Cuando Darwin conoció al Neanderthal

Cuando Darwin conoció al Neanderthal

En 2021 hemos celebrado el 150º aniversario de la obra de Charles Darwin «El origen del hombre y la selección en relación al sexo» (1871). Vamos a plantearnos dos cuestiones:

  • ¿Cómo abordó Darwin algunas ideas clave de la evolución humana?
  • ¿Conoció Darwin al fósil de Neanderthal, que se había encontrado en 1856, quince años antes de la publicación de «El origen del hombre»?

Busquemos las respuestas en esta microcharla «Cuando Darwin conoció al Neanderthal» impartida para el Club de Ciencia Boadilla el 17 de diciembre de 2021.

Más información: 150 aniversario de «El origen del hombre» (Darwin, 1871) | Nutcracker Man

¡Cuidado! Équidos tallando olduvayense

¡Cuidado! Équidos tallando olduvayense

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Un curioso estudio de talla experimental con équidos viene a llamar la atención a la hora de interpretar algunas piezas olduvayenses. Recordamos que esta industria comienza a extenderse desde hace 2,6 Ma (millones de años), y está compuesta por lascas y nódulos fragmentados con filos cortantes. Pues bien, tras observar los productos de piedras golpeadas por burros, Santiago David Domínguez-Solera y otros compañeros idearon un protocolo experimental con équidos no herrados, dejándoles ciertas rocas durante 52 días para desgastar sus pezuñas, con foto-trampas para registrar las acciones. Fueron 12 nódulos de cuarcita y 2 de sílex, con dimensiones similares a las de los empleados por los homininos olduvayenses (aproximadamente 20×15 cm). Los animales eran tres burras adultas (Equus africanus asinus) de 200-300 kg de peso, y también durante dos días una yegua (Equus caballus) de 500 kg, en un entorno controlado y abierto de una hectárea de tamaño cerca de Cuenca (España).

El resultado de este trabajo fueron 37 «artefactos» producidos por el impacto de las pezuñas sobre las rocas, así como por la presión al pisarlas ocasionalmente. Los équidos las rompían en pedazos de un solo golpe. A veces, la repetición de impactos daba lugar a núcleos «muy reducidos». Las lascas resultantes se parecen mucho a las piezas olduvayenses talladas con técnica bipolar. «Esta técnica consiste en trabajar los nódulos sobre un yunque partiéndolos por la mitad y sacando lascas, y era muy frecuente hace unos 2 Ma en el este de África, aunque con este método también se pueden obtener productos más finos como las hojitas gravetienses de El Palomar (Yeste, Albecete)», añade para este blog José Manuel Maíllo Fernández, coautor del trabajo.

Previamente se había documentado el corte de piedras por bonobos (muy diferente a la talla olduvayense realizada por homininos) y también por monos capuchinos en Brasil. Estos son los únicos primates no humanos que en estado salvaje golpean unas rocas con otras a propósito para romperlas, aunque no con el objetivo de usarlas como herramientas, sino para chupar las sales que hay dentro de la roca como complemento nutricional. En este caso, la extracción repetida de lascas desde un mismo canto se facilita al estar la piedra recogida dentro de suelos conglomerados. Cuando el martillo y el canto están fuera del suelo, los monos capuchinos no realizan esta acción. Sigue leyendo

Nuevas huellas en Laetoli, pero de otro hominino diferente

Nuevas huellas en Laetoli, pero de otro hominino diferente

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Seguramente todos hemos oído hablar de las huellas de Laetoli: un conjunto de unas 70 icnitas (huellas fosilizadas) asignadas a tres individuos de Australopithecus afarensis que caminaban hace 3,66 Ma (millones de años) sobre un suelo de ceniza volcánica, rápidamente endurecido y cubierto por nueva ceniza, lo que permitió conservar este tesoro hasta su hallazgo en 1978 por Mary Leakey y su equipo. Estas huellas dejadas a lo largo de 27 metros (denominado sitio G) permitieron confirmar el caminar totalmente bípedo de estos homininos antepasados de Lucy: pisaban apoyando bien el talón, recorriendo el arco del pie e impulsando el paso finalmente con los dedos, en concreto fuertemente con el pulgar.

