Grabados hechos por neandertales

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Las pinturas y grabados suelen estar asociados a capacidades cognitivas vinculadas hasta hace poco exclusivamente a los humanos modernos. Sin embargo, este paradigma está ahora en revisión y se han descubierto o reevaluado importantes obras con una antigüedad correspondiente a autoría neandertal (pinturas, estructuras, ornamentos personales… ver post 5 casos de simbolismo neandertal). Sin embargo, son muy pocos los grabados o incisiones documentados por el momento.

En este artículo escribo sobre algunas de estas obras, distinguiendo el tipo de soporte sobre el que están realizadas: solo existe un grabado parietal conocido hasta la fecha, mientras que son muchos más los objetos óseos o líticos con incisiones, de más de cuarenta sitios del Paleolítico Inferior y del Paleolítico Medio. Sin embargo, en la mayoría de los casos su producción seguramente es natural. Además, en otros que parecen tener un origen antrópico, la función no está nada clara. Recupero aquí algunos casos cuya evaluación indica una intencionalidad no asociada a actividades utilitarias.

Grabado parietal de Gorham’s cave, Gibraltar

Publicado en 2014, se trata del primer hallazgo conocido de un grabado parietal realizado por neandertales. Se encuentra bajo el nivel IV Musteriense y tiene una antigüedad mínima de 39 ka.

Consiste en un patrón abstracto de trece líneas en total: ocho más profundas que se entrelazan en dos sitios, y cinco más finas en dos grupos (uno de tres y otro de dos) que se cruzan con las anteriores.

Mediante grabados experimentales, se ha determinado que las ocho líneas profundas fueron realizadas con una punta lítica robusta repetidamente sobre la roca siempre en la misma dirección, mientras que las líneas finas fueron realizadas con un solo trazo, con una herramienta similar a las gruesas. De entre las líneas profundas, una requirió unos 54 trazos y las otras entre 4 y 30 cada una. En total, se estima que el grabado se hizo con un número de incisiones entre 188 y 317.

La laboriosidad de la técnica empleada, su objetivo no asociado a ninguna utilidad y el patrón de diseño que sigue el grabado, indican la capacidad del autor para el pensamiento abstracto.

Engraving from Gorham’s Cave

(A) Engraving from Gorham’s Cave. (B) Engraved lines L1–L13. Dark gray and light gray identify old and recent breaks, respectively. Credit: Rodríguez-Vidal J. et al (2014). A rock engraving made by Neanderthals in Gibraltar. PNAS doi:10.1073/pnas.1411529111

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Cueva Las Monedas: santuario de los últimos cazadores-recolectores

Con 800 m de desarrollo, Las Monedas es la cueva más larga del sistema kárstico del monte El Castillo, formado hace unos 300 Ma y compuesto por más de 40 cuevas.

La cueva se conocía desde 1920, pero fue descubierta científicamente en 1952 por el guarda forestal Isidoro Blanco en los trabajos llevados a cabo en la ladera del monte para facilitar el acceso a las cuevas ya conocidas El Castillo (hallada en 1903) y La Pasiega (1911). El acceso a Las Monedas se halla a 675 metros de El Castillo. La última cueva con arte rupestre descubierta cronológicamente en el monte fue Chimeneas, encontrada en 1953.

El Castillo

Izda: Monte El Castillo (foto: turismodecantabria.com). Dcha: Panorámica desde la entrada a la Cueva El Castillo (foto: Roberto Sáez)

Consta de cuatro grandes salas con formaciones naturales de una enorme belleza: columnas, coladas, discos, excéntricas, banderolas, estalactitas y estalagmitas, con mucha riqueza de colores debido a la variedad de minerales. Un antiguo río subterráneo atravesaba la cavidad y dejó una espectacular torca en su parte media.

No se han encontrado evidencias de ocupación humana, pero fue utilizada como santuario en un periodo artístico concreto por los últimos cazadores-recolectores que poblaron la región cantábrica, en contraste con los distintos periodos que expresan las pinturas y grabados de las otras cuevas del monte, y que abarcan un rango temporal mucho más amplio. De hecho, la cueva El Castillo tiene un conjunto de discos rojos datados en 40,8 ka, y por tanto corresponden posiblemente a un periodo de presencia neandertal.

Entrada Las Monedas

Zona de entrada de Las Monedas. Las pinturas están en una pequeña sala accesible por las escaleras que se aprecian al fondo. Foto: Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de Cantabria

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13 descubrimientos de arte rupestre en cuevas vascas desde 2010

Antes de 2010 solo se conocían 6 cuevas vascas con arte rupestre, una cantidad que sorprendía por escasa en el contexto cantábrico y pirenaico. Contrastaba, por ejemplo, con las 70 cuevas en Cantabria y 40 en Asturias que tienen arte rupestre documentado.

