Tiempo entre fuegos neandertales: posibles lecciones sobre su comportamiento

Tiempo entre fuegos neandertales: posibles lecciones sobre su comportamiento

Actualizado junio 2026

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El nuevo estudio sobre los hogares del yacimiento neandertal de El Salt (Alcoy, España) puede suponer un avance significativo sobre el conocimiento de la actividad de los grupos humanos en la zona durante el Paleolítico medio (Herrejón-Lagunilla, Villalaín, Pavón-Carrasco et al., 2024).

La unidad X de este yacimiento es un palimpsesto, caracterizado por una gran densidad de materiales arqueológicos y paleontológicos superpuestos de distintas actividades sucesivas, en el que destaca un conjunto de seis hogares datado en unos 52 ka por termoluminiscencia. El análisis por paleomagnetismo de estos fuegos a lo largo de los últimos diez años ha generado un resultado muy interesante. En general, con esta técnica se analiza la dirección paleomagnética que queda preservada en los materiales que fueron calentados. Así, los hogares son potenciales registros de la dirección del campo magnético terrestre en el momento en el que se enfriaron por última vez. En este trabajo, la novedad es que no se han buscado fechas absolutas sino intervalos temporales relativos entre los distintos fuegos. De esta forma, combinando paleomagnetismo y arqueoestratigrafía, el equipo ha logrado averiguar la separación mínima entre cada uno de esos fuegos con una gran precisión, siendo de al menos 20-25 años en dos casos, 70-85 años en un caso, y 85-105 años en otro caso. En total, la secuencia temporal es de al menos 200-240 años.

Implicaciones para entender el comportamiento espacial

Hasta ahora, normalmente se asumía que las ocupaciones humanas en esta zona serían frecuentes y temporalmente poco distanciadas entre sí, pero este estudio demuestra que la distancia entre las ocupaciones en realidad pudo ser de varias décadas e incluso de más de un siglo. Los neandertales podrían estar usando el territorio de forma extensa y ocupar este sitio de forma menos frecuente de lo que se pensaba. Tal vez algunos grupos ni siquiera llegarían a conocerse.

Sin embargo, no debemos olvidar que estos resultados informan sobre el tiempo mínimo entre fuegos, y no necesariamente entre ocupaciones, pues entre fuego y fuego pudieron existir varias ocupaciones. No se puede demostrar ni descartar si se marchaban del yacimiento entre las quemas. Futuras investigaciones podrán cruzar esta nueva información con los resultados de otras disciplinas (análisis de la lítica, análisis de la fauna, arqueología espacial, micromorfología de suelos, etc.), y determinar con más detalle cuántas ocupaciones hubo dentro de la secuencia, y si se observa alguna evidencia de abandono entre ellas.

Lo que sí está narrando este nuevo trabajo es que, para unos pocos centímetros de profundidad de sedimento en los que se incluyen estos fuegos y demás materiales asociados, ha pasado un tiempo considerable, de al menos 200 años. Normalmente, en este tipo de conjuntos suele asumirse que los materiales son sincrónicos o de momentos muy cercanos en el tiempo, y esto tiene implicaciones importantes a la hora de comprender el comportamiento humano, tal vez de forma sesgada, como si se tratara de un único grupo cultural y una práctica. Hasta ahora, no se tenía una evidencia cuantitativa del tiempo que podría estar promediado en este tipo de depósitos con tanta precisión.

Este yacimiento ha permitido además la primera aplicación de Microscopía Cuántica con Diamantes (Quantum Diamond Microscopy, QDM) sobre la estructura de combustión H89/90. Esta tecnología permite visualizar la distribución de minerales magnéticos a escala microscópica dentro de una sección del hogar, obteniendo perspectivas sobre el mantenimiento activo y deliberado del fuego, el uso de hierbas y vegetación fina como combustible (gramíneas y otras), y la posible alimentación sucesiva del hogar para mantenerlo encendido. Con este estudio, Dinçkal et al (2026) subrayan la planificación y la atención continuada de los neandertales para gestionar activamente el fuego.

    Agradecimiento: a Ángela Herrejón, por la información facilitada.

