Reconstruyendo el cráneo del «primer humano moderno»

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En los últimos tiempos estamos conociendo muchas novedades sobre el origen de nuestra especie, Homo sapiens. Por ejemplo, recordemos la presentación en 2017 de nuevos fósiles de Jebel Irhoud y su datación revisada, que situaba hace 315 ka (miles de años) a estos especímenes asociados a Homo sapiens pero con numerosos rasgos primitivos. O en 2019 el cráneo Apidima 1, que indica una posible presencia de nuestra especie en Europa Occidental tan antigua como hace 210 ka.

¿Qué sabemos hasta ahora? Por una parte, tenemos evidencias de fósiles con una anatomía moderna (cráneo alto y globular, mentón…) como Omo Kibish (195 Ka) y Herto (160 ka), que hasta hace poco eran los representantes incuestionados más antiguos de Homo sapiens. Por otra parte, contamos con cráneos que muestran un mosaico de caracteres arcaicos y derivados como los materiales mencionados de Jebel Irhoud, Eliye Springs en Kenia (200-300 Ka), Florisbad en Sudáfrica (260 Ka) y otros.

Hay una barrera entre lo que llamamos humanos anatómicamente modernos y lo que consideramos Homo sapiens arcaicos, pero confusa, porque el escaso registro de fósiles y la gran variabilidad morfológica entre ellos hacen difícil situar geográfica y temporalmente el origen de la especie y de las poblaciones antepasadas de los humanos modernos, y también entender la evolución de su morfología.

Ahora, un nuevo estudio de Mounier y Mirazón Lahr ha empleado un modelo estadístico para estimar cómo pudo haber sido la morfología del cráneo virtual del «primer humano moderno», últimos antepasados comunes de los humanos actuales (vLCAs por sus siglas en inglés). Para ello, crearon dos cráneos virtuales a partir de 263 especímenes de 29 grupos distintos (vLCA1 y vLCA2, aunque las diferencias entre ellos no son relevantes para las conclusiones), y realizaron una comparativa con 5 cráneos del Pleistoceno Medio Final africano, para estimar cuantitativamente la posible relación de las poblaciones de estos fósiles con el origen de Homo sapiens. Esos 5 cráneos son Florisbad, Eliye Springs (KNM-ES 11693), Omo II (con rasgos más arcaicos que Omo I), Jebel Irhoud 1 y Ngaloba (LH18, de 200-300 ka). Otros especímenes arcaicos son mencionados por el estudio pero no están incluidos en la comparativa: Guomde (o Ileret, KNM-ER 3884, de 270-300 ka) y el cráneo patológico de Singa (de unos 200 ka, con un perfil que recuerda a Jebel Irhoud 1). Sigue leyendo

El nuevo cráneo de Australopithecus anamensis: ¿encaja bien en el «árbol»?

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Una de las noticias del año ha sido la presentación del fósil MRD VP-1/1 (apodado simplemente MRD), que constituye el primer cráneo casi completo de Australopithecus anamensis. Es la primera vez que podemos poner cara a un miembro de esta especie predecesora de Au. afarensis. Fue hallado en 2016 en la rica zona fosilífera de Woranso-Mille (Etiopía) por el equipo liderado por Yohannes Haile-Selassie. MRD (Miro Dora) es una de las áreas en las que se divide Woranso-Mille.

¿Cómo es?

  • Tiene una capacidad craneal pequeña de 365-370 cc, del orden (ligeramente mayor) que la de Sahelanthropus tchadensis o Ardipithecus ramidus, pero por debajo del rango observado para afarensis.
  • Luce una cresta sagital bien marcada, que nace más anteriormente que en otros homininos. Tiene una notable constricción posorbital, un rasgo primitivo y que recuerda a S. tchadensis (perfiles similares en vista superior).
  • Cara robusta, larga y prognática. La parte media, ancha, y la superior, estrecha, se parecen a las de la cara de Au. afarensis y de otros australopitecinos. Las órbitas son rectangulares.
  • La profundidad del paladar y la forma de «U» estrecha en la dentición están en línea con otros especímenes de Au. anamensis.
  • Conserva un gran canino derecho, en línea con otros representantes de los primeros homininos (y es de los mayores entre los caninos de estos). El resto de dientes están dañados o muy gastados. Tiene un diastema I2-C, como ocurre en otros especímenes de Au. afarensis y Ar. ramidus (pero no en S. tchadensis).
  • La región nucal es comparable con la de Au. afarensis.
  • La región cigomática nace en una zona alta de la cara y de manera muy recta y ascendente, rasgo derivado que también tienen Au. africanus y los parántropos y, curiosamente, no tanto los Au. afarensis (con un pómulo bajo y arqueado).

En general, el análisis de su morfología parece confirmar la posición filogenética de Au. anamensis entre Ar. ramidus y Au. afarensis. ¿Encaja bien con lo esperable en el «árbol» evolutivo? Yo diría que ha encajado sorprendentemente bien, dados los «sustos» que otros hallazgos notables de este tipo a veces nos dan…

Cráneo MRD y reconstrucción. Crédito: The Cleveland Museum of Natural History

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Maltravieso, pinturas y neandertales

La presencia humana en la zona de Cáceres comienza hace muchos miles de años, gracias a una abundante y constante masa de agua localizada en el Calerizo que formó un sistema de cuevas. Durante el Carbonífero Inferior (359-326 Ma) el espacio sobre el que hoy se asienta Cáceres era el fondo de un mar cálido. Por acción de las fuerzas tectónicas los sedimentos marinos se plegaron y emergieron formando un pliegue sinclinal. El Calerizo de Cáceres es una capa de roca caliza que ocupa la parte central de ese pliegue. A lo largo de milenios el agua fue disolviendo el carbonato cálcico de la roca configurando un importante acuífero, surgiendo de esta zona calcárea un manantial permanente que originó la denominada ribera de El Marco, y moldeando tres cuevas: Maltravieso y El Conejar, próximas entre sí, y Santa Ana.