En la última década, los esfuerzos de arqueólogos y espeleólogos en el País Vasco están dando buenos resultados, incrementando el número de sitios con arte rupestre a un nivel más comparable al resto de la región cantábrica. Desde 2010 hasta la fecha, son 6 cuevas nuevas en Vizcaya (Askondo, Morgota, Ondaro, Lumentxa, Atxurra y Armintxe) y 7 en Guipúzcoa (Erlaitz, Danbolinzulo, Astuigaña, Aitzbitarte III, IV, V y IX), con antigüedades diversas desde el Gravetiense hasta el Magdaleniense.

¿Y qué pasa con Álava? Pues “será la siguiente frontera a romper”, como dice Joseba Ríos, codescubridor e investigador de varias de las cuevas, a quien agradezco la información proporcionada para este post.

Askondo (2011), antigüedad entre 18.000 y 28.000 años.

Una docena de caballos y manos, algunos grabados y otros pintados en rojo. Sorprende la representación de un caballo con morro de pico de pato, que en ese periodo lo encontramos en Lascaux (Francia), Andalucía y Portugal. Además destaca un hueso de animal insertado en una pared, característico de la zona de los Pirineos en esa época, lo que sugiere el contacto entre poblaciones.

Caballo Askondo

Caballo de Askondo. Foto: Diego Gárate

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El Pendo: un lugar de agregación, un lugar mágico

Situada cerca de Escobedo de Camargo (Cantabria, norte de España), la cueva El Pendo tiene una gran diferencia respecto al resto de cuevas cántabras: consiste en una única gran sala de impresionantes dimensiones, 22 m alto, 45 m ancho y 80 m largo. El aporte de agua se produce de forma transversal y no vertical, por lo que la cueva carece de espeleotemas.

Un derrumbamiento sucedido hace entre 9000-1500 años cambió su forma radicalmente. En la actualidad, varios metros del vestíbulo exterior están bajo rocas, donde antes estarían protegidos por una enorme visera, lugar en que se desarrollaría buena parte de la actividad humana. A pesar del derrumbamiento, el aporte de luz desde la boca de la cueva es actualmente notable, y sería mayor durante su ocupación en el Paleolítico.

De entrada, su forma, dimensiones e iluminación ya le dan a la cueva un carácter muy especial, algunos dirían mágico, que ayuda a entender las consideraciones que describiré en este post.

Cueva El Pendo, vista completa

Cueva El Pendo. Vista completa desde la verja de entrada, con el friso de las pinturas al fondo y el yacimiento hacia la mitad de la sala. Foto: eldiario.es

En el interior se han realizado intervenciones arqueológicas durante 100 años, desde finales del XIX hasta los años 1990s.

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Cuevas El Pendo y Las Monedas

En cada visita que hago al Museo de Altamira me suelo detener en alguna exposición o pieza en concreto. La pasada semana lo hice en las reproducciones de dos preciosos paneles de arte rupestre de las cuevas El Pendo y Las Monedas (en Cantabria, norte de España), inscritas por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en 2008 junto con otras 7 cuevas cántabras.

El Pendo

La cueva El Pendo está situada a los pies de una gran dolina cerca de Escobedo. Su yacimiento arqueológico fue descubierto en 1878 por Marcelino Sanz de Sautuola, y la secuencia estratigráfica abarca entre hace 84.000 años y el 1.500 a.C.

El vestíbulo de entrada desciende hasta una enorme sala (80 m de largo, 45 m de ancho, 22 m de altura) donde se encuentra el yacimiento y el friso de las pinturas: son 24 figuras de animales (la mayoría ciervas, un caballo y una cabra) y varios signos (puntos, discos y líneas). El color es siempre el rojo y la técnica empleada también es homogénea: siluetas pintadas con líneas de puntos o de trazo grueso. Su antigüedad se estima entre 24.000-20.000 años.

Cueva El Pendo

Ciervas del friso de pinturas cueva El Pendo. Museo de Altamira. Foto: Roberto Sáez

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La cueva de Tito Bustillo

Breve historia

En 1968 un grupo de espeleólogos descubrió la cueva del Pozu’l Ramu, pronto rebautizada como Tito Bustillo. El hallazgo tuvo una repercusión enorme en los medios de comunicación e interés por visitarla. Las dificultades de acceso a la cavidad impulsaron la construcción de un túnel artificial de 175 metros para hacer un recorrido turístico, que se abre en el extremo opuesto a donde se encontraba el vestíbulo y el acceso prehistórico de la cueva, cegados por un derrumbe desde finales del Magdaleniense. Este túnel artificial asombra y probablemente sería imposible que hoy en día se llevara a cabo.

La cueva forma parte de un complejo kárstico, el Macizo de Andines, en el que existen otras cavidades. Todas ellas han sido excavadas por el río San Miguel, que discurre bajo el suelo actual de la cueva y sale a superficie a la altura del túnel artificial.

Cabeza de caballo Tito Bustillo

Cabeza de caballo presidiendo el Panel Principal. Cueva Tito Bustillo. Foto: Roberto Sáez

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Altamira: no todo son bisontes

Repetir visitas a museos hace redescubrir algunos pequeños tesoros en cada ocasión. El Museo de Altamira, además de tener una réplica exacta del gran techo de los polícromos, también expone una serie de reproducciones de paneles de arte rupestre de otras cuevas cántabras (tal vez lo más sorprendente del museo) y una selección muy buena de objetos prehistóricos.

