Buscadores de fósiles, ER 3883 y la variabilidad en Homo ergaster

Buscadores de fósiles, ER 3883 y la variabilidad en Homo ergaster

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Cuando pensamos en los primeros representantes de nuestro género Homo, hay una tendencia normal a situarnos en el este de África, debido al número y relevancia de los hallazgos en distintos sitios del Gran Valle del Rift. Este inmenso territorio se extiende desde el llamado Cuerno de África en el noreste, abarcando la región del Triángulo de Afar, la cuenca del lago Turkana, que se divide en una rama occidental y otra oriental, y llega hasta Malawi.

Allí, desde los años 1960, un grupo excepcional de buscadores de fósiles ha tenido un importante papel en muchos hallazgos, tanto de homininos como de otros primates, en distintas campañas coordinadas principalmente por miembros de la familia Leakey en las primeras décadas. De hecho, de los Leakey recibieron una formación con foco particular en anatomía, para ayudarles a identificar piezas fragmentarias, dado que en muchas ocasiones se encontraban solos en el campo.

Gran Valle del Rift, en el este de África. Crédito: Roberto Sáez, sobre Google Maps.

Los miembros de este grupo, apodado Hominid Gang, fueron descubriendo decenas de fósiles entre los que se cuentan algunos especímenes icónicos sobre los que ya he escrito en el blog: KNM-ER 1470 (Homo rudolfensis), descubierto en 1972, ER 3733 (Homo ergaster) en 1975, WT 17000 Black Skull (Paranthropus aethiopicus) en 1985, varios fósiles de Australopithecus anamensis desde 1994… Y muchos otros que conforman una enorme lista imposible de recopilar aquí, aunque como excepción me gusta recordar a ER 1808, una Homo ergaster encontrada en 1973 por Kamoya Kimeu (miembro del Hominid Gang): su patología ósea le otorga un protagonismo singular en mi libro «Evolución humana: Prehistoria y origen de la compasión», como algunos recordaréis. Sigue leyendo

La cueva de Cudón y la complejidad del poblamiento humano en el cantábrico: una hipótesis fascinante

La cueva de Cudón y la complejidad del poblamiento humano en el cantábrico: una hipótesis fascinante

La cueva de Cudón (Miengo, Cantabria) forma parte de una nueva vía de investigación para el estudio de un conjunto de cuevas con pinturas rojas en Cantabria, que consisten en discos, puntos, trazos, manchas y otros signos no figurativos, muy distintos a las icónicas representaciones de animales en otras cavidades, entre los que abundan los bisontes, caballos y ciervos. Este enfoque de estudio fue abierto por Ramón Montes en Cudón, en 2011 y, a partir de él, Roberto Ontañón coordina desde 2013 en Cantabria un amplio trabajo de documentación gráfica de cuevas con pinturas rojas análogas.

En Cudón el registro pictórico es enorme. A pesar de ser relativamente desconocida, se trata del yacimiento con más y mejores pinturas rojas premagdalenienses de Cantabria, además de ser una cueva de gran complejidad por su longitud (2 km) y su geología (bastantes galerías bajas y zonas escondidas). En total, se han levantado 900 unidades gráficas. Corresponden a gestos artísticos en general, pero no se puede descartar que también haya transferencias de manos pintadas o de ropas manchadas de ocre que rozan la pared. En algunos casos, resulta difícil discriminar el hecho intencional artístico de lo que no es intencional pero que sucede en relación con aquél.

Por tanto, Cudón es un gran santuario de este tipo de arte paleolítico de pinturas rojas, bien fechado en el Gravetiense pleno (aprox. 26.000 años BP, 29.000-30.000 Cal BP) mediante cuatro dataciones por radiocarbono. En esta cronología está conviviendo, y tal vez compitiendo, con el arte mucho más espectacular de las grandes ciervas tamponadas, animales de tinta plana y otras pinturas rojas premagdalenienses de Covalanas, La Pasiega, El Castillo, El Pendo, etc. El 90% de su registro son pinturas rojas, y el resto son elementos negros, algunos morados, pequeños grabados entre los que se cuentan numerosos «macarronis» (grabados digitales hechos sobre pared arcillosa) y dos manos en negativo superpuestas, una horizontal y otra vertical, con posibles restos de una tercera.

