Capacidades auditivas de parántropos, australopitecos y preneandertales

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Dejad que comience por los parántropos, por los que tengo cierta debilidad, nuestros extraños parientes lejanos que vivieron hasta hace solo 1 millón de años. Su registro fósil todavía es bastante limitado (unos 700 especímenes entre el Este y el Sur de África). Pero conocemos bastante de su asombrosa morfología craneal hiperespecializada en la masticación, conocemos algo menos de su morfología postcraneal, y bastante poco de su modo de vida, aunque hay unos cuantos estudios muy interesantes.

Uno de mis favoritos se publicó en 2015 y analiza la capacidad auditiva de los parántropos y los australopitecos del Sur de África, gracias a la reconstrucción virtual mediante tomografía computarizada y mediciones directas de las estructuras del oído medio y del oído externo de especímenes de Paranthropus robustus (SK 46 de Swartkrans), dos Australopithecus africanus (STW 98 y STS 25 de Sterkfontein), en comparación con 10 humanos modernos y 11 chimpancés (Pan troglodytes).  Veamos algunas conclusiones:

  • Los humanos modernos tenemos una amplia banda de sensibilidad auditiva entre 1 y 4,5 kHz. Por ejemplo, 4 kHz es el umbral del rango de frecuencias reservado para la voz en las telecomunicaciones (por encima de 4 kHz es para datos). Aquellos homininos no eran capaces de oír como nosotros, es decir, en las frecuencias que utilizamos. Los parántropos y los australopitecos tenían una banda de sensibilidad entre 0,8 y 3,3 kHz, mayor entre 1,5 y 3 kHz.
  • Parántropos y australopitecos tenían una audición similar a la de los chimpancés, que presentan un audiograma con mayor sensibilidad entre 0,6 y 3 KHz y un pico máximo en 1 kHz. A partir de 3,5 kHz ni unos ni otros oían bien, mientras que los humanos modernos seguimos oyendo bien hasta los 4,5 kHz.
  • En particular, aquellos homininos eran incapaces de percibir ciertos sonidos fundamentales en el habla humana, como los que podemos escuchar cuando pronunciamos las consonantes. La capacidad de captar más variedad y riqueza de sonidos es especialmente notable con las consonantes, son las que aportan más información en la comunicación humana. Por tanto, tratando de vincular el estudio de la audición de esos homininos con la interrelación entre audición y habla, podemos inferir que aquellos homininos no eran capaces de hablar, sus sonidos no podían ser tan complejos ni articulados como el habla humana.
  • Sin embargo, los parántropos y los australopitecos presentan una sensibilidad algo más adaptada a frecuencias intermedias, mientras que en los chimpancés la sensibilidad disminuye antes. Poseían un oído que se estaba preparando para escuchar los sonidos propios de los espacios abiertos, donde se estima que procedían la mitad de los recursos que consumían. En un entorno arbolado hay mucho ruido ambiental (en frecuencias intermedias) que generan insectos, anfibios, reptiles, otros animales…. Pero en la sabana, en el espacio abierto, ese ruido ambiental es menor, por lo que se trata de un entorno más apropiado para la comunicación en las frecuencias que hoy explotamos más los humanos para la comunicación. Aquellos homininos se iban adaptando al campo abierto ensanchando su sensibilidad auditiva en ese rango.
Paranthropus group

Paranthropus group, screenshot from the BBC’s documentary ‘Walking with cavemen’

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Los tapanuli, la octava especie de grandes primates vivos

Pongo tapanuliensis (orangután tapanuli) se ha definido como la octava de las especies vivas de la familia Hominidae (grandes primates), que recordemos que son:

  • Del género Pongo: Pongo pygmaeus (orangután de Borneo), Pongo abelii (orangután de Sumatra), y el mencionado Pongo tapanuliensis.
  • Del género Gorilla: Gorilla gorilla (gorila occidental), Gorilla beringei (gorila oriental).
  • Del género Pan: Pan troglodytes (chimpancé común), Pan paniscus (bonobo).
  • Del género Homo: nuestra especie, Homo sapiens.

Por qué son una nueva especie

  • Nos situamos en el territorio Batang Toru, al sur del lago Toba en la isla de Sumatra, Indonesia (ver mapa más abajo). Allí se conocían localmente grupos de orangutanes desde hace décadas. Se pensaba que eran de la misma especie que los orangutanes de Sumatra que viven al norte del lago. En 2013 se identificó un cráneo con características muy diferentes al de las otras especies de orangután, lo que llevó a realizar un estudio multidisciplinar.
  • El genoma de 37 orangutanes muestra que, curiosamente, los tapanuli son más próximos a los orangutanes de Borneo que a los del norte de Sumatra. Divergieron de Pongo abelii hace 3,38 Ma y de Pongo paygmaeus hace 0,674 Ma. La nueva especie Pongo tapanuliensis representa el linaje más antiguo de las tres.
  • Diferencias morfológicas respecto a las otras dos especies de Pongo:
    • Cabeza más pequeña.
    • Cráneo y mandíbula menos robustos.
    • Foramen magnum más pequeño.
    • Órbitas más estrechas.
    • Fosa suborbital más profunda.
    • Superficie nucal más larga.
    • Pelo más grueso y rizado.
    • Bigote y barbas más abundantes.
    • Mejillas más planas cubierto de pelo claro y fino.
    • Además, su rugido es diferente.
Holotipo Pongo tapanuliensis

