¿Cuánto tiempo pasaban nuestros ancestros en los árboles?

¿Cuánto tiempo pasaban nuestros ancestros en los árboles?

Sabemos bien que la bipedación no apareció de una vez en la evolución ni implicó el abandono inmediato de los árboles. Sin ir más lejos, hace poco conocimos que, en el sur de África, la bipedación terrestre sería más constante en Australopithecus, mientras que Paranthropus robustus (posteriores a los australopitecos) muestran una flexión frecuente de las articulaciones del tobillo, la rodilla y la cadera, normalmente asociada a la trepa, y tendrían un repertorio de locomoción más diverso (Cazenave et al., 2026).

Aunque, en general, las evidencias poscraneales de Australopithecus apuntan a que la bipedación terrestre constituía una parte fundamental de su repertorio locomotor, entrando en detalles, es mucho más discutible hasta qué punto esa bipedación coexistía con una utilización habitual de los árboles y, por otra parte, si todos los australopitecos combinaron ambas formas de locomoción de la misma manera. Así, es usual debatir sobre cuánto tiempo seguían pasando estos homininos en los árboles, a partir del estudio de rasgos anatómicos de los australopitecos como los brazos relativamente largos, las falanges curvas o el hombro.

El esqueleto juvenil de Dikika, por ejemplo, combina evidencias claras de bipedación con una escápula y unas falanges compatibles con una importante actividad arbórea (Alemseged et al., 2006; Green y Alemseged, 2012; DeSilva et al., 2018). Una reciente reevaluación de la paleobiología de Australopithecus concluye que eran bípedos habituales aunque conservaban un componente significativo de arborealidad (Alemseged, 2023).

Un nuevo estudio de Carlson et al. (2026) aborda el problema desde una perspectiva interesante: además de su morfología, analiza cómo de resistentes eran los huesos de brazos y piernas en relación unos con otros. La geometría interna de la diáfisis de los huesos largos tiene más plasticidad durante el desarrollo y, en cierta medida, responde a las cargas mecánicas que soporta un individuo a lo largo de su vida. Por tanto, un húmero relativamente robusto no sería simplemente una característica heredada de antepasados arborícolas, sino potencialmente una señal del uso efectivo del brazo para soportar peso, que es lo que sucede al trepar. Si en un hominino se identifica una resistencia relativamente mayor del húmero respecto a los huesos del miembro inferior, esto indica que los brazos estuvieron sometidos durante el desarrollo a cargas mecánicas mayores. En los grandes simios actuales esas proporciones se correlacionan con una mayor utilización arbórea, por lo que proporcionan un indicador indirecto de la arborealidad.

El estudio aporta nuevos datos de dos individuos: el australopiteco Little Foot (StW 573) de Sterkfontein, de unos 3,67 millones de años (Ma), y un Homo temprano de Dmanisi (D3901/D4167/D4507), de 1,8 Ma. Estos datos se integran con los disponibles para los australopitecos Lucy (A.L. 288-1) y Kadanuumuu  (KSD-VP-1/1), el Homo habilis OH 62, dos Homo erectus, KNM-ER 1808 y KNM-WT 15000, y muestras de chimpancés, gorilas, orangutanes y una muestra amplia de humanos modernos (hasta 1279 individuos, según la variable analizada). Para determinados análisis articulares se incorporaron además KNM-ER 1472 (Homo rudolfensis) y KNM-ER 1481a (H. erectus).

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Un elefante procesado en EAK (Olduvai) hace 1,78 Ma: implicaciones para el origen de la cooperación

Un elefante procesado en EAK (Olduvai) hace 1,78 Ma: implicaciones para el origen de la cooperación

Viajemos a uno de mis periodos favoritos en la evolución humana: aquel en que algunos representantes de Homo tempranos comienzan a desarrollar comportamientos de cooperación. Se trata de grupos de pocas decenas de individuos y algún grado de división de tareas entre miembros. Es difícil pensar en el éxito de aquellos primeros humanos sin ciertas conductas complejas de organización. Aunque todas estas cuestiones siguen siendo objeto de debate, muchos me habréis visto defender en repetidas ocasiones que en este contexto tenemos que buscar también el origen de los cuidados entre humanos.

Manuel Domínguez-Rodrigo y colaboradores, grandes conocedores de la Garganta de Olduvai, presentan la evidencia más antigua (hasta ahora) de aprovechamiento de un elefante, asociada al sitio EAK (Emiliano Aguirre Korongo), en el Lecho II de Olduvai, datada en unos 1,78 Ma (millones de años).

Se documenta un esqueleto parcial juvenil con 153 restos correspondientes a 46 elementos esqueletales de Elephas recki, junto con 80 artefactos líticos en el mismo nivel (herramientas de percusión, núcleos, lascas, subproductos de talla), bien conservados y con bordes afilados. Los autores interpretan esta acumulación como la concentración de un episodio de procesado de carcasa, no el resultado de una deposición casual. Huesos y artefactos forman una concentración muy densa en el centro del yacimiento, y el análisis espacial sugiere una asociación funcional entre ambos conjuntos.

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Entrevista en Marca España (Radio Exterior)

Entrevista en Marca España (Radio Exterior)

Origen y misterio de las primeras herramientas humanas. Programa Marca España. Radio Exterior de España.