Es sorprendente que, en una cueva de 900 pinturas paleolíticas con una gran diversidad de elementos, no haya ninguna representación animal, ni siquiera parcial, aun teniendo paredes lisas y grandes, óptimas para pintar. Ramón Montes lo explica para este blog: «Pensamos que es un arte con entidad propia, es decir, quien produce ese arte no quiere pintar animales. Esta es una corriente que conviviría con otras tradiciones naturalistas durante el Paleolítico superior cantábrico. No sabemos si esto responde a razones artísticas, culturales o religiosas, pero intuimos que se trata de un poco de todo, porque las explicaciones sencillas en arqueología funcionan mal». Hay otras 20 cuevas identificadas a partir de 2013 en el sector central de la cornisa cantábrica (entre los ríos Sella y Nervión), que tienen un arte parecido a la amplia referencia de Cudón, pero en formatos más reducidos y compactos, con menor número de elementos. Probablemente también son del Gravetiense, aunque solo una de ellas está datada, la cueva del Calero (en algo más de 25.000 años BP).

Cudón: signos en el techo del vestíbulo (izd), puntos y vulva bicolor (dch). Foto cortesía de Ramón Montes

¿Qué significa este arte? 

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Large Cutting Tools y el yacimiento de Porto Maior

Large Cutting Tools y el yacimiento de Porto Maior

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Recientemente tuve la oportunidad de conocer el yacimiento de Porto Maior, ubicado en el Concello de As Neves (Pontevedra), a unos 40 km de Vigo (noroeste de España). Apareció en 2005 gracias a trabajos de acopio de tierra con pala excavadora. Se ubica en una terraza fluvial junto a un tramo sinuoso del río Miño. La excavación arqueológica se inicia en 2012 aunque, dada la actividad antrópica moderna en el lugar (antigua vía férrea, utilización de los recursos del terreno…), la presencia de vegetación densa y la noticia de expolios, se realizaron importantes trabajos previos de protección y preparación de la excavación.

Imagen: Perfil de Porto Maior, cubierto por vegetación dos años después de la última excavación. Abajo se aprecia una toma de muestra de terreno para datación. Crédito: Roberto Sáez

La secuencia de Porto Maior se compone de cinco niveles estratigráficos (PM1 a PM5), de los que tres tienen evidencias de actividad antrópica:

  • PM5 es un depósito reciente, del Último Máximo Glacial, del que se recuperaron 2614 piezas. Se trata de material de achelense erosionado y redepositado desde niveles más antiguos.
  • PM4 es el nivel más conocido, por haberse encontrado una gran acumulación de Large Cutting Tools (LCTs), es decir, grandes herramientas achelenses de 18,6 cm como promedio (frente a los 8-15 cm del Achelense europeo). Algunas piezas llegan a 27 cm. En total son 290 piezas, de las que 159 no presentan ninguna abrasión fluvial. La densidad de piezas es de 10-13 por m2. El conjunto se compone de bifaces (65%), hendedores (7%) y picos triédricos (10%), siendo el resto fragmentos de bifaces y lascas. Llama la atención la práctica ausencia de lascas, núcleos y restos de talla, y tampoco hay percutores: se trata de una acumulación de piezas acabadas, de las que el 70% son LCTs. Su materia prima es cuarcita.

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Hace 200.000 años los humanos ya usaban camas de hierba (Border Cave, Sudáfrica)

Hace 200.000 años los humanos ya usaban camas de hierba (Border Cave, Sudáfrica)

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Se acaba de publicar el hallazgo de camas o lechos de hierba de más de 200.000 años en el yacimiento de Border Cave (Sudáfrica), que los humanos realizaron para acondicionar zonas de trabajo y espacios utilizados para el descanso. Además, se ha documentado el uso controlado de fuego en una secuencia completa entre 200 y 38 miles de años (ka).