Holotipo de Pongo tapanuliensis, un individuo macho fallecido en 2013. Crédito foto: Nater et al, Morphometric, Behavioral, and Genomic Evidence for a New Orangutan Species (2017)

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10 homininos: miradas, gestos y paleoarte

¿Cómo eran nuestros antepasados homininos? En mi última visita al Museo de la Evolución Humana (MEH) en Burgos, España, quise detenerme en las diez fantásticas esculturas de la paleoartista Elisabeth Daynès para observar en detalle tres particularidades: las miradas, los gestos y las manos.

1. Comenzamos por Lucy, la icónica representante de Australopithecus afarensis, la primera gran aproximación a lo humano hace 3,5 millones de años. La bipedación es lo más humano que tiene Lucy (o más bien, nosotros tenemos la bipedación de ella), aunque no caminaba exactamente como nosotros. Esto se aprecia estupendamente en la escultura de Daynès, además de una mueca humana que recuerda a una sonrisa, pero que corresponde a un gesto de temor.

Australopithecus afarensis (MEH)

Australopithecus afarensis (MEH), por Elisabeth Daynès. Foto: Roberto Sáez

2. Continuamos con la Señora Ples, Australopithecus africanus, paradójicamente de aspecto más simiesco que Lucy a pesar de ser casi 1 millón de años más reciente que esta. El motivo posiblemente es que los australopitecinos del sur de África conservaban una mayor vida arbórea.

Australopithecus africanus (MEH)

Australopithecus africanus (MEH), por Elisabeth Daynès. Foto: Roberto Sáez

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La hipótesis de la Segunda Especie en Sterkfontein

La hipótesis de la Segunda Especie en Sterkfontein

El sistema de cuevas de Sterkfontein ha sido muy rico en hallazgos de homininos desde 1936, con cientos de fósiles asociados a Australopithecus africanus. Merece una mención especial el Member 4 de Sterkfontein con al menos 45 individuos distintos encontrados.

Estos especímenes muestran una gran variedad morfológica, muy representada en los restos craneales y dentales. Ronald J. Clarke defiende la hipótesis de que esta variabilidad se explica porque en Sterkfontein Member 4 y en Makapansgat vivió una segunda especie de Australopithecus con muchos rasgos morfológicos afines a Paranthropus, en contraposición a quienes asocian esa variabilidad al dimorfismo sexual, la variación individual o los cambios evolutivos.

A esta segunda especie asignó varios especímenes de Sterkfontein, entre ellos Stw 252, Sts 71, Stw 505 y varios más, y MLD 2 de Makapansgat. De entre todos ellos destaca de forma extraordinaria el espécimen Stw 252, compuesto por varios fragmentos de cráneo y todos los dientes, que correspondió a un individuo de 7-9 años de edad dado que los M3 están sin erupcionar completamente y por la ausencia de desgaste. Stw 252 fue encontrado en 1984 por Alun Hughes, descrito por Clarke en 1988, y estudiado desde entonces varias veces hasta recientemente en 2016.

Stw 252 y Sts 71

Sts 71 (I) y Stw 252 (D), ¿hembra y macho de la segunda especie? (Fornai, 2010). Imagen: Roberto Sáez

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Paleoantropología: qué esperamos en 2017

Hace casi tres años escribí el artículo “El boom de la paleoantropología”, donde reflexionaba los motivos por los que esta ciencia está teniendo un crecimiento exponencial en los últimos 40 años, y en particular en la última década. Esos motivos los articulaba en dos bloques: 1) Se han descubierto muchísimas más evidencias para estudiar; 2) La genética nos ha permitido incrementar brutalmente el conocimiento sobre nuestros ancestros y las relaciones filogenéticas entre ellos.

La revisión de aquel texto me ha hecho ver que, muchas de las consideraciones que entonces hacía, son totalmente vigentes a la hora de prever lo que 2017 nos puede traer en este ámbito:

Natural History Museum's Hall of Human Origins

Models in the Natural History Museum’s Hall of Human Origins. Photo credit: Chip Clark, NMNH

Se siguen publicando importantes evidencias nuevas, pero también nuevos estudios sobre fósiles ya conocidos:

Y aquí van tres ejemplos de lo que digo:  Sigue leyendo