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    Schöningen: Más de 50 útiles de madera trabajados hace 300.000 años

    Schöningen: Más de 50 útiles de madera trabajados hace 300.000 años

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    Es seguro que las herramientas de madera tuvieron un papel fundamental en la vida cotidiana de los cazadores-recolectores del Pleistoceno, tanto en actividades de caza (lanzas, palos de doble punta o palos arrojadizos), recolección (palos para cavar, peladores de corteza) y domésticas (asas, recipientes). Sin embargo, la conservación de la madera necesita unas condiciones extraordinarias de congelación, clima muy árido, o un sitio saturado de agua donde no haya oxígeno ni, por tanto, microorganismos que la degraden. Esto rara vez sucede, así que nuestra interpretación de los modos de vida de los cazadores-recolectores prehistóricos suele estar sesgada por la supervivencia de materiales más resistentes (líticos y óseos) hallados en los yacimientos arqueológicos. Por eso, tiene un valor imponente el sitio de Schöningen 13 II-4 (conocido como Spear Horizon, «Horizonte Lanza»), en el centro-norte de Alemania.

    Hace unos 300 ka (miles de años), aquel lugar era un lago interglacial en un paisaje boscoso abierto con alisos, abedules, sauces, pinos, abetos y alerces. Entonces, un grupo humano dejó restos de objetos de madera junto a la orilla del lago Schöningen. Un nuevo trabajo presenta el conjunto completo de los 187 objetos conservados (Leder et al., 2024) tras 30 años de estudio, que muestra un amplio espectro de técnicas de trabajo de la madera, incluida la técnica de maderas hendidas, no documentada en contextos paleolíticos hasta ahora. Los objetos que se han logrado identificar son:

    • Entre 20 y 25 útiles de caza:
      • Entre 10 a 18 lanzas de 1,8-2,5 m de largo y 2,3-4,5 cm de diámetro. En comparación con las lanzas etnográficas, los ejemplares de Schöningen son relativamente cortos y gruesos. Las lanzas se usarían como armas arrojadizas y de empuje para cazar presas pequeñas y grandes, aunque una lanza y un palo que tienen una curvatura natural parecen más adecuados para empujar que para arrojar.
      • Entre 6 y 9 palos de doble punta, de 45-87,7 cm de largo y de 1,7-3 cm de diámetro máximo, probablemente usados en la caza de presas terrestres rápidas de tamaño mediano y pequeño, así como de fauna aviar. Según registros etnográficos, pudieron ser utilizadas también por individuos infantiles.
    • Dos nuevos tipos de artefactos hechos con maderas hendidas y terminación puntiaguda o redondeada, empleados probablemente en actividades domésticas de procesamiento de vegetales y pieles. Sólo 3 de ellas tienen huellas de carbonización. Estos tipos comprenden 35 objetos:
      • 24 puntiagudos, con longitudes entre 4,6 y 36 cm, y ancho máximo entre 0,8 y 2,7 cm. Como posibles funciones comparables en registros etnográficos, se han observado las de punzones para trabajar materiales blandos, horquillas para el pelo o la ropa, útiles para extraer insectos de la corteza de los árboles o puntas de lanzas de pesca.
      • 11 redondeados, con longitudes entre 14,5 y 82,8 cm, y ancho máximo entre 1,7 y 3,8 cm. Como posibles usos comparables, se ha observado el de alisadores de piel o espátulas para coser esteras de caña, descamar pescado y doblar contenedores de corteza.

    Las dos cadenas operativas observadas en Schöningen 13 II-4: herramientas para caza y herramientas de maderas hendidas para uso doméstico. Crédito: Dirk Leder / Niedersächsisches Landesamt für Denkmalpflege (NLD)

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    De nuevo, una presencia muy antigua de Homo sapiens en Europa

    De nuevo, una presencia muy antigua de Homo sapiens en Europa

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    Entre 1932 y 1938, en el yacimiento de Ilsenhöhle, en Ranis (Turingia, Alemania) se hallaron herramientas de piedra vinculadas a un periodo cultural de transición entre el Paleolítico medio y el Paleolítico superior conocido como Lincombiano-Ranisiano-Jerzmanowskiano (LRJ). Este tecnocomplejo se ha encontrado también por otros sitios del centro y noroeste de Europa, con distintas dataciones entre 44 y 41 ka. Aunque esta cultura se venía asociando (con dificultades) a la especie Homo neanderthalensis, basándose en su antigüedad, un nuevo trabajo ha resuelto muchas dudas a partir de los resultados de una nueva excavación en Ilsenhöhle que tuvo lugar entre 2016 y 2022.

    Localización del yacimiento de Ilsenhöhle y área de hallazgo del tecnocomplejo LRJ: Crédito: La Vanguardia & Mylopotamitaki, D., Weiss, M., Fewlass, H. et al. (2024). Homo sapiens reached the higher latitudes of Europe by 45,000 years ago. Nature.