Santa Ana conserva los indicios más antiguos de presencia humana, de hace alrededor de medio millón de años, cuando distintos grupos humanos (¿Homo heidelbergensis?) alternaban el uso de la cueva con hienas y osos. Hay muchos restos de rinoceronte con marcas de corte y restos de útiles de industria Achelense.

El Conejar está muy deteriorada, pero como dato más significativo, se ha podido determinar que fue habitada por las últimas sociedades de cazadores y recolectores del Mesolítico hace 9000 años, y por los primeros grupos del Neolítico hace unos 7000-8000 años.

Maltravieso se descubrió en 1951 por la explotación del lugar como cantera de piedra caliza para material de construcción. Los primeros hallazgos fueron huesos y fragmentos de cerámica de enterramientos de la Edad del Bronce. El uso como cantera prosiguió hasta 1956, cuando Carlos Callejo (en aquellos momentos conservador del Museo de Cáceres) descubrió representaciones de manos y otras figuras paleolíticas en las paredes, y comenzó a protegerse el lugar como bien cultural. Originalmente la cueva tenía 133 m de longitud (77 m en la actualidad), con 2000 m2 de superficie y 8 salas distribuidas a lo largo de un corredor común que las conecta. Por sus restos arqueológicos destacan tres salas:

  • Sala de los Huesos, con artefactos líticos del Modo 3 o Musteriense, y huesos de gran variabilidad de fauna (lepóridos, hiénidos, équidos, cérvidos, etc.) algunos con marcas de corte, de cronología entre 180-117 ka.
  • Sala de las Chimeneas, con materiales de 21 ka: útiles de sílex, conchas marinas perforadas, un hueso grabado y restos de fauna (lepóridos y équidos principalmente), también algunos con marcas de corte.
  • Sala del Descubrimiento, desaparecida durante los trabajos de cantería que dejaron a la luz la cueva, y donde se hallaron los restos humanos (entre ellos, un cráneo trepanado) y de cerámica de la Edad del Bronce. En total son 11 individuos de diversas edades los encontrados en esta necrópolis.

Cráneo trepanado de Maltravieso (réplica), Edad del Bronce. Crédito: Roberto Sáez

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La mandíbula infantil de El Castillo

La mandíbula infantil de El Castillo

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Hace poco visité la Cueva de El Castillo justo el día que se publicaba el estudio de la mandíbula infantil encontrada en el nivel 18 de su yacimiento, así que fui para allá doblemente motivado.

El Castillo (Cantabria, España) es muy famosa por su conjunto de arte rupestre, compuesto por pinturas y grabados que abarcan un rango amplio de tiempo. En 2012 la costra de calcita sobre un disco rojo pintado fue datada en 40,8 ka (miles de años), lo que precede a la ocupación del lugar por Homo sapiens y correspondería a una autoría neandertal para esa pintura. Pero la importancia del sitio se debe incluso más a su yacimiento de enorme potencial de 18 metros ubicado en su antiguo vestíbulo, que abarca más de 100.000 años de ocupación humana con 25 niveles desde el Achelense hasta la Edad Media. La siguiente foto lo ilustra bien, donde el nivel del suelo previo al inicio de su excavación (en 1910) se situaría aproximadamente 1 metro sobre el punto de vista del espectador.

Yacimiento Cueva El Castillo. Foto: Roberto Sáez

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La Dama Roja de El Mirón

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La región cantábrica cuenta con una sensacional riqueza de yacimientos del Paleolítico Superior, muchos ubicados en cuevas. En esta entrada me detengo en un importante hallazgo en 2010 en la Cueva El Mirón (Ramales de la Victoria, Cantabria): el esqueleto de una mujer cubierto de ocre rojo muy brillante, que fue apodado la Dama Roja de El Mirón.

Hace 18.500 años, el cuerpo de la Dama Roja se colocó de lado tras un gran bloque de piedra derrumbado, sobre el cual se realizaron algunos grabados lineales contemporáneos al depósito, entre los que se han interpretado las representaciones esquemáticas de una mano y de un triángulo púbico:

Grabados asociados al enterramiento de El Mirón. Fuente: web.unican.es/noticias/Paginas/2015/abril/Quien-era-y-como-vivia-la-dama-roja-de-El-Miron.aspx

Tras la descomposición de los restos orgánicos, un lobo o perro mordió una tibia y, posteriormente, se extrajeron varios huesos largos y el cráneo (sin la mandíbula, que se dejó), y el resto del cuerpo fue cubierto de nuevo con ocre, sedimento y piedras. El ocre proviene del Monte Buciero (Santoña) situado a 26 km de El Mirón.

Por todas estas características, se considera el enterramiento de un individuo especial. ¿Por qué reubicaron algunas partes del cuerpo? ¿Qué hacía tan singular a este individuo? Además, este caso tiene gran importancia por el cortísimo registro de enterramientos del Magdaleniense encontrados en la Península Ibérica. Una hipótesis que explicaría dicha escasez estaría relacionada con la posible práctica de llevarse el cráneo y partes del cuerpo a otro lugar (enterramiento secundario).

Enterramiento Dama Roja de Cueva El Mirón. Crédito: Straus LG et al (2015)

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