Paleoantropología: novedades 3er trimestre 2021

Paleoantropología: novedades 3er trimestre 2021

33 es un bonito número, y son las noticias que he recopilado sobre publicaciones en paleoantropología en el tercer trimestre de 2021 que acabamos de dejar atrás. Por orden cronológico, como de costumbre:

  • Una nueva revisión de la dentición de Paranthropus robustus cuestiona la vieja hipótesis de la megadontia de los parántropos adaptada a la masticación de alimentos duros (semillas, frutos secos), ya que los dientes analizados no presentan las mismas fracturas y marcas en el esmalte que tienen los primates actuales con ese tipo de alimentación. Los isótopos en los dientes indican más bien la presencia de tallos e hierbas. Este trabajo refuerza otros anteriores con similares conclusiones para Paranthropus boisei. Hace tiempo que ya sabemos que mi querido Nutcracker Man no era realmente un cascanueces. De hecho, entre los Homo la tasa de fracturas en los dientes es más elevada, probablemente asociada a la acción de piedras o arena, por el empleo de dientes para otras tareas aparte de la alimentación [+info].
  • Continuando con P. robustus, se ha presentado una nueva herramienta de hueso asociada con restos de parántropos en el sitio Cooper’s D (Sudáfrica), datado en 1,0-1,4 millones de años (Ma), y que contiene 7 restos de P. robustus y 50 herramientas líticas. Se une al conjunto de 102 útiles óseos en distintos sitios sudafricanos (Sterkfontein, Swartkrans, Kromdraai y Drimolen) [+info].
Herramienta de hueso de 1-1,4 Ma

Herramienta de hueso de 1-1,4 Ma de Cooper’s D. Crédito: Hanon et al (2021)

  • Un nuevo yacimiento en la Garganta de Olduvai, denominado DS (David’s Site) permite observar la organización espacial de los primeros humanos hace 1,84 Ma. Acumulaban materias primas, basaltos que seleccionaban de buena calidad, realizaban las mismas funciones en las tres grandes áreas del sitio, y no había solapes entre las zonas de talla y las zonas de percusión [+info].
Percutor de David's Site

Percutor de David’s Site. Cortesía de Fernando Díez-Martín

  • Y siguiendo en Olduvai, con ayuda de algoritmos de inteligencia artificial un estudio concluye que hace 1,84 Ma los homininos de los sitios FLK Zinj, DS y PTK eran cazadores (depredadores) y no carroñeros (cleptoparásitos) [+info].
  • El crecimiento del cuerpo y del cerebro en el proceso evolutivo dentro del género Homo puede explicarse en relación con el clima, según un trabajo que combina datos de más de 300 fósiles con modelos paleoclimáticos que consideran temperatura, precipitación y otras condiciones. La temperatura guarda una fuerte vinculación con el tamaño del cuerpo: los cuerpos más grandes generan más calor pero pierden relativamente menos, porque la superficie no crece en la misma proporción. Esta correlación de cuerpos pesados con climas fríos se conoce ya en otros mamíferos. En cuanto al cerebro, este órgano atravesó presiones selectivas distintas a las del tamaño del cuerpo. Los resultados no muestran una asociación del tamaño del cerebro con la temperatura, sino con climas más estables y las necesidades dietarias para mantener un cerebro grande, también vinculadas a cambios de comportamiento que influyeron en el tamaño cerebral para cazar de manera más compleja en entornos más abiertos, y desarrollar actividades sociales y tecnológicas [+info].

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Un nuevo yacimiento en Olduvai y la organización espacial de los primeros homininos

Un nuevo yacimiento en Olduvai y la organización espacial de los primeros homininos

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Volvamos a uno de los lugares donde buscar los orígenes de «lo humano»: la Garganta de Olduvai, de obligada visita de vez en cuando. Siempre me llaman la atención los trabajos que allí se realizan, por la abundancia y antigüedad de los materiales y porque, a pesar de que parece que aquella zona se ha estudiado mucho, sigue aportando nuevos yacimientos completos e importantísimos hallazgos.

Hay una línea de investigación que trata de ir más allá del puro enfoque tecnológico y económico de los materiales, e integrar la dimensión espacial en los estudios sobre lítica y fauna, para profundizar en los comportamientos técnicos que los homininos tenían en el lugar. Poder realizar estos análisis de relaciones espaciales en una cronología tan antigua es algo difícil y novedoso. La organización interna de un yacimiento es mucho más accesible en yacimientos posteriores del Paleolítico medio o superior, por la distinción más clara de espacios y los recursos disponibles.

En todo caso, este enfoque no se puede abordar a veces debido al tamaño limitado de los yacimientos, o la falta de claridad de la dimensión temporal en ellos. Pero sitios como el recién presentado DS en el Lecho I, aportan una información clarísima en este sentido de hace 1,85 millones de años (Ma). El nombre DS significa David’s Site (por David Uribelarrea, descubridor del yacimiento).