    Mediante tres publicaciones, se analizan nuevas herramientas del LRJ, junto con restos óseos de reno, bisonte, rinoceronte lanudo, oso de las cavernas, hiena, glotón, zorro ártico, lobo y glotón, y un total de 13 fragmentos humanos, incluidos algunos de la excavación 1932-38. A partir del ADN mitocondrial recuperado de 11 fragmentos (7 de la excavación 1932-38 y 4 de la 2016-22), se ha conseguido determinar que estos restos son de H. sapiens. La datación molecular del material genético resulta entre 49-41 ka, consistente con la datación por radiocarbono de 47-42 ka de las capas sedimentarias de donde proceden. El material genético también ha permitido relacionar a este grupo con el individuo sapiens de Zlatý kůň (República Checa), de unos 45 ka, que por cierto tiene un 3% de rastro neandertal en su genoma (no se reporta rastro neandertal en los restos de Ranis). Sigue leyendo

    Homo erectus achaparrados

    Homo erectus achaparrados

    En un estudio anterior (Bastir, García-Martínez, Torres-Tamayo et al., 2020), nos sorprendió comprobar que las proporciones del tronco de Homo erectus no correspondían a una configuración esbelta, tal como nos suelen ilustrar los textos de manera extensiva, sino más bien achaparrada o esférica. En cambio, las extremidades inferiores sí que indican que tenían un cuerpo largo en comparación con la columna vertebral o la caja torácica, por ejemplo atendiendo a la longitud del fémur. Aquel trabajo se basaba en el esqueleto de la caja torácica, es decir, en el tamaño y proporciones de costillas y vértebras del esqueleto del Chico de Nariokotome KNM-WT 15000 (datado en ~1,5 millones de años).

    A partir de los restos de aquel joven erectus, Bastir y compañeros reconstruyeron su caja torácica y realizaban una simulación cinemática de su respiración. En comparación con distintos individuos de Homo sapiens, observaron que el movimiento de las costillas difería notablemente del nuestro. Por otra parte, Gómez-Olivencia et al. (2018) habían reconstruido también la caja torácica del neandertal Kebara 2 (de unos 60.000 años): la morfología torácica en ambos homininos era similar. Esto nos cambió la forma de ver el cuerpo de Homo erectus. Siempre digo que estas son de las pocas investigaciones que realmente sí «obligan a reescribir» textos de prehistoria, en particular todo lo referente a la supuesta esbeltez y modernidad de los cuerpos erectus, con las implicaciones biomecánicas y paleoecológicas que eso tiene.

    Ahora, un nuevo trabajo recién publicado (López-Rey et al., 2023) complementa a aquellos, abordando también el análisis de la acción muscular. A partir de una muestra de tomografías computarizadas de humanos modernos, el estudio analiza los diafragmas de estos sapiens actuales y cuantifica su forma. Luego, teniendo en cuenta la relación entre la forma del diafragma y la forma del tórax, estima cómo sería el diafragma en el Chico de Nariokotome y en el neandertal Kebara 2.

    Este análisis concluye que, en base a la forma del tórax, el diafragma es más aplanado en ambos especímenes que en un sapiens actual, y correspondería a una forma de expandirse durante la inspiración no tanto en el plano sagital (es decir, hacia arriba y hacia abajo), sino en el plano mediolateral (es decir, de dentro hacia afuera). Estas conclusiones encajan y refuerzan a las del estudio de 2020, que apreciaba un tórax inferior mucho más amplio y costillas mucho más horizontales en Nariokotome que en Homo sapiens, lo que sugería también un mayor desplazamiento mediolateral de las costillas y una menor expansión vertical durante la inspiración que en H. sapiens.

    Reconstrucción de cajas torácicas y representación de diafragmas en Homo erectus WT 15000, Homo neanderthalensis Kebara 2, Homo sapiens adultos y subadultos

    Reconstrucción de cajas torácicas y representación de diafragmas en Homo erectus WT 15000, Homo neanderthalensis Kebara 2, Homo sapiens adultos y subadultos. Crédito: José M. López-Rey et al (2023).

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    Explotación de leones y de otros grandes carnívoros por neandertales

    Explotación de leones y de otros grandes carnívoros por neandertales

    Se ha presentado la primera evidencia directa de que los neandertales cazaban leones de las cavernas, hace unos 48 ka (miles de años). Esta especie, Panthera spelaea, se extinguió a finales del Pleistoceno, hace unos 12,5 ka. Sin embargo, el rastro más antiguo de homininos cazando leones es el de un ejemplar de Panthera leo fossilis cazado hace 350 ka por los preneandertales de Gran Dolina nivel TD10-1 (Atapuerca). Son muy escasas las evidencias directas conocidas de explotación de grandes depredadores por parte de homininos. Esta actividad requiere una gran cohesión y coordinación de grupo, así como capacidad de improvisación.