De la neocueva ya escribí una presentación en otro post [ver aquí]. Hoy quiero destacar 5 piezas de distinta índole que me sorprendieron mucho en mi última visita (pinchar sobre las fotos para ampliar):  Sigue leyendo

La falange grabada de la cueva de La Garma

La cueva de La Garma guarda varios de los tesoros prehistóricos de Cantabria, al norte de España. Se ha documentado arte rupestre datado en el Auriñaciense y el Gravetiense, pero además destaca un objeto muy singular de la ocupación Magdaleniense, por su rareza, calidad y complejidad técnica: una falange de uro de 83x36x44 mm que está grabada con tres figuras: un uro macho, un signo en forma de flecha (sagitaforme) y un probable antropomorfo.

Falange La Garma UPV

Falange La Garma. Foto: Veleia, EHU-UPV

Este objeto se halló en 2003, en el vestíbulo original de la cueva, donde se han recuperado también millares de herramientas líticas y restos de fauna consumida. Concretamente, la falange se encontró junto a una estructura circular de 285×254 cm que era la probable base de una cabaña. La datación de la zona corresponde a unos 14.000 años de antigüedad.

El uro grabado mide 97mm de largo y 64 mm de alto. Tiene una calidad de detalles asombrosa, de los que destaco a continuación algunos de ellos:  Sigue leyendo

Cueva El Castillo: 150.000 años de ocupación humana

La Cueva El Castillo es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Europa. Representa una ocupación humana casi continuada desde hace 150.000 años hasta la Edad Media, y además cuenta con un conjunto de arte prehistórico muy valioso por su conservación y antigüedad.

El depósito estratigráfico del enorme vestíbulo tiene 18 metros de potencia y muestra niveles alternos de actividad antrópica con capas estériles y momentos de grandes derrumbes, en los que la cueva fue abandonada por los humanos y utilizada por osos, rapaces y animales carroñeros:

  • Niveles 26 a 24: Achelense
  • Niveles 20 a 22: Musteriense
  • Nivel 18: transicional
  • Nivel 16: Auriñaciense
  • Niveles 14 y 12: Gravetiense
  • Nivel 10: Solutrense
  • Niveles 8 y 6: Madgaleniense
  • Nivel 4: Aziliense
  • Nivel 2: Edad del Bronce
  • Nivel 1: Edad Media

Cueva El Castillo: Estratigrafía. Foto: Roberto Sáez

La ocupación Neandertal

El periodo Musteriense en El Castillo tiene un registro fósil abundante de grandes herbívoros (bóvidos, équidos, ciervos y rinocerontes lanudos) e industria lítica (puntas musterienses, raederas, denticulados y hendedores, asociados con la tala de madera, con frecuente uso de la técnica Levallois).
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La vida y el arte en la cueva del Parpalló

La cueva del Parpalló es un abrigo natural formado por la disolución de roca caliza en el macizo del Mondúber, en la localidad de Gandía (España). Debe su nombre a una pequeña ave (parpalló o avión zapador, Riparia riparia) que anidaba en la pared de la entrada a la cueva.

Era un refugio de pastores y ganado hasta que en 1872 se hallaron los primeros materiales arqueológicos. En 1913 apareció el primer objeto de arte mueble, pero la cueva no se excavó por completo hasta los años 1929-31, en tres campañas sucesivas bajo la dirección de Lluís Pericot. Se excavaron 8,5 m de sedimentos.

Se han encontrado evidencias de ocupación humana desde el Gravetiense (23 Ka), con el periodo más intenso de ocupación en el Solutrense (21-15 Ka), que continuó en el Madgaleniense hasta hace 11 Ka.

La vida en la cueva

La cueva es una fuente de información importante para el entendimiento de la vida en la zona durante 12.000 años, que incluyeron el último máximo glacial (20 Ka):

  • Los grupos humanos se componían de unos 10-12 individuos. Eran nómadas, ocupaban la cueva de forma estacional.
  • La cueva está en una zona de tránsito entre el llano litoral y el interior montañoso, idónea para la observación de los grupos de grandes herbívoros que merodeaban en ambos lados.

Boca y entorno cueva del Parpalló. Foto: Roberto Sáez

  • Vivían de la caza especializada con propulsores y arcos, y de la recolección de plantas y frutos silvestres. Al final del periodo de ocupación humana de la cueva también aparecen restos de pesca (p.ej. arpones) y marisqueo (p.ej. conchas de moluscos).
  • Los animales más cazados eran ciervos, cabras monteses y conejos y, en menor medida, caballos y uros. Se trasladaban enteros a la cueva y allí se consumían, pero también se usaban técnicas de conservación natural como el fileteado y posterior ahumado, o el secado al aire libre. También se consumía el tuétano fracturando o hirviendo los huesos.

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