocción de alimentos con aguas termales hace 1,7 millones de años

Cocción de alimentos con aguas termales hace 1,7 millones de años

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El inicio del control del fuego es un tema muy debatido. Lamentablemente, un sedimento o unas piezas quemadas no siempre proporcionan la información suficiente para verificar su origen antrópico o natural, o el tipo de utilización que le dieron los humanos, o la continuidad de su aprovechamiento. Las primeras posibles evidencias de un fuego antrópico son muy antiguas, y entre ellas podemos mencionar las de Cueva Wonderwerk (Sudáfrica) de hace 1 millón de años (Ma), Cueva Negra (España) de 0,8-1 Ma y Gesher Benoth Ya’aqov (Israel) de 0,8 Ma. Sin embargo, no se suele considerar que hubo un uso continuado hasta sobrepasar el umbral de 0,5 Ma, y aun así, el debate es grande hasta llegar al linaje neandertal, en el que ya quedan pocas dudas sobre su capacidad para iniciar y usar extensivamente el fuego.

Y es que hablamos de un larguísimo camino evolutivo en el que tenemos que retroceder 1,7 Ma: por entonces los primeros humanos cambiaban sus hábitos alimenticios en el contexto de una amplia transformación donde, en general, algunos mantienen un modo de vida muy arbóreo (los habilinos), mientras que otros van tomando otras maneras totalmente distintas de adaptarse al medio (los erectinos). Durante esta evolución, el aprovechamiento de la médula ósea y el carroñeo oportunista se refuerza con la incorporación de la carne a su dieta.

La cocción de la carne fue un factor decisivo para el desarrollo del cerebro. Los humanos pasaron de reblandecer la carne «a palos», a darle un tratamiento térmico. Y cocinar la carne da un beneficio inmediato: mucho menos gasto de energía en su digestión. Hace 1,5 Ma aquellos humanos ya tienen una fisiología acostumbrada al consumo regular de carne. Por eso, encontrar evidencias antiguas de fuego antrópico es tan importante, así como entender hasta qué época y en qué regiones los usos eran oportunísticos y cuándo comenzaron a ser regulares. Las evidencias son controvertidas porque a nivel químico algunas no son totalmente robustas.

Uno de los estudios más interesantes que he leído en este trimestre nos abre los ojos a una nueva posibilidad: que hace 1,7 Ma existiera una fase de tratamiento térmico de los alimentos mediante aguas termales, muy previa al uso extensivo del fuego. Y es que para cocinar alimentos no hace falta estrictamente un fuego, sino una fuente de calor, y éste puede tener un origen geotermal. Esta técnica también la manejan por ejemplo pueblos de Japón y de Islandia desde hace cientos de años.

El trabajo de Ainara Sistiaga y otros colegas presenta el hallazgo en el sedimento del nivel basal del Lecho II de Olduvai (de 1,7 Ma, correspondiente al Achelense más antiguo), de lípidos producidos por bacterias hipertermófilas, que solo sobreviven en un entorno hidrotermal a partir de 85º C. Se trata de un hallazgo curioso, porque el origen del estudio no se enfocaba a buscar piscinas termales, sino a entender el paisaje y el clima del entorno achelense en Olduvai analizando los biomarcadores de plantas y animales. Los resultados muestran un ecosistema muy biodiverso en un contexto de pastizales de sabana, donde abundaban ríos alimentados por aguas subterráneas, vegetación acuática, arbustos de angiospermas y plantas comestibles. Sin embargo, también observaron unas marcas muy curiosas que normalmente habrían pasado desapercibidas, pero la experiencia del laboratorio en estudios sobre Yellowstone les ayudó a identificar, en distintas partes de aquel entorno achelense, características hidrotermales similares a las que se dan en el parque nacional norteamericano.

Según explica Sistiaga para este blog, hay evidencias de actividad volcánica en ciertas fallas que se reactivaron en aquel entorno de hace 2 millones de años, y que de hecho hicieron descender un poco la plataforma y facilitaron la entrada de corrientes fluviales en la garganta. Son procesos geológicos que pueden durar varios milenios, y normalmente se repiten en diferentes ocasiones. Esto plantea la interesante posibilidad de que aquellos procesos coincidieran con la presencia de homininos localmente y en distintas ocasiones, y no solo en Olduvai sino en otros puntos del Rift que tuvieron actividad tectónica e hidrotermal durante cientos de miles de años (de hecho, la sigue habiendo).

Lamentablemente, por ahora no podemos determinar directamente si los humanos utilizarían aquellas fuentes termales o, en tal caso, si el uso era regular. Las marcas de corte dejadas en los huesos de los animales consumidos no se alteran con el hervido, según nos indica Manuel Domínguez-Rodrigo, coautor del estudio, pero la asociación de estas fuentes hidrotermales con los yacimientos soporta la posibilidad del aprovechamiento de estos recursos. Sigue leyendo