Lo que tal vez no sea tan popular es que 26 años después, en 2014 se halló otro conjunto de icnitas en el sitio S, a tan solo 150 metros del anterior, compuesto por 14 huellas dejadas por otros dos individuos (13 de uno y 1 de otro), a lo largo de 32 metros. Estas son virtualmente contemporáneas a las dejadas por los australopitecos del sitio G. Comparando las características de las pisadas, parece que los autores fueron también Australopithecus afarensis. Otros muchos animales dejaron sus huellas en Laetoli (mamíferos como bóvidos, jirafas, équidos, rinocerontes, etc. además de aves e insectos), hasta en 33 sitios distintos que se venían estudiando desde principios de los años 1970s.

Así, pocos sabrán que 2 años antes del primer hallazgo, en 1976 se había excavado un camino de icnitas en otro de esos sitios, el A, entre las que había 5 seguidas que también habían levantado sospechas sobre una posible autoría de homininos. Sin embargo, su forma presentaba dudas y también se planteó que pudo hacerlas un oso joven erguido sobre sus patas traseras. Como pronto se encontraron las famosas huellas indiscutibles del sitio G, las dudosas del A quedaron un tanto olvidadas.

Por fin, un nuevo trabajo ha excavado y «rescatado» de nuevo aquellas huellas del sitio A, limpiando su relleno por completo. Gracias a su estudio y la comparativa con otras huellas humanas, de chimpancé y de osos caminando erguidos, con formas del pie similares a las huellas de Laetoli, sus investigadores confirman la autoría prehumana de las mismas. «[Los osos] no pueden caminar con una marcha similar a la de las huellas del sitio A, ya que la musculatura de su cadera y la forma de sus rodillas no permiten ese tipo de movimiento y equilibrio», indica Jeremy DeSilva, coautor de este estudio. Los talones de los osos se estrechan y sus dedos y pies tienen forma de abanico, mientras que los pies homininos tienen una forma más rectangular y un dedo pulgar prominente. Por tanto, no fueron osos sino homininos bípedos los que dejaron ese rastro. Curiosamente, ese individuo estaba cruzando una pierna sobre la otra al caminar, lo que se ha identificado como una acción para restablecer el paso balanceado, tal vez por una irregularidad del terreno.

Huellas de Laetoli

Huellas de Laetoli A3 (izda, por Jeremy DeSilva) y G1 (dcha, por Eli Burakian/Dartmouth).

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La Montaña del tiempo: el proyecto premiado de La Garma

La Montaña del tiempo: el proyecto premiado de La Garma

La Garma es un sitio espectacular ubicado en Ribamontán al Monte, en Cantabria (norte de España). Se trata de un complejo sistema kárstico que cuenta con varios yacimientos paleontológicos y arqueológicos en distintas galerías y también al aire libre, que abarcan desde hace unos 400.000 años (las evidencias más antiguas de presencia humana en el cantábrico) hasta la Alta Edad Media.

Un ejemplo de la riqueza que atesora La Garma: se estima que más de 76.000 objetos siguen estando a la vista, ya que las técnicas de estudio no son invasivas y se han extraído muy pocos, como veremos a continuación. Este es un rápido inventario de hallazgos solo de la Galería Inferior [más información sobre los distintos yacimientos de La Garma en este otro artículo que mantengo actualizado]:

  • Restos de 9 construcciones, posibles cabañas de material perecedero utilizadas como viviendas y/o espacios rituales.
  • Un impresionante conjunto de arte rupestre paleolítico, con pinturas y grabados: unos 100 animales (ciervos, caballos, bisontes, cabras, uros, megaceros, carnívoros…), 40 manos en negativo, 3 «máscaras», unos 100 signos…
  • Una de las más importantes colecciones de arte mueble que se conocen, en la que sobresalen 30 objetos de primer orden, por ejemplo: una espátula de hueso con una cabra montés grabada, una falange de uro con los grabados de un uro, un signo y una cabeza humana, un contorno recortado en forma de cabeza de cabra montés, y un contorno recortado en forma de oso.
  • Huellas humanas, tanto de adulto como de un niño de 6-7 años.