    En la nueva publicación, se presenta el esqueleto de un león de la cueva de Siegsdorf (Alemania) hallado en 1985. Ya se habían observado algunas marcas de corte en dos costillas, vértebras y el fémur izquierdo. Ahora, su reestudio ha identificado una herida punzante registrada en el interior de otra costilla provocada seguramente por una lanza con punta de madera clavada en el abdomen del animal, seguramente cuando ya estaba tendido en el suelo. Mediría 1,5 m de alto, era de tamaño medio y de una edad avanzada.

    En el mismo trabajo, se presentan además tres falanges de otro león de las cavernas de 190 ka, procedente de la cueva de Einhornhöhle (Cueva del Unicornio), en Alemania central, descubiertas en 2019. Los huesos estaban muy juntos y uno tenía marcas típicas del desollado de pieles de animales. La ausencia de pulido, desgaste, perforaciones o cualquier característica vinculada con la elaboración de colgantes o elementos de ropa distingue las garras del león de Einhornhöhle de otros ejemplos encontrados en el registro arqueológico y etnográfico. Esto sugiere que eran originalmente parte del pelaje del león que los neandertales desollaron cuidadosamente para que las garras permanecieran preservadas dentro del mismo. En este caso, no se ha podido determinar que el león fuera cazado. Recordemos que de Einhornhöhle también procede una falange de ciervo gigante Megaloceros giganteus grabada por neandertales hace 51 ka con signos en forma de cuñas o galones enlazados y muescas.

    Es interesante la recopilación sobre los sitios paleolíticos con evidencia directa de interacción humanos-leones, que este nuevo trabajo ha documentado:

    • Paleolítico inferior: además de los mencionados Siegsdorf, Einhornhöhle y Gran Dolina, Caverna delle Fate, Chez-Pinaud (Jonzac), Le Portel y cueva de Bolomir.
    • Paleolítico superior, con finalidad de explotación para subsistencia: Grotte du Renne, La Garma, Peyrat (Saint-Rabier), Pair-non-Pair, La Gravette, Grotte Duruthy.
    • Paleolítico superior, con finalidad cultural en forma de arte rupestre o arte mueble: Chauvet, Trois-Frères, Grotte de la Vache (Ariège).
    • Paleolítico superior, con ambas finalidades, explotación y cultural: Hohlenstein-Stadel, Vogelherd, Hohle Fels, Pavlov I, Dolní Věstonice I.

    El estudio de la relación entre humanos y leones siempre despierta un gran interés, aunque no fue el único gran depredador con el que los humanos prehistóricos interactuaron: también con osos, panteras, hienas, zorros, linces, etc.  Recordemos la reciente publicación de dos huesos de un oso de las cavernas con marcas de corte procedentes del sitio alemán de Schöningen 12: los homininos hicieron uso de ese pelaje de oso hace unos 320 ka. Esta actividad también se ha observado en otros sitios del Paleolítico inferior, como Isernia La Pineta (Italia, ~600 ka), Boxgrove (Reino Unido, ~500 ka) y Bilzingsleben (Alemania, ~400 ka). Otros sitios del Paleolítico medio muestran evidencia de la explotación tanto de la piel como de la carne del oso, tales como Biache-Saint-Vaast (Francia), Taubach (Alemania), y Rio Secco y Fumane (Italia). En el Paleolítico superior, las actividades de explotación de restos de grandes depredadores se encuentran más extendidas.

    De todas formas, la evidencia de la caza de osos a menudo indica que los homininos aprovecharon estratégicamente los comportamientos de hibernación, mientras que los grandes félidos no hibernan, por lo que cazarlos puede resultar más difícil y peligroso. Esta obtención de presas raras o de alto riesgo podría entenderse como una señal no verbal de la habilidad de los cazadores para aprovechar los costes de la caza para obtener un estatus social, como hacen los Maasai. Sin embargo, la explicación más parsimoniosa para el león de Siegsdorf es que fue cazado de manera oportunista para el consumo de los neandertales. El león era viejo y podría haber sido menos capaz de defenderse o escapar eficazmente.

    Foto de cabecera: Leones cavernarios de Siegsdorf y de Einhornhöhle. Crédito: Russo G. et al. (2023).

    Referencia: Russo, G., Milks, A., Leder, D. et al. (2023). First direct evidence of lion hunting and the early use of a lion pelt by Neanderthals. Sci Rep 13, 16405. 

    Reconstrucción ilustrativa del esqueleto de león de las cavernas de Siegsdorf junto a una lanza de madera

    Reconstrucción ilustrativa del esqueleto de león de las cavernas de Siegsdorf junto a una lanza de madera. Crédito: Volker Minkus ©NLD