Las primeras herramientas de piedra se han considerado siempre un gran hito de nuestros antepasados humanos. Sin embargo, los descubrimientos más recientes empiezan a cuestionar esta idea: puede que no fuéramos los únicos, ni los primeros, en usar y fabricar utensilios con piedra. En “A ciencia cierta”, con nuestro colaborador Jal Guerrero, queremos comprender qué revelan realmente esas piedras antiguas. Para ello nos acompaña Roberto Sáez Martín, doctor en Antropología, fundador y presidente de la Sociedad de Estudios de Bioarqueología del Cuidado y reconocido divulgador científico.

  1. ¿Desde cuándo se tiene constancia del uso de herramientas entre nuestros antepasados y dónde se situarían los primeros vestigios?
  2. Cuándo hablamos de tecnología lítica, ¿a qué nos referimos? ¿Cuántas maneras diferentes de tallar se han encontrado en los yacimientos?
  3. ¿Cómo se lleva a cabo la investigación en esas fechas tan remotas de millones de años? ¿Cómo distinguir fehacientemente un canto trabajado por un homínido de un proceso natural?
  4. Cuando se encuentran restos humanos junto a piedras trabajadas y otros restos de animales, ¿cómo se puede saber si ese homínido fue el que comió o bien fue parte de la comida?
  5. ¿Qué son los parántropos, qué parentesco tendrían con los humanos y qué datos hay de su posible capacidad técnica?
  6. ¿Hay una relación directa entre la capacidad cerebral y su asociación con la posibilidad de encontrar restos de tecnología?
  7. ¿Qué adaptaciones estructurales y anatómicas permitieron fabricar herramientas?
  8. Pensando en el uso de objetos por parte de chimpancés o cuervos, ¿no estaríamos ante la evidencia de que el uso de herramientas no es algo exclusivo del género Homo?
  9. ¿Qué proyectos de divulgación llevas a cabo actualmente?
  10. ¿Cómo se relacionan todos estos datos que has aportado con tu propia investigación sobre los orígenes del comportamiento humano?
  11. De todas las especies habidas y existentes actualmente, ¿podemos afirmar que somos y hemos sido la especie más inteligente?
  12. ¿Desde cuándo estamos realmente solos como hominino en el planeta?
  13. ¿Tenéis alguna actividad a la que quisieras invitar a nuestros oyentes que se reparten por todo el mundo?
¿Fueron humanos los primeros fabricantes de herramientas?

¿Fueron humanos los primeros fabricantes de herramientas?

El origen de la tecnología lítica en la evolución humana despierta un gran interés. Los hallazgos, cada vez más antiguos y complejos, indican que su fabricación no se restringió a nuestro género Homo. Algunos podrían asociarse con ciertos parántropos y australopitecos que coexistieron con los primeros humanos. Sus manos presentan adaptaciones que los acercan a la destreza manual humana mucho más que a la de otros primates. Microcharla impartida para el Club de Ciencia Boadilla el 14 de noviembre de 2025.

En los orígenes de Homo: nuevos fósiles y su interpretación

En los orígenes de Homo: nuevos fósiles y su interpretación

Se ha publicado un nuevo conjunto de dientes aislados encontrados en el yacimiento de Ledi-Geraru, Etiopía (Villmoare, Delezene, Rector et al., 2025). En este lugar también se encontró una mandíbula con dientes asociada a Homo (Villmoare et al., 2015), cuya antigüedad (2,8 Ma, millones de años) le haría ser el fósil más antiguo conocido de nuestro género.

Ledi-Geraru se encuentra al norte de la región de Afar. Esta región es importante para entender la confusa aparición de las primeras formas de Homo en paralelo al desarrollo de Australopithecus entre hace 3 y 2 Ma representados, por ejemplo, por la especie Australopithecus garhi, de 2,5 Ma (Asfaw et al., 1999).

Los rasgos morfológicos de estos nuevos dientes han permitido interpretar algunos como cercanos a los primeros Homo, mientras que otros se aproximan a Australopithecus, sin poder determinarse a qué especie. Estos descubrimientos deben entenderse, ante todo, como datos adicionales que amplían nuestro conocimiento y enriquecen hipótesis previas, como la mencionada existencia muy temprana de primeros Homo en la región contemporáneos a los australopitecos que vivieron durante cientos de miles de años más. Pero estos pocos dientes no suponen una revolución del árbol evolutivo humano ni su reescritura. De hecho, los propios autores de la publicación subrayan la cautela con la que debe leerse su interpretación: ni estos dientes permiten determinar con claridad la aparición del género Homo, ni definir una nueva especie de Australopithecus. Más bien, invitan a seguir explorando la difusa frontera entre Australopithecus y los primeros Homo, aportando piezas nuevas a un puzle todavía muy incompleto, sin caer en las narrativas simplistas sobre «nuevos ancestros humanos» a las que, lamentablemente, estamos habituados.

En este post, he tratado de describir de forma sencilla estos fósiles para ilustrar la interesantísima variabilidad dental que los distingue de otras especies de australopitecos, como Australopithecus afarensis y A. garhi, así como de Paranthropus, mientras que algunos recuerdan más a los dientes humanos. Sigue leyendo →