El proyecto «La Montaña del tiempo. Exploración de un campamento paleolítico en La Garma» ha sido galardonado con el II Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq. Por este motivo, he querido entrevistar a Pablo Arias y a Roberto Ontañón, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), quienes han recibido el premio en nombre del equipo hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Y comienzo preguntándoles sobre estos 26 años de trabajo, ¿de qué estáis más orgullosos?

[Pablo Arias] Estamos orgullosos de haber antepuesto siempre la conservación del patrimonio al avance rápido de la investigación y del conocimiento. Cuando comenzamos allí, algunos nos aconsejaron hacer una excavación convencional, incluso abrir la entrada original de la cueva. Nosotros siempre nos hemos resistido a eso y hemos considerado que lo prioritario era conservar los suelos, dejarlos lo más cerca posible de su estado original que nos encontramos, dado que es nuestra responsabilidad para futuras generaciones, tanto de ciudadanos en general como de arqueólogos. Para ello, hemos hecho un esfuerzo grande y nos ha costado mucho tiempo y el sacrificio de artículos en revistas de alto impacto. Pero nos ha permitido el desarrollo de muchas técnicas de tipo no invasivo y enfoques metodológicos nuevos. Esperamos que de nuestro trabajo quede esa actitud de defensa del patrimonio, y de intentar compatibilizar la conservación con el avance del conocimiento, y que ayudemos así a romper esa «maldición» que se asocia a una arqueología del tipo destructivo. Sigue leyendo

Issa, el Australopithecus sediba bípedo y trepador

Issa, el Australopithecus sediba bípedo y trepador

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Hacía demasiado tiempo que no escribía sobre australopitecos, los irrepetibles homininos de donde procede el linaje humano. Ahora, un nuevo trabajo sobre esta especie despierta nuestra atención y, para empezar, fijaos más abajo en la sorprendente ilustración de un Australopithecus sediba trepador que acompaña al estudio.

Australopithecus sediba es una especie definida por Lee Berger y otros en 2010 para un conjunto de fósiles hallados en el yacimiento de Malapa (Sudáfrica) desde agosto de 2008, que fueron datados en 1,977 Ma. Se trata de una especie intringante de australopiteco, debido a que es contemporánea a los restos de Homo erectus más antiguos (de 1,95-2,04 Ma) hallados en la cueva de Drimolen, a pocos kilómetros de Malapa.

En esta región tan interesante para el estudio de la evolución humana, en un corto intervalo temporal alrededor del umbral de 2 Ma encontramos a los últimos australopitecinos (representados por sediba), a los primeros humanos (el erectus de Drimolen), a otros homininos tan singulares como los parántropos, y herramientas de piedra y hueso cuya especie autora no es fácil determinar. La diversidad taxonómica de la fauna se aprecia en muchas otras especies locales, indicando un importante momento de evolución y dispersión en el marco de la variabilidad climática que estaba sucediendo.

¿Qué hace intrigante a Australopithecus sediba?

El registro fósil de Au. sediba incluye dos esqueletos muy completos, MH1 (un macho joven) y MH2 (una hembra adulta), y otros restos fragmentarios. El mosaico de rasgos derivados y primitivos en sediba le otorgan una interesante morfología intermedia o de transición entre Australopithecus y Homo.

Comparado con Au. africanus, Au. sediba tiene una cara más plana, menos proyectada, no tiene cresta nucal, y algunos rasgos más gráciles como los cigomáticos y la glabela. Se han identificado similitudes de algunas características con las de los Homo de Dmanisi (que tienen 1,8 Ma). Sin embargo, sediba mantiene un cerebro pequeño, y siguen siendo primitivos otros rasgos como las órbitas, la región nasal, la dentición bulbosa (aunque no grande), las líneas temporales del cráneo, y la originación superior de los músculos maseteros.   Sigue leyendo