Con unos 550 m2 excavados, la extensión de DS no tiene parangón en el Paleolítico inferior. Es contemporáneo con el FLK 22 «Zinj», icónico por el trabajo allí de Mary y Louis Leakey, que tantas preguntas despertó sobre el origen del comportamiento humano. Por supuesto, la fama de FLK 22 también se debe a fósiles como el parántropo Hombre Cascanueces, que da nombre a este blog. Ambos sitios comparten el mismo paleopaisaje y están separados tan solo 200-300 m. Desde 2017 se han hecho varios trabajos en DS, y ha visto la luz el primero de ellos, cuyos resultados resumo a continuación:

1. No hay apenas diferenciación funcional.

La actividad de los homininos se concentra en tres áreas muy densas en materiales, que contrasta con la baja densidad en la periferia del yacimiento. En las tres zonas las actividades son similares: los homininos desempeñaban la misma actividad de forma repetida, y no existe una diferenciación funcional apreciable ni en restos de fauna ni en objetos líticos. Sí hay pequeñas particularidades interesantes. Por ejemplo, una zona pudo servir para el procesado secundario de las carcasas: el animal se llevaba a un lugar central del yacimiento pero a partir de ahí, elementos apendiculares (las patas) eran distribuidas a otras zonas. Sigue leyendo

Paleoantropología: novedades 1er trimestre 2021

Paleoantropología: novedades 1er trimestre 2021

Este comienzo de año ha sido sensacional en cuanto al número de trabajos publicados, y me ha tenido actualizando este resumen hasta las últimas horas del trimestre. Aquí va mi selección de 39, ordenados por cronología del objeto de estudio:

  • El estudio de la mano de Ardipithecus ramidus, de 4,4 millones de años (Ma) en comparación con una amplia muestra de cientos de manos de diversos primates, indica que el Último Ancestro Común (UAC) de humanos y chimpancés podría tener un hábito de locomoción muy basado en la suspensión arbórea. Este trabajo es importante para seguir caracterizando al UAC y comprendiendo cómo surgió la bipedación en nuestra filogenia [+info].
Mano de Ardipithecus ramidus

Sobre la mano de Ardipithecus ramidus. Crédito izda: Roberto Sáez; dcha: Thomas Prang et al (2021).

  • El esqueleto más antiguo conservado de un australopiteco, StW 573 (apodado Little Foot), de 3,67 Ma, sigue aportando información. Un nuevo trabajo analiza la estructura de su esmalte dental y la microarquitectura de los huesos craneales, que permite identificar las «huellas» de los vasos sanguíneos. Little Foot tuvo dos periodos de enfermedad o estrés dietario en su infancia y un desgaste dental indicativo de una edad avanzada [+info].
Esqueleto de Little Foot

Esqueleto de Little Foot. Crédito: Wits University

  • Siguiendo en Sudáfrica, un estudio ha encontrado que los homininos de Swartkrans hace unos 2 Ma ya tenían los rasgos fundamentales de una oposición eficiente del pulgar, parecida a las de los humanos modernos, que implica un aumento de la destreza manual, con la capacidad y fuerza necesaria para el agarre y pinza de precisión [+info].

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La resiliencia de los primeros humanos hace 2 millones de años

La resiliencia de los primeros humanos hace 2 millones de años

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La resiliencia es definida por la Real Academia Española como «la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». Últimamente este es un término muy usado en distintos entornos (sanitarios, laborales, empresariales, etc.) para referirse a la readaptación de nuestras competencias individuales y de las estructuras sociales a circunstancias cambiantes que estamos viviendo.

Hace 2 millones de años, algunos grupos de homininos estaban desarrollando nuevas capacidades que iban conformando el paquete de «lo humano». Eran los primeros representantes de nuestro género Homo, pero por ahora no podemos descartar que otras ramas paralelas a nuestro linaje directo también adquirieran algunas de esas habilidades, como determinadas acciones de talla de herramientas, o el simple aprovechamiento de artefactos líticos u óseos como útiles, sin llegar a tallarlos.

Resiliencia es el término que me gustaría emplear aquí, para definir la capacidad que mostraron grupos de homininos que vivían en la Garganta de Olduvai de adaptarse a una sucesión de eventos hace 2 millones de años, que iban alterando e inestabilizando rápidamente su entorno, y por tanto los recursos naturales que tenían a su disposición. Eso sí, entendamos la palabra «rápida» en un contexto de tiempo geológico, ya que dichas modificaciones paleoambientales ocurrieron en un rango de unos 235.000 años.

El estudio que ha permitido documentar esta resiliencia, abarca el registro arqueológico y paleontológico encontrado en el sitio de Ewass Oldupa (localidad 63) durante 2018 y 2019, a lo largo de unos 15 m de depósito. En este trabajo se ha logrado correlacionar distintos datos paleoecológicos con las actividades humanas que afortunadamente quedaron recogidas en el registro del yacimiento. Se trata de la ocupación humana más antigua del lugar conocida por ahora.

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Cocción de alimentos con aguas termales hace 1,7 millones de años

Cocción de alimentos con aguas termales hace 1,7 millones de años

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El inicio del control del fuego es un tema muy debatido. Lamentablemente, un sedimento o unas piezas quemadas no siempre proporcionan la información suficiente para verificar su origen antrópico o natural, o el tipo de utilización que le dieron los humanos, o la continuidad de su aprovechamiento. Las primeras posibles evidencias de un fuego antrópico son muy antiguas, y entre ellas podemos mencionar las de Cueva Wonderwerk (Sudáfrica) de hace 1 millón de años (Ma), Cueva Negra (España) de 0,8-1 Ma y Gesher Benoth Ya’aqov (Israel) de 0,8 Ma. Sin embargo, no se suele considerar que hubo un uso continuado hasta sobrepasar el umbral de 0,5 Ma, y aun así, el debate es grande hasta llegar al linaje neandertal, en el que ya quedan pocas dudas sobre su capacidad para iniciar y usar extensivamente el fuego.

Y es que hablamos de un larguísimo camino evolutivo en el que tenemos que retroceder 1,7 Ma: por entonces los primeros humanos cambiaban sus hábitos alimenticios en el contexto de una amplia transformación donde, en general, algunos mantienen un modo de vida muy arbóreo (los habilinos), mientras que otros van tomando otras maneras totalmente distintas de adaptarse al medio (los erectinos). Durante esta evolución, el aprovechamiento de la médula ósea y el carroñeo oportunista se refuerza con la incorporación de la carne a su dieta.

La cocción de la carne fue un factor decisivo para el desarrollo del cerebro. Los humanos pasaron de reblandecer la carne «a palos», a darle un tratamiento térmico. Y cocinar la carne da un beneficio inmediato: mucho menos gasto de energía en su digestión. Hace 1,5 Ma aquellos humanos ya tienen una fisiología acostumbrada al consumo regular de carne. Por eso, encontrar evidencias antiguas de fuego antrópico es tan importante, así como entender hasta qué época y en qué regiones los usos eran oportunísticos y cuándo comenzaron a ser regulares. Las evidencias son controvertidas porque a nivel químico algunas no son totalmente robustas.

Uno de los estudios más interesantes que he leído en este trimestre nos abre los ojos a una nueva posibilidad: que hace 1,7 Ma existiera una fase de tratamiento térmico de los alimentos mediante aguas termales, muy previa al uso extensivo del fuego. Y es que para cocinar alimentos no hace falta estrictamente un fuego, sino una fuente de calor, y éste puede tener un origen geotermal. Esta técnica también la manejan por ejemplo pueblos de Japón y de Islandia desde hace cientos de años.

El trabajo de Ainara Sistiaga y otros colegas presenta el hallazgo en el sedimento del nivel basal del Lecho II de Olduvai (de 1,7 Ma, correspondiente al Achelense más antiguo), de lípidos producidos por bacterias hipertermófilas, que solo sobreviven en un entorno hidrotermal a partir de 85º C. Se trata de un hallazgo curioso, porque el origen del estudio no se enfocaba a buscar piscinas termales, sino a entender el paisaje y el clima del entorno achelense en Olduvai analizando los biomarcadores de plantas y animales. Los resultados muestran un ecosistema muy biodiverso en un contexto de pastizales de sabana, donde abundaban ríos alimentados por aguas subterráneas, vegetación acuática, arbustos de angiospermas y plantas comestibles. Sin embargo, también observaron unas marcas muy curiosas que normalmente habrían pasado desapercibidas, pero la experiencia del laboratorio en estudios sobre Yellowstone les ayudó a identificar, en distintas partes de aquel entorno achelense, características hidrotermales similares a las que se dan en el parque nacional norteamericano.

Según explica Sistiaga para este blog, hay evidencias de actividad volcánica en ciertas fallas que se reactivaron en aquel entorno de hace 2 millones de años, y que de hecho hicieron descender un poco la plataforma y facilitaron la entrada de corrientes fluviales en la garganta. Son procesos geológicos que pueden durar varios milenios, y normalmente se repiten en diferentes ocasiones. Esto plantea la interesante posibilidad de que aquellos procesos coincidieran con la presencia de homininos localmente y en distintas ocasiones, y no solo en Olduvai sino en otros puntos del Rift que tuvieron actividad tectónica e hidrotermal durante cientos de miles de años (de hecho, la sigue habiendo).

Lamentablemente, por ahora no podemos determinar directamente si los humanos utilizarían aquellas fuentes termales o, en tal caso, si el uso era regular. Las marcas de corte dejadas en los huesos de los animales consumidos no se alteran con el hervido, según nos indica Manuel Domínguez-Rodrigo, coautor del estudio, pero la asociación de estas fuentes hidrotermales con los yacimientos soporta la posibilidad del aprovechamiento de estos recursos. Sigue leyendo