150 aniversario de “El origen del hombre” (Darwin, 1871)

150 aniversario de “El origen del hombre” (Darwin, 1871)

El 24 de febrero de 2021 se cumplieron 150 años desde la publicación de “El origen del hombre” (cuyo título original es “The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex”).

En este libro Charles Darwin reflexiona por primera vez sobre la evolución humana, tema que tan sólo había insinuado ligeramente en su celebérrima obra “El origen de las especies”.

Os dejo con uno de mis párrafos favoritos…

«The aid which we feel impelled to give to the helpless is mainly an incidental result of the instinct of sympathy, which was originally acquired as part of the social instincts, but subsequently rendered, in the manner previously indicated, more tender and more widely diffused. Nor could we check our sympathy, even at the urging of hard reason, without deterioration in the noblest part of our nature».

«Los socorros que nos inclinamos a dar a los seres desvalidos, son principalmente un resultado accesorio del instinto compasivo, adquirido originariamente como formando parte de los instintos sociales, y que sucesivamente ha ido extendiéndose más. Aunque nos obligasen razones perentorias, no podríamos reprimir nuestra compasión, sin sentirnos acerbamente heridos en la parte más noble de nuestra naturaleza».

Las huellas neandertales de la playa de Matalascañas

Las huellas neandertales de la playa de Matalascañas

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Tal vez un lugar donde raramente pensaríamos sobre evolución humana es la playa de Matalascañas (Huelva), una preciosa costa de 5 km junto al Parque Nacional de Doñana, en el suroeste de España. Allí se ha descubierto un yacimiento con cientos de icnitas (huellas fosilizadas) de distintas especies, 87 de ellas dejadas por neandertales hace unos 106.000 años. De ellas, 31 están longitudinalmente completas.

¿Qué sabemos de este hallazgo? Resumo a continuación las principales ideas que nos comparte para este blog Eduardo Mayoral, catedrático de Paleontología en la Universidad de Huelva y coautor de estos estudios, publicados en Scientific Reports:

  • Son 87 huellas humanas, que fueron dejadas en torno a zonas encharcadas, y afortunadamente quedaron rápidamente enterradas. Hay otras muchas huellas de fauna (ciervo, jabalí, elefante, uro, lobo) que se publicaron en julio 2020.
  • El estudio arrancó con el hallazgo de las huellas de esos grandes vertebrados que habían quedado expuestas gracias a la erosión, hasta que identificaron como humanas algunas de ellas. En esta zona, la costa va retrocediendo por la dinámica cambiante de vientos y corrientes oceánicas.
  • Se trata de un yacimiento efímero. Queda enterrado por las mareas, y cada temporal desgasta una parte de terreno, dejando expuestas nuevas huellas (y erosionando otras).
  • Las huellas se encuentran bajo una capa de dunas fosilizadas (eolianitas) bien datada en 106 ka (miles de años) mediante termoluminiscencia. Por tanto, las huellas son más antiguas que esa cronología. Los grupos humanos que ocupaban la península ibérica por entonces eran neandertales. La línea de costa se encontraba a 20 km mar adentro de la actual.
  • Constituyen las huellas humanas más antiguas del Pleistoceno superior encontradas hasta ahora. Lo más aproximado a esa antigüedad son 257 huellas de 80.000 años en Le Rozel, Normandía, publicadas en 2019. Son las huellas de neandertales más antiguas en la península ibérica. Solo se conocía una huella en Gibraltar de 28 ka.
  • Aunque se hallaron a partir de junio de 2020, las huellas todavía se conservan bastante bien, porque las mareas también hacen que se cubran rápidamente con arena que las protegen. No ocurrió lo mismo con las huellas de Happisburgh, en el sur de Inglaterra, de unos 850 ka, halladas en 2013 y asociadas con Homo antecessor, que desaparecieron en unos pocos días tras quedar expuestas.
  • La morfología de la pisada se corresponde bien con el pie neandertal. El 70% son de adolescentes (15 individuos) o niños menores de 10 años (7 individuos), y hay muy pocas de adultos (9). Esta proporción se parece a la del yacimiento de Le Rozel (un grupo pequeño con mayoría de infantiles).
  • La estatura promedio es de 1,44 m, con una medición mínima que corresponde a 1,04 m y una máxima a 1,88 m. Teniendo en cuenta una posible dispersión morfométrica intraindividual de las huellas, el número mínimo de individuos se ha calculado en 3.
  • A partir de las huellas también se ha definido una nueva especie de jabalí extinto, Suidichnus galani, publicado en diciembre 2020, que pesaba 300 kg y era el triple de grande que el actual cerdo ibérico, posible descendiente de aquél.

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Procedencia, morfología y la navaja de Ockham: buscando una especie para el esqueleto StW 431

Procedencia, morfología y la navaja de Ockham: buscando una especie para el esqueleto StW 431

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De vez en cuando tenemos alguna interesante puesta al día sobre determinados «viejos» fósiles de homininos sudafricanos muy difíciles de clasificar, y con dataciones complicadas que tampoco ayudan a hacerlo. En los últimos años hemos conocido a Little Foot (StW 573), el esqueleto de australopiteco más completo que conocemos (¡cerca del 90%!), con diferentes dataciones entre 2,2 millones de años (Ma) y 3,67 Ma.