Es un estudio destacado ya que, al igual que sucede con los objetos de madera, es excepcional encontrar evidencias de uso de plantas en la prehistoria, ya que los materiales orgánicos no se suelen conservar. Resumo las principales conclusiones de este trabajo:

  • En el fondo de la cueva se colocaron gavillas de hierba que pertenecen a la subfamilia Panicoideae, a modo de camas y sobre lechos de cenizas. A su vez, en algunos casos los lechos de ceniza eran un remanente de antiguas camas de hierba que fueron quemadas.
  • Los lechos de ceniza bajo las camas son deliberados, para crear una base libre de suciedad, aislar las camas y repeler a insectos. En estudios etnográficos previos se han documentado prácticas culturales para evitar picaduras de insectos mediante estratos de ceniza. La ceniza bloquea el aparato respiratorio y succionador de parásitos como las garrapatas u otros insectos plaga y, en ocasiones, los deshidrata. Los restos del arbusto aromático sudafricano Tarchonanthus se identificaron en la parte superior de una de las camas de hierba de uno de los estratos más antiguos de Border Cave. Esta planta todavía se usa en el Este de África para repeler a los insectos en las zonas rurales.
  • Estas camas se emplearían para el descanso y también para acondicionar espacios cotidianos de trabajo, ya que sobre ellas se han encontrado restos de talla de piedra, remontajes de fragmentos y restos de ocre rojo y naranja (que suele utilizarse para decoración corporal o de objetos).
  • Se han hallado restos de hogares apilados a lo largo de la secuencia (que abarca 200-38 ka). En este lugar se producía fuego a voluntad y de manera habitual, y se usaban las cenizas junto con plantas para acondicionar los campamentos y mantenerlos limpios y libres de insectos o parásitos. Dichas estrategias de acondicionamiento del espacio de habitación habrían tenido beneficios para la salud y, probablemente, mejoraron las condiciones de vida de esas comunidades. Aparte, recordemos que los hogares funcionaban probablemente como zonas de agregación: junto a ellos se duerme, se realizan tareas y se desarrollan interacciones sociales.

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Entrevista a José María Bermúdez de Castro

Entrevista a José María Bermúdez de Castro

Confieso mi satisfacción por el rato agradable, y por momentos divertido, que pasé entrevistando a José María en su casa, en Atapuerca. Quienes me seguís, sabéis que le considero el culpable de haberme enganchado a la evolución humana allá por 2002, recién publicada en Science la especie Homo antecessor (Bermúdez de Castro et al., 1997). Dos décadas después, comenzamos repasando la actualidad de esta especie.

Como reto personal, ¿tienes ansiedad por llegar de nuevo a excavar el nivel TD6 de Gran Dolina, donde aparecieron los restos de Homo antecessor?

Antes sí tenía un poco de ansiedad, sobre que pudiéramos llegar cuanto antes. Así podría dedicar mis últimos años de carrera científica estudiando los fósiles humanos de TD6. Sin embargo, se ha tenido que ir más despacio, sobre todo porque TD10 requirió muchos años para sacar los miles de huesos de bisontes y otros grandes animales cazados por los homininos que aparecieron allí. Así que, visto lo visto, ahora afronto estos años con mucha tranquilidad, más si cabe tras la publicación del estudio proteómico de Homo antecessor. Digamos que no está resuelto todo, pero se queda bastante enfocado en cuanto a la posición y futura investigación de esta especie.

¿Qué ha cambiado el estudio proteómico de Homo antecessor respecto a lo que sabíamos?

En el año 1997 propusimos esta especie como ancestro común de neandertales y de humanos modernos. Desde 2003 se han publicado otros estudios en los que ya no posicionamos esta especie como ancestro común, aunque próximo al mismo. Pero en la mente de muchos se quedó que seguíamos defendiendo la hipótesis inicial de 1997. Si hay un ancestro común de neandertales y de humanos modernos tiene que estar en Europa o en África. Que ese ancestro estuviera localizado en el sitio más occidental de Eurasia no tenía mucho sentido, salvo que fuera una especie muy extendida por el Mediterráneo y durante mucho tiempo. Sin embargo, no se han encontrado evidencias para defender esta hipótesis. Sigue leyendo