En esta ocasión, se ha publicado un nuevo trabajo (Gabriele Macho et al, 2020), que toma como base el esqueleto parcial StW 431, encontrado en el Miembro 4 de Sterkfontein en 1987 por un equipo dirigido por Alun R. Hughes, pero no publicado hasta 2003 por Michel Toussaint y colegas. La datación para esta brecha es de 2,58-1,95 Ma.

StW 431 se compone de las diez últimas vértebras y fragmentos de pelvis, costilla, omóplato, clavícula, húmero, radio y cúbito. Se publicó clasificado en el género Australopithecus, aunque «sin ninguna morfología que evidencie su especie directamente», a los que Philip Tobias añadió que «por su procedencia, morfología y la navaja de Occam […] probablemente es un representante de la especie Au. africanus». Sin embargo, Macho y sus colegas destacan que los estudios detallados de sus partes esqueléticas aproximan a StW 431 más a Au. afarensis, Au. anamensis y Paranthropus robustus, e incluso algunos rasgos parecen más primitivos que en esas especies. Algunas observaciones sobre este individuo son:

  • El húmero y el cúbito mantienen adaptaciones a la vida arbórea y capacidad de trepa, al igual que Little Foot, con algunos rasgos que les alejan de otros especímenes de Sterkfontein. El radio entra dentro del rango general del registro fósil de Sterkfontein, que a su vez muestra una gran variabilidad morfológica.
  • La morfología de sus vértebras se corresponde con un tronco erguido, pero con limitaciones importantes (poca curvatura lumbar) para mantener la postura erguida permanentemente. StW 431 probablemente no empleaba una locomoción bípeda erguida tan frecuente como homininos posteriores.
  • La pelvis de StW 431 (macho adulto) se ha comparado con otras dos muy completas: la de StW 573 (hembra adulta) y Sts 14 (macho subadulto), así como otros fósiles fragmentarios tanto de Sterkfontein como de Swartkrans y Kromdaii. La morfología pélvica de estos homininos sudafricanos muestra una enorme diversidad, que no solo se corresponde con el sexo y la edad, sino que podría indicar una heterogeneidad taxonómica.

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Variabilidad en Paranthropus boisei

Variabilidad en Paranthropus boisei

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En mi charla “Parántropos: nuestros parientes más asombrosos” introduje la morfología general de las tres especies conocidas dentro del género Paranthropus. En esta ocasión, me centro en dos fósiles concretos que ilustran la variabilidad dentro de la especie Paranthropus boisei.

KNM-ER 23000

  • Encontrado en 1990 en el Área 104 de Koobi Fora (Kenia).
  • Datado en 1,9 Ma, entre 100 y 200 ka más antiguo que otros especímenes icónicos como OH 5, ER 732 y ER 406, y ligeramente más reciente que ER 13750.
  • Se compone del frontal, los dos temporales, los dos parietales, la mayor parte del occipital, parte del esfenoides y un fragmento de un molar mandibular.
  • Se piensa que es un macho adulto joven, de edad similar a OH 5, espécimen tipo de boisei (apodado Nutcracker Man, Hombre Cascanueces en español).
  • El desgaste de la parte externa de los huesos indica que el cráneo estuvo expuesto un tiempo antes de quedarse enterrado. Los distintos fragmentos que componen los restos encontrados quedaron separados previamente a su fosilización.
  • La capacidad craneal estimada es de 491 cc, en línea con los boisei en el rango 1,7-1,9 Ma (por ejemplo, OH 5 tiene 530 cc y ER 406 510 cc).

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La resiliencia de los primeros humanos hace 2 millones de años

La resiliencia de los primeros humanos hace 2 millones de años

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La resiliencia es definida por la Real Academia Española como «la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». Últimamente este es un término muy usado en distintos entornos (sanitarios, laborales, empresariales, etc.) para referirse a la readaptación de nuestras competencias individuales y de las estructuras sociales a circunstancias cambiantes que estamos viviendo.

Hace 2 millones de años, algunos grupos de homininos estaban desarrollando nuevas capacidades que iban conformando el paquete de «lo humano». Eran los primeros representantes de nuestro género Homo, pero por ahora no podemos descartar que otras ramas paralelas a nuestro linaje directo también adquirieran algunas de esas habilidades, como determinadas acciones de talla de herramientas, o el simple aprovechamiento de artefactos líticos u óseos como útiles, sin llegar a tallarlos.

Resiliencia es el término que me gustaría emplear aquí, para definir la capacidad que mostraron grupos de homininos que vivían en la Garganta de Olduvai de adaptarse a una sucesión de eventos hace 2 millones de años, que iban alterando e inestabilizando rápidamente su entorno, y por tanto los recursos naturales que tenían a su disposición. Eso sí, entendamos la palabra «rápida» en un contexto de tiempo geológico, ya que dichas modificaciones paleoambientales ocurrieron en un rango de unos 235.000 años.

El estudio que ha permitido documentar esta resiliencia, abarca el registro arqueológico y paleontológico encontrado en el sitio de Ewass Oldupa (localidad 63) durante 2018 y 2019, a lo largo de unos 15 m de depósito. En este trabajo se ha logrado correlacionar distintos datos paleoecológicos con las actividades humanas que afortunadamente quedaron recogidas en el registro del yacimiento. Se trata de la ocupación humana más antigua del lugar conocida por